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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II A LOS PRESIDENTES DE LAS REGIONES Y DE LAS PROVINCIAS
DE ITALIA
Jueves 29 de noviembre de 2001
Ilustres señores presidentes de las regiones y las
provincias autónomas italianas; amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra daros mi más cordial bienvenida a cada uno de vosotros.
Gracias por vuestra visita. Saludo ante todo al doctor Enzo Ghigo, presidente de
la Conferencia de las regiones, a quien agradezco las amables palabras y los
buenos deseos que acaba de expresarme en nombre de los presentes. Extiendo mi
afectuoso saludo a cada uno de vosotros, a vuestros colaboradores y a las
poblaciones de las diversas zonas de Italia que representáis aquí.
Las regiones italianas están atravesando una fase de importantes cambios y de
grandes expectativas. Con la puesta en práctica del principio de autonomía,
sancionado por la Constitución de la República (cf. art. 5), y la aplicación
del principio de subsidiariedad, se les han atribuido competencias específicas
para el ejercicio de la potestad legislativa y para la administración de las
comunidades locales. De este modo, se les ofrece la oportunidad de delinear, en
conformidad con la Constitución, una forma propia de gobierno así como
principios fundamentales de organización y funcionamiento.
Ciertamente, la elaboración de estatutos confiados totalmente a la determinación
autónoma constituye el reconocimiento de que desempeñan un papel más
relevante en la sociedad italiana. Al mismo tiempo, representa una singular
ocasión para reformar las instituciones públicas, su estructura y sus
relaciones con las comunidades locales que representan.
2. Gentiles señores y señoras, actuando con espíritu de altruismo y de
cooperación leal, procurad que las instituciones ofrezcan a todos los
ciudadanos, sin discriminación alguna, "la posibilidad efectiva de
participar libre y activamente en el establecimiento de los fundamentos jurídicos
de la comunidad política, en el gobierno del Estado, en la determinación de
los campos y límites de las diferentes instituciones" (Gaudium et spes,
75). Estas indicaciones del concilio Vaticano II siguen conservando hoy su
fuerza y su valor. Ojalá que os guíen en vuestra tarea tan amplia y con tantas
responsabilidades.
En efecto, no se os pide que realicéis una simple reorganización de las
instituciones. Es preciso también garantizar que las instituciones sean siempre
capaces de promover la solidaridad entre las personas, buscar el bien común y
acoger la contribución original y autónoma de las formaciones sociales,
reconociéndoles un ámbito específico de acción, según el principio de
subsidiariedad.
Asimismo, quisiera recordar que, respetando las competencias propias de cada
una, se abren espacios de fecunda colaboración también entre las regiones y
las diversas articulaciones de las comunidades eclesiales locales, como por lo
demás está previsto en el artículo 1 del acuerdo, de 1984, de revisión del
Concordato lateranense, sobre la colaboración recíproca entre el Estado y la
Iglesia católica "para la promoción del hombre y el bien del país".
3. Para afrontar los desafíos sociales y económicos que se plantean en el
momento actual, se requiere la generosa aportación de todos. Los
administradores públicos, a los que el pueblo ha confiado funciones de guía y
gobierno, deben referirse constantemente a él, considerando la actividad política
y administrativa como un servicio.
Por tanto, el hombre ha de ocupar siempre el lugar central de todos vuestros
proyectos e intervenciones. Prestad atención particular a la familia, cuyo
papel es fundamental para la construcción de la sociedad. Facilitad la formación
del núcleo familiar, sosteniéndolo con medidas apropiadas en la realización
de sus funciones peculiares. Pienso, entre otras cosas, en las expectativas de
los matrimonios jóvenes, en las dificultades relativas al trabajo y a la
vivienda, que a menudo atrasan durante mucho tiempo el matrimonio y la formación
de la familia, en la educación de los hijos y en la necesaria ayuda mutua entre
los miembros del hogar. Preocupaos por el mundo de la escuela. En este ámbito
concurren competencias estatales y regionales, que también hay que orientar
para garantizar la libertad de las opciones educativas de cada familia.
Y ¿qué decir de la solidaridad con las personas débiles, enfermas o que
atraviesan dificultades? Con acertadas opciones de política social, brindadles
el apoyo necesario para solucionar sus complejos y múltiples problemas. Tratad
constantemente de velar por todo lo que atañe a la vida y a las necesidades del
ser humano: la sanidad y la asistencia social, la instrucción y la
formación profesional, la cultura y los bienes histórico-artísticos, el
trabajo y las actividades productivas, la organización del territorio y la
tutela del medio ambiente.
4. La legítima pluralidad de orientaciones, en las que se manifiesta la
identidad específica y la autonomía de cada región, no se opone a la
necesaria solidaridad y a la cooperación, que no debe faltar, con las diversas
realidades locales. Más aún, cada región o provincia autónoma siempre debe
estar animada por la conciencia y la responsabilidad de pertenecer a una
comunidad nacional única y unitaria. Es verdad que vivimos en una sociedad
globalizada, pero es necesario salvaguardar también los derechos de las
entidades locales, aunque vinculándolas siempre a las exigencias de la
comunidad universal.
Además, la apertura a relaciones directas con regiones de otros países podrá
contribuir al desarrollo de un conocimiento y una colaboración recíprocos y
beneficiosos entre pueblos diferentes por historia y cultura. Esto vale,
especialmente, para las regiones que se reconocen en la pertenencia común al
continente europeo. Se trata de un elemento significativo de integración que
puede facilitar la construcción de la unidad, respetando y valorando las
identidades locales.
Las regiones italianas, fieles a sus raíces y abriéndose a otras realidades,
podrán renovar sus instituciones, manteniendo firme la relación con las
comunidades que representan y contribuyendo a la construcción de una sociedad más
amplia, libre y solidaria.
5. Gentiles señoras y señores, ojalá que vuestro trabajo sea cada vez más
decisivo y fructuoso, atento a las expectativas y a las necesidades diarias de
la gente. Podréis prestar un servicio notable a vuestras comunidades si,
respondiendo a sus legítimas expectativas, mantenéis la mirada abierta a las
necesidades del mundo. Que Dios os proteja y haga fructificar los esfuerzos que
realizáis para servir a cada persona humana, creada a su imagen y semejanza. La
Virgen María, tan venerada por el pueblo italiano, os asista y acompañe
maternalmente.
Os aseguro un recuerdo especial en la oración, y con afecto os imparto la
bendición apostólica a vosotros aquí presentes, a vuestros familiares y
colaboradores, así como a cuantos representáis aquí.
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