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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA ORDEN DE LOS FRAILES SIERVOS DE MARÍA

 

Al reverendísimo padre
HUBERT M. MOONS
Prior general de la Orden de los Frailes
Siervos de María


"¡La gracia del Señor Jesús esté con vosotros! Os amo a todos en Cristo Jesús" (1 Co 16, 23-24). Con estas palabras del apóstol san Pablo lo saludo cordialmente a usted y a toda la Orden de los Frailes Siervos de María con ocasión del capítulo general, que se celebrará en Ariccia del 8 al 30 de octubre. El tema de los trabajos es:  "Con santa María, de la escucha de Dios al servicio de la vida". Ese tema centra vuestra reflexión en la necesidad de hacer que el testimonio del instituto sea cada vez más fiel al carisma de los orígenes y, al mismo tiempo, responda mejor a las expectativas del hombre contemporáneo.

Le dirijo a usted, reverendísimo padre, mi cordial saludo y mi sincera gratitud por el servicio de prior general que ha prestado a la Orden durante doce años. Saludo a los capitulares y, por medio de ellos, a todos los miembros de esta familia religiosa. A cada uno quisiera decir una palabra de aliento, confirmada por la seguridad de un constante recuerdo en la oración.

Sé que la asamblea capitular, sobre la que desde hace tiempo estáis implorando la luz del Espíritu, ha sido preparada con esmero, definiendo bien las prioridades en los temas que conviene afrontar y profundizar. Representa la ocasión propicia para aclarar mejor un aspecto particular de la participación de la Virgen en el misterio de Cristo y de la Iglesia, a fin de inspirarse en él para las opciones y las decisiones operativas de la Orden. Desde su fundación, para los Frailes Siervos de María la Virgen es la estrella que ilumina su camino y el punto seguro de referencia de toda su programación apostólica.

1. Con santa María, en busca de Dios. La búsqueda de Dios es un elemento esencial de la vida consagrada. La Virgen es guía segura en este itinerario. ¡Buscar al Señor! Habéis puesto la reflexión de este tema, centro de vuestra vocación, en el primer lugar de los trabajos capitulares. Sí, buscad a Cristo; buscad su rostro (cf. Sal 27, 8). Buscadlo cada día, desde la aurora (cf. Sal 63, 2), con todo el corazón (cf. Dt 4, 29; Sal 119, 2). Buscadlo con la tenacidad de la sunamita (cf. Ct 3, 1-3), con el asombro del apóstol Andrés (cf. Jn 1, 35-39), con el impulso de María Magdalena (cf. Jn 20, 1-18).

En el ritual para la celebración del capítulo, invocáis a los siete santos fundadores como "buscadores de Dios". En efecto, buscaban el reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6, 33), buscaban asiduamente la sabiduría evangélica. Siguiendo su ejemplo, también vosotros buscad al Señor en la hora de la alegría y en el tiempo de la desolación; imitad a María que, afligida, va a Jerusalén en busca de su Hijo de doce años (cf. Lc 2, 44-49), y más tarde, al comienzo de la vida pública de Jesús, corre solícita a buscarlo (cf. Mc 3, 32), preocupada por algunos rumores que le habían llegado con respecto a él (cf. Mc 3, 20-21).

Sentir la exigencia de buscar a Dios es ya un don que hay que acoger con corazón agradecido. En realidad, es siempre Dios quien sale primero a nuestro encuentro, porque él nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10). Buscar a Dios es consolador, pero también exigente; supone renuncias y opciones radicales. ¿Qué implica esto para vosotros, en la actual situación histórica? Seguramente una acentuación de la dimensión contemplativa, una intensificación de la oración personal y una revalorización del silencio del corazón, sin contraponer jamás la contemplación a la acción, la oración en la celda a las celebraciones litúrgicas, la necesaria "huida del mundo" a la presencia debida junto a los que sufren:  todo esto está en la tradición de vuestra Orden y en vuestras Constituciones (cf. Constituciones O.S.M. [1987], 16a. 31a-b. 116). La experiencia demuestra que sólo una contemplación intensa suscita una ferviente y eficaz acción pastoral.

2. Con santa María, a la escucha de Dios. En íntima relación con la búsqueda de Dios está la escucha de su palabra de salvación. También en este itinerario os sirve de ejemplo y guía María, cuya singular relación con la Palabra subraya la Iglesia. María es la "Virgen de la escucha", dispuesta a cumplir, con actitud humilde y sabia, las palabras que le dirige el ángel. Con su fiat María acoge al Hijo de Dios, Palabra subsistente, que en ella se encarna para la redención del mundo.

Una forma muy oportuna de escucha de la Palabra es la lectio divina, que tanto apreciáis. Hacéis explícita mención de ella en la fórmula misma de la profesión solemne, cuando os comprometéis a vivir "en la escucha de la palabra de Dios" (cf. Ritual de la profesión religiosa de los Frailes Siervos de Santa María, segunda edición típica, 211, Roma, Curia general O.S.M, 1993, pp. 128-148). María escucha y acoge dócilmente la Palabra antes en su corazón que en su seno virginal. Al imitar su fiat (cf. Lc 1, 38), también vosotros pronunciáis vuestro total a Dios que se revela (cf. Rm 16, 26). En las palabras de la sagrada Escritura Dios abre las riquezas de su amor, revela su proyecto salvífico y confía a cada uno una misión específica en su reino.

El amor a la Palabra os llevará a reconsiderar la oración comunitaria, a privilegiar la vida litúrgica y a participar en ella con más fervor. Que vuestra plegaria comunitaria sea tal, que la oración personal prepare y prolongue la celebración litúrgica. Entonces se realizará también en la Orden el deseo del Apóstol:  "La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza" (Col 3, 16).

3. Con santa María, en una vida de servicio. El capítulo general tiene previsto tratar a fondo un segundo tema, también prioritario:  las múltiples formas de vuestro servicio apostólico. En efecto, es parte esencial del carisma de los Frailes Siervos de María servir a la Iglesia y a la humanidad. Al contemplar a la Virgen, siempre con humilde actitud de servicio, haced que cada miembro del instituto viva un estilo de solicitud gozosa hacia los hermanos, de ardor e impulso, de valorización de las relaciones humanas y atención a las necesidades de la persona.

Un estilo que no busca ante todo la eficiencia de las estructuras y los progresos de la tecnología, sino que cuenta con la eficacia de la gracia del Señor (cf. 1 Co 3, 6-7). Siempre atentos a los signos de los tiempos, ponderad con esmero la perspectiva de suspender algunas actividades para responder a nuevas exigencias misioneras en Asia, África y Europa del este. Conservad la fidelidad al espíritu originario de vuestra familia religiosa, nacida para testimoniar "los valores humanos y evangélicos representados por María" (Constituciones O.S.M., 7). Según la inspiración mendicante de la Orden, vivid la dimensión evangélica de la precariedad, la inseguridad y la disponibilidad a ir a donde haya necesidades urgentes (cf. ib., 3).

Entre las numerosas formas de servicio, en el temario del capítulo se menciona el "servicio a la vida". En un mundo en el que a veces parece dominar la cultura de la muerte, sed servidores de la vida, fieles a Dios, que "no es un Dios de muertos, sino de vivos" (Mt 22, 32), y heraldos del evangelio de la esperanza bajo la protección de santa María, "Madre de la vida".

4. Con santa María, al servicio de la animación vocacional. Por último, el capítulo deberá reflexionar sobre la animación vocacional, tema de gran interés y singular urgencia. Las vocaciones son para la Orden y para la Iglesia un don que es preciso implorar ante todo con incesante oración. Que el icono de la Virgen de Pentecostés ilumine vuestra reflexión. En el Cenáculo María está orando; juntamente con los Apóstoles implora la venida del Espíritu, dador de toda vocación. María es Madre de la Iglesia:  en el Cenáculo la Virgen comienza a ejercitar, con respecto a la comunidad de los discípulos, la maternidad que le confió su Hijo moribundo en la cruz.

Las vocaciones se promueven con la oración (cf. Lc 10, 2), pero también con el testimonio coherente y fiel de cuantos están llamados a vivir con radicalismo el seguimiento evangélico. Las nuevas generaciones os contemplan, atraídas no por una vida consagrada "hecha fácil", sino por la propuesta de vivir el Evangelio sin glosa.

El día 7 de octubre de 2001 se celebra el 750° aniversario del "acto de pobreza" de la primera comunidad del Senario. Con ese gesto generoso, los frailes se comprometían a no poseer nada, como su Maestro, que no tenía "dónde reclinar la cabeza" (Lc 9, 58). Que el recuerdo de ese acontecimiento os impulse a un testimonio de pobreza más rigurosa aún, que se traduzca en un tenor de vida sobrio (cf. Constituciones O.S.M., 57) y en una práctica fiel de la comunión de bienes.

Encomiendo los trabajos del capítulo a la maternal solicitud de santa María, Reina de sus Siervos, y, a la vez que os aseguro un recuerdo en la oración, le imparto de corazón a usted, a los capitulares y a toda la familia servita, la bendición apostólica, prenda de la misericordia infinita del Señor.

Vaticano, 29 de septiembre de 2001

 

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