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ALOCUCIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II
A UN GRUPO BÍBLICO INTERCONFESIONAL


Lunes 26 de noviembre de 2001

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Amadísimos hermanos en Cristo: 

1. Es para mí motivo de alegría encontrarme con todos vosotros, ilustres responsables de la Alianza bíblica universal, representantes de los editores y exponentes de las Iglesias y comunidades eclesiales italianas, con ocasión del 25° aniversario de la publicación del volumen "Palabra del Señor, el Nuevo Testamento, traducción interconfesional en lenguaje corriente". Agradezco, en particular, al doctor Markku Kotila, presidente del Comité Europa-Oriente Próximo de la Alianza bíblica universal, y a monseñor Alberto Ablondi, presidente de la Federación bíblica católica, las amables palabras que han querido dirigirme en nombre de los presentes.

Como acaban de subrayar, en el arco de cinco lustros esta importante iniciativa bíblica y ecuménica ha alcanzado metas encomiables, que han superado incluso las expectativas de quienes la concibieron e iniciaron hace veinticinco años. La publicación de la traducción interconfesional en el lenguaje corriente se presenta como la iniciativa de mayor importancia ecuménica realizada en Italia. Para gran número de nuestros contemporáneos constituye una valiosa contribución con vistas al conocimiento y la familiaridad con la palabra de Dios.

2. Es sabido que el trabajo del traductor es siempre un arte difícil. Implica un esfuerzo por poner en contacto y crear una comunicación entre historias, culturas y lenguajes a veces muy distantes entre sí en el espacio y en el tiempo. Por tanto, una buena traducción se funda en tres pilares, que deben sostener simultáneamente todo el trabajo. En primer lugar, hace falta un profundo conocimiento de la lengua y del mundo cultural de origen. En segundo lugar, no debe faltar una familiaridad igualmente buena con la lengua y el ambiente cultural de llegada. Y, en tercer lugar, para coronar la obra con éxito, se requiere un adecuado dominio de los contenidos y del significado de cuanto se va traduciendo.

En la traducción interconfesional de la Biblia que realizáis, habéis procurado ser fieles al sentido de los textos originales. Además, habéis querido hacer comprensible el texto a los lectores contemporáneos, utilizando las palabras y las formas de la lengua de todos los días.

La excepcional difusión de la obra demuestra el favor y el gran aprecio conseguidos en los diversos ambientes eclesiales y culturales. Entre otras cosas, me agrada recordar aquí que precisamente esta traducción se utilizó en la XV Jornada mundial de la juventud, celebrada en Roma en agosto del año pasado, así como en otras tantas iniciativas ecuménicas llevadas a cabo durante el jubileo.

3. Esta obra que os encargáis de realizar representa uno de los frutos más hermosos y  significativos de la colaboración entre las Iglesias y las comunidades eclesiales en Italia. Es interesante notar cómo el estudio para una comprensión más adecuada del texto sagrado favorece la superación de divisiones producidas a lo largo de la historia, que se alimentaban precisamente de interpretaciones  divergentes de algunos pasajes bíblicos. Todos  esperamos que esta posibilidad de encuentro y diálogo se profundice cada vez más, con la convicción de que la sagrada Escritura "puede dar la  sabiduría  que  lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús" (2 Tm 3, 15).

Invoco sobre vosotros y sobre vuestro valioso trabajo abundantes bendiciones de Dios, a la vez que deseo para esta traducción interconfesional de la Biblia la mayor difusión. Que la palabra de Dios, cada vez mejor conocida por los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, sea acogida con corazón sincero y traducida en opciones concretas de vida.

 

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