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VISITA PASTORAL A
KAZAJSTÁN
DISCURSO DEL PAPA JUAN
PABLO II DURANTE LA CEREMONIA DE BIENVENIDA
Aeropuerto
internacional de Astana Sábado 22 de septiembre de 2001
Señor presidente ilustres
miembros del Cuerpo diplomático; distinguidas autoridades; representantes
de las diversas confesiones religiosas; queridos hermanos y hermanas:
1. Doy gracias a Dios, que ha guiado mis pasos hasta la ciudad de Astana,
capital de este noble y vasto país, situado en el corazón del territorio
euroasiático. Beso con afecto esta tierra, que ha dado origen a un Estado
multiétnico, heredero de seculares y múltiples tradiciones espirituales y
culturales, y ahora encaminado hacia nuevas metas sociales y económicas. Desde
hace mucho tiempo sentía el deseo de realizar este encuentro, y es grande mi
alegría al poder abrazar con admiración y afecto a todos los habitantes de
Kazajstán.
Señor presidente de la República, desde que lo recibí en el Vaticano y me
comunicó su invitación a visitar esta tierra, comencé a prepararme
con la oración para este encuentro. Ahora pido al Señor que este sea un día
bendito para todos los queridos habitantes de Kazajstán.
2. Así pues, le agradezco, señor presidente, la invitación que me dirigió
entonces, al igual que el empeño puesto en la preparación de la visita, con
todo lo que implica su compleja organización. Gracias también por las
cordiales palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre del Gobierno y de
todo el pueblo de Kazajstán. Saludo con deferencia a las autoridades civiles
y militares, así como a los miembros del Cuerpo diplomático, a través
de los cuales quisiera enviar un afectuoso recuerdo a los pueblos que cada uno
de ellos representa dignamente.
Saludo a los líderes y a los fieles del islam, que en esta región
cuenta con una larga tradición religiosa. Extiendo mi saludo y mis mejores
deseos a las personas de buena voluntad que tratan de promover los
valores morales y espirituales, capaces de garantizar a todos un futuro de paz.
Dirijo un saludo particular a los hermanos obispos y fieles de la Iglesia
ortodoxa y a los cristianos de las demás Iglesias y comunidades
eclesiales. Me complace renovar la invitación a aunar los esfuerzos, para
que en el tercer milenio los discípulos de Cristo proclamen con una sola voz y
un solo corazón el Evangelio, mensaje de esperanza para la humanidad entera.
Os abrazo con afecto fraterno sobre todo a vosotros, queridos obispos,
sacerdotes, religiosos, religiosas, misioneros, catequistas y fieles que
formáis la comunidad católica que vive en el vasto territorio de Kazajstán.
Conozco vuestra entrega al trabajo y vuestro entusiasmo; y también vuestra
fidelidad a la Sede apostólica. Pido a Dios que sostenga todos vuestros buenos
propósitos.
3. Esta visita tiene lugar diez años después de la proclamación de la
independencia de Kazajstán, lograda tras un largo período oscuro y
doloroso. La fecha del 16 de diciembre de 1991 está grabada de forma indeleble
en los anales de vuestra historia. La libertad recobrada ha suscitado en
vosotros una mayor confianza en el futuro y estoy convencido de que la
experiencia vivida entraña grandes enseñanzas, que os ayudarán a buscar
valientemente nuevas perspectivas de paz y de progreso. Kazajstán quiere crecer
en la fraternidad, en el diálogo y en la comprensión, premisas indispensables
para "construir puentes" de cooperación solidaria con otros pueblos,
naciones y culturas.
Desde esta perspectiva, Kazajstán, con valiente iniciativa, decidió ya en el año
1991 la clausura del polígono nuclear de Semipalatinsk y sucesivamente
proclamó la renuncia unilateral al armamento nuclear y la adhesión al
Acuerdo para la prohibición total de los experimentos atómicos. Esa decisión
se basó en la convicción de que las cuestiones controvertidas no deben
resolverse con el recurso a las armas, sino con los medios pacíficos de la
negociación y el diálogo. No puedo por menos de alentar esta línea de
actuación, que responde muy bien a las exigencias fundamentales de la
solidaridad y de la paz, a las que aspiran cada vez con mayor conciencia todos
los seres humanos.
4. En vuestro país, uno de los más extensos del mundo, conviven
actualmente ciudadanos pertenecientes a más de cien nacionalidades y etnias, a
las que la Constitución de la República garantiza los mismos derechos y las
mismas libertades. El espíritu de apertura y colaboración forma parte de
vuestra tradición, porque desde siempre Kazajstán es tierra de encuentro y
convivencia entre tradiciones y culturas diferentes. Eso ha dado origen a
significativas formas culturales, expresadas en originales realizaciones artísticas,
así como en una floreciente tradición literaria.
Contemplo con admiración ciudades como Balasagun, Merke, Kulan, Taraz, Otrar,
Turkestán y otras, antiguamente importantes centros de cultura y comercio. En
ellas vivieron ilustres personalidades de la ciencia, del arte y de la historia,
desde Abu Nasr al-Farabi, que llevó a Europa a redescubrir a Aristóteles,
hasta el conocido pensador y poeta Abai Kunanbai. Este, que se formó en la
escuela de los monjes ortodoxos, conoció también el mundo occidental y apreció
su patrimonio de pensamiento. Sin embargo, solía repetir: "Occidente
se ha convertido en mi Oriente", poniendo de relieve que el contacto con
otros movimientos culturales había despertado en él el amor a su propia
cultura.
5. Queridos habitantes de Kazajstán, aprovechando las experiencias de
vuestro pasado, antiguo y reciente, y especialmente los tristes acontecimientos
del siglo XX, poned siempre como fundamento de vuestro compromiso civil la defensa
de la libertad, derecho inalienable y aspiración profunda de toda persona.
Especialmente reconoced el derecho a la libertad religiosa, por la que se
manifiestan las convicciones conservadas en el sagrario más íntimo de la
persona. Cuando dentro de una comunidad civil los ciudadanos saben aceptarse en
sus respectivas convicciones religiosas, es más fácil que se consolide entre
ellos el reconocimiento efectivo de los demás derechos humanos y un
entendimiento sobre los valores de fondo de una convivencia pacífica y
constructiva. En efecto, nos sentimos unidos por la convicción de que somos
hermanos, por ser hijos del único Dios, creador del universo.
Pido a Dios todopoderoso que bendiga y estimule vuestros pasos por este camino.
Que os ayude a crecer en la libertad, la concordia y la paz. Estas son las
condiciones indispensables para que se instaure el clima adecuado para un
desarrollo humano integral, atento a las exigencias de cada uno, especialmente a
las de los pobres y los que sufren.
6. Pueblo de Kazajstán, te espera una misión ardua: construir un
país en verdadero progreso, con solidaridad y paz. ¡Kazajstán, tierra de
mártires y creyentes, tierra de deportados y héroes, tierra de pensadores y
artistas, no tengas miedo! Aunque siguen siendo profundos y múltiples los
signos de las llagas infligidas a tu cuerpo, y aunque sean numerosos los obstáculos
y las dificultades que se interpongan en la labor de reconstrucción material y
espiritual, te deben servir de bálsamo y acicate las palabras del gran Abai
Kunanbai: "La humanidad tiene como principio el amor y la justicia,
que son el coronamiento de la obra del Altísimo" (Dichos, cap. 45).
¡El amor y la justicia! ¡El Altísimo, que guía los pasos de los hombres,
haga que brillen sobre tus pasos estas estrellas, vasta tierra de Kazajstán!
Estos son los sentimientos que embargan mi corazón al iniciar mi visita a
Astana. Al contemplar los colores de vuestra bandera, queridos habitantes de
Kazajstán, pido para vosotros al Altísimo los dones que simbolizan: la estabilidad
y la apertura, cuyo símbolo es el color azul; la prosperidad y la paz,
simbolizadas por el color oro.
Que Dios te bendiga a ti, Kazajstán, y a todos tus habitantes, y te conceda un
futuro de concordia y de paz.
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