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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA ORDEN DE LOS HERMANOS
DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARM
ELO

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Al reverendísimo padre
JOSEPH CHALMERS
Prior general de la Orden de los Hermanos
de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo


1. He sabido con alegría que la plurisecular Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo está celebrando su capítulo general, animada por el deseo de seguir sirviendo a Cristo y a la Iglesia con total fidelidad a su carisma y a las directrices del Magisterio pontificio.

Este propósito cobra singular elocuencia al comienzo del nuevo milenio, en el que la Iglesia se encamina con confianza hacia el futuro teniendo la mirada fija en Cristo -"el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin" (Ap 22, 13)- y esforzándose por cumplir fielmente la misión que él mismo le ha confiado.

Asimismo, no puedo por menos de subrayar el hecho de que el capítulo general tiene lugar durante el año en que se conmemora el 750° aniversario de la entrega del escapulario. Para este especial jubileo quise enviar, el pasado 25 de marzo, un mensaje especial a toda la familia del Carmen.
Además, este año se celebra el VII centenario del nacimiento del gran obispo carmelita san Andrés Corsini, recordado justamente como ejemplo para los pastores y modelo de vida consagrada para todos los religiosos y religiosas.

Al mismo tiempo que me uno espiritualmente a la asamblea capitular para invocar el Espíritu del Señor sobre los trabajos, lo saludo a usted, reverendísimo padre, y le agradezco el servicio que durante este sexenio ha prestado a la Orden del Carmen y a la Iglesia. Saludo, asimismo, a los participantes en el capítulo general, que provienen de diversas naciones y, a través de ellos, extiendo mi afectuoso saludo a toda la orden carmelitana.

2. El tema de la asamblea capitular es:  El viaje continúa. La referencia a la experiencia humana del camino es típica de la espiritualidad carmelitana. Ya desde los primeros ermitaños que se establecieron en el monte Carmelo y que habían ido como peregrinos a la tierra del Señor Jesús, la vida se suele representar como una ascesis hasta llegar a Cristo nuestro Señor, monte de salvación (cf. Misal romano, Oración colecta de la misa en honor de nuestra Señora del Carmen, 16 de julio). Orientan esa peregrinación interior dos iconos bíblicos muy apreciados por la tradición carmelitana:  el del profeta Elías y el de la Virgen María.

El profeta Elías arde en celo por el Señor (cf. 1 R 19, 10); se pone en marcha hacia el monte Horeb y, aunque se siente cansado, sigue caminando hasta alcanzar la meta. Sólo al término de su arduo itinerario encuentra al Señor en el susurro de una brisa suave (cf. 1 R 19, 1-18).
Contemplando su ejemplo, los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo comprenden más profundamente que sólo quien se mantiene entrenado para escuchar a Dios e interpretar los signos de los tiempos es capaz de encontrar al Señor y reconocerlo en los acontecimientos diarios. Dios habla de muchos modos, incluso a través de realidades que a veces pueden parecer insignificantes.

El otro icono es el de la Virgen María, a quien veneráis bajo el título de Hermana y Belleza del Carmelo. La Virgen se pone en camino para ir a visitar a su anciana prima, santa Isabel. En cuanto recibe el anuncio del ángel (cf. Lc 1, 26-38), al saber que Isabel necesita ayuda, parte generosamente, casi corriendo por los senderos del monte (cf. Ct 2, 8; Is 52, 7). Durante el encuentro con su prima, de su alma brota un cántico de alegría:  el Magníficat (cf. Lc 1, 39-56). Cántico de alabanza al Señor y testimonio de humilde disponibilidad a servir a sus hermanos. En el misterio de la Visitación todo cristiano ve el modelo de su vocación. Así debe ser especialmente para vosotros, reunidos en asamblea capitular con la finalidad de imprimir a la Orden un nuevo impulso ascético y misionero. Con el corazón rebosante de alabanza al Señor en la contemplación de su misterio, avanzad con alegría por los caminos de la caridad, abriéndoos a la acogida fraterna, para ser testigos creíbles del amor misericordioso del Verbo de Dios hecho hombre para redimir el mundo.

3. "El viaje continúa". Sí, amadísimos hermanos, vuestro viaje espiritual continúa en el mundo de hoy. Estáis llamados a releer vuestra rica herencia espiritual a la luz de los desafíos actuales, a fin de que "el gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, especialmente de los pobres y de todos los afligidos", sean "también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo" (Gaudium et spes, 1), y, de manera singular, de todo carmelita.

En el año en que conmemoráis el 750° aniversario de la entrega del escapulario, no podéis menos de hacer más fuerte y decidido vuestro compromiso de revestiros de Cristo (cf. Rm 13, 14). Pedid a María, tan solícita y delicada con el Niño Jesús (cf. Lc 2, 7), que os revista a cada uno de la sabiduría y del amor de su Hijo divino. Y, conscientes de la misión que Dios confía a vuestra benemérita Orden, dad al mundo el testimonio de vuestra fidelidad, para que todos conozcan a Cristo y lo acojan como el único Salvador del hombre, ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8).
Con este fin, invoco sobre vosotros la abundancia de la gracia divina. Que el Espíritu Santo, como en un renovado Pentecostés, descienda sobre vosotros y os ilumine para que descubráis la voluntad del Padre celestial misericordioso, de modo que seáis capaces de hablar a los hombres y a las mujeres del mundo mediante las formas más adecuadas y eficaces para ellos (cf. Hch 2, 1-13).

Con estos sentimientos, les imparto de corazón la bendición apostólica a usted, a los frailes capitulares y a toda la familia del Carmen, implorando sobre cada uno la protección materna de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, junto con la intercesión del profeta Elías y de los numerosos santos y santas de la Orden.

Castelgandolfo, 8 de septiembre de 2001

 

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