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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS MIEMBROS DE LA "FAMILA INTERNACIONAL KÖLPING"
Jueves 25
de octubre de 2001
Señor cardenal; queridas hermanas y queridos hermanos:
1. Hoy la plaza de San Pedro es de las familias Kölping. De corazón os doy la
bienvenida a este gozoso encuentro.
Agradezco al cardenal Joachim Meisner las amables palabras que me ha dirigido y
con él saludo también al presidente general, el prelado Heinrich Festing, así
como a todos los presidentes que han venido aquí con sus familias Kölping.
Muchos de vosotros estabais aquí hace diez años, cuando elevé al honor de los
altares al fundador de vuestro movimiento y precursor de la doctrina social
católica. Es ciertamente una bendición para vuestra obra poderos dirigir a
partir de entonces a un beato que no es ya sólo un ejemplo para vosotros, sino
además un intercesor.
2. Hoy, vuestra peregrinación de acción de gracias se realiza bajo el signo de
la invitación que Jesús dirigió a Mateo: "Sígueme" (Mt 9, 9).
Adolfo Kölping, apenas ordenado sacerdote escogió este pasaje evangélico con
ocasión de su primera predicación en su ciudad natal de Kerpen. Fue una elección
apropiada, porque lo que san Mateo fue respecto a la aduana, Adolfo Kölping lo
fue respecto a los talleres artesanales. Era un zapatero y respondió a la
llamada del Señor, que no lo dejó jamás. No siguió ejerciendo su oficio, sino
que cambió y se hizo sacerdote. De aprendiz de zapatero pasó a amigo de Jesús.
Descubrió que el seguimiento de Cristo lleva a la libertad auténtica: "No
os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os
he llamado amigos (...). No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he
elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto y que vuestro
fruto permanezca" (Jn 15, 15-16).
3. De hecho, Adolfo Kölping ha producido abundantes frutos espirituales. Grande
es la cosecha de la obra Kölping hoy en todo el mundo. Es una herencia que
compromete. Dios, que nos ha dado la vida, tiene también un plan para cada uno
de nosotros. Él espera que nos transformemos en la fuerza de la buena nueva y
como un árbol bueno produzcamos frutos buenos.
Como hermanas y hermanos de la familia Kölping tenéis esta exigencia particular
que vuestro "padre" Kölping ha establecido: como "sal de la tierra" y "luz
del mundo" (Mt 5, 13-14) debéis extenderos por la sociedad y plasmarla
según los principios de la doctrina social católica. Os doy las gracias por
vuestro empeño, que en el pasado ha producido tanto bien. Para el futuro afirmo:
¡Dios no necesita cristianos a medias, sino católicos auténticos!
4. Queridas hermanas y queridos hermanos: el beato Adolfo Kölping dijo una
vez: "Es importante llevar el cristianismo a la vida social real en el
espíritu y en la práctica". Esta frase de vuestro fundador es hoy más actual que
nunca. Me alegro porque en todo el mundo más de cinco mil familias Kölping la
han acogido como mandato. Por esto os doy las gracias de corazón. Al mismo
tiempo, os animo a no descuidar vuestro testimonio. "Fiel Kölping, fiel a
Kölping". Hago mío este saludo vuestro y os imparto la bendición apostólica a
vosotros y a vuestros seres queridos.
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