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MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II A LA
UNIÓN DE CONFERENCIAS EUROPEAS DE SUPERIORES MAYORES (UCESM)
Reverendo padre
JESÚS MARÍA LECEA, sch.p.
Presidente de la UCESM
1. Han pasado veinte años desde la creación de la Unión de Conferencias
europeas de superiores mayores. Esta Unión tiene como finalidad promover la
colaboración y la ayuda mutua entre los superiores y las superioras mayores de
los países europeos y estimular la cooperación con las Conferencias
episcopales de Europa, para dar en cada ámbito social el testimonio de vida de
la orden.
Queridos hermanos y hermanas de vida consagrada, con ocasión del vigésimo
aniversario de vuestra Unión deseo enviaros mi cordial felicitación y mi
bendición. A través de vosotros, envío también mi saludo a los miembros de
vuestras comunidades, a los que representáis en toda Europa. Alabo a Dios uno y
trino por todo el bien que realiza a través de la generosidad de vuestra
entrega y el testimonio de vuestra vida consagrada por su Iglesia y la venida de
su Reino. "No ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis
oraciones, (...) para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido
llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a
los santos" (Ef 1, 16. 18).
2. El tema de vuestro encuentro remonta a los orígenes. Plantea la cuestión
del tipo de perspectiva que se abre para los religiosos en Europa al comienzo
del tercer milenio. Por una parte, está la exigencia de comprometeros en los
consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia; por otra, con vuestro
estilo de vida os encontráis en el viejo continente con contemporáneos
vuestros que ya no captan el Evangelio en su profundidad o que aún no logran
hacerlo. El Evangelio y el mundo: vuestra existencia se inserta entre
estos dos polos. ¿Cómo se puede resolver esta tensión?
3. "Dios es amor", escribe el apóstol san Juan (1 Jn 4,
8): amor que llama y amor que envía. De la "fuente del amor",
que es Dios Padre, brotó el envío del Hijo y del Espíritu Santo. El amor
divino llama a lo largo de la historia a hombres y mujeres a unirse de modo
particular a él. Este amor divino envía a los hombres a anunciar el Evangelio.
¡Qué alentador es, a este respecto, dirigir la mirada a los religiosos que han
surgido a lo largo de los siglos en el horizonte de Europa y que aún hoy están
a nuestro alrededor como "una nube de testigos" (Hb 12, 1),
para que Cristo se abra camino en este continente!
4. Ciertamente, para evangelizar de nuevo a Europa no existe ninguna receta
infalible. Es el amor, que precisamente los hombres y las mujeres de vida
consagrada deben a sus contemporáneos. El misterio de cada evangelización
reside en el descubrimiento de que el amor a Dios debe transformarse en servicio
al prójimo. Por eso el testimonio de vida de un amor verdadero y puro es la
mejor carta de recomendación que los religiosos pueden mostrar. A veces la leen
o la ven personas que consideran a Jesucristo como un extraño o que se han
alejado de su Iglesia.
Por tanto, albergo la esperanza de que la vida consagrada no sólo os una más
íntimamente a Dios, sino que también os acerque más a los hombres,
contribuyendo así a la renovación de la Iglesia: "En efecto, la
misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo
entusiasmo y nuevas motivaciones. La fe se fortalece dándola" (Redemptoris
missio, 2). Si dais un testimonio de vida creíble, contribuiréis sin duda
alguna a la renovación y al embellecimiento de la Iglesia como esposa de
Cristo. Al mismo tiempo, experimentaréis con alegría que no sois sólo
administradores de una rica herencia, sino también precursores del futuro que
el Señor quiere preparar para el tercer milenio de la Iglesia y de vuestras
comunidades.
5. No quiero concluir mis reflexiones sin mencionar un problema que os
preocupa a muchos. La falta de vocaciones y el envejecimiento de muchas
comunidades pueden fomentar la tentación de desanimaros o de encerraros entre
cuatro paredes. Ciertamente, no es conveniente cerrar los ojos ante los hechos,
porque la confianza en Dios nos enseña que la realidad verdadera supera en gran
medida las cifras y las estadísticas. Espero que, juntamente con vuestras
comunidades, descubráis cada vez más campos donde se ofrezca y solicite
intercambio y colaboración recíproca. Y cuando os asalten pensamientos
negativos recordad las consoladoras palabras que Jesús
dirigió una vez a sus discípulos dudosos: "No temas, pequeño rebaño,
porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino" (Lc 12,
32).
Por intercesión de la Madre de Dios, ruego a Jesús, cabeza de la Iglesia, que
sostenga todos vuestros buenos propósitos y realice vuestras esperanzas. Que
perfeccione en vuestras familias religiosas la obra de la gracia, que ha
comenzado en la creación de cada uno, para que los institutos de vida
consagrada y las sociedades de vida apostólica sean cada vez más lo que son:
instrumentos al servicio de la nueva evangelización de Europa. Con este deseo,
os imparto de todo corazón la bendición apostólica.
Vaticano 17 de noviembre de 2001
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