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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LOS RECTORES DE UNIVERSIDADES Y CENTROS DE INVESTIGACIÓN FRANCISCANOS
Amadísimos hermanos:
1. Con alegría os dirijo mi saludo con ocasión del primer congreso
internacional de rectores de universidades y directores de centros de
investigación franciscanos, organizado por la Secretaría general para la
formación y los estudios de vuestra familia religiosa. Saludo, en primer lugar,
a fray Giacomo Bini, ministro general de la Orden, y a los responsables de las
diversas instituciones académicas presentes. Extiendo mi afectuoso saludo también
a toda la Orden de Frailes Menores.
Al encontrarme con vosotros, me viene a la memoria la fe sencilla y profunda de
san Francisco, que lo impulsó a prometer "obediencia y acatamiento al señor
Papa Honorio y a sus Sucesores canónicamente elegidos y a la Iglesia
romana" (san Francisco, Regla bulada I, 3), lo mismo que a los
"sacerdotes pobres de este mundo, en las parroquias donde viven" (san
Francisco, Testamento, 9).
Cuando el mismo Altísimo le reveló que debía vivir según el modelo del santo
Evangelio (cf. ib., 17), sintió la necesidad de visitar al Sucesor de
Pedro, para que lo confirmara en su decisión. También vosotros, que queréis
profundizar y actualizar vuestro patrimonio cultural, filosófico y teológico,
deseáis recibir hoy una palabra de aliento de aquel a quien la divina
Providencia ha puesto al frente de la Iglesia de Cristo.
De buen grado reafirmo cuanto dije con ocasión del capítulo general de vuestra
Orden en 1991, atrayendo de modo especial vuestra atención hacia la formación
intelectual, en la que es preciso ver una exigencia fundamental de la
evangelización. La antigua máxima "fides quaerens intellectum,
intellectus quaerens fidem" es siempre actual. Una fe auténtica busca
la inteligencia de los misterios, así como un sano ejercicio de la inteligencia
aprovecha ampliamente la luz de la fe. En efecto, sólo una fe inteligente,
consciente de sí misma y de sus razones, puede fundar adecuadamente la opción
de vivir según el Evangelio. Solamente un estudio iluminado por la fe, deseoso
de conocer cada vez más a fondo a Dios, puede llevar al encuentro con Cristo,
dar solidez a la vocación y preparar para la misión. Por tanto, el estudio,
como afirma la Ratio studiorum, es "fundamental en la vida y en la
formación, tanto permanente como inicial, de todo fraile menor" (n. 3).
2. Ya desde los primeros tiempos de vuestra historia, la fe que busca
amorosamente la inteligencia de los misterios divinos ha ocupado la mente y la
vida de eminentes teólogos, como san Buenaventura y el beato Juan Duns Scoto,
mientras que grandes predicadores populares, como san Antonio de Padua y san
Bernardino de Siena, se alimentaron constantemente de las fuentes de la teología,
ciencia eclesial por excelencia.
Por lo demás, el mismo san Francisco, aunque por humildad aceptó que lo
calificaran como "simple e idiota" (cf. Sobre la verdadera y
perfecta alegría), en sus Alabanzas de las virtudes se expresa así:
"Oh reina sabiduría, el Señor te salve con tu hermana, la pura y santa
sencillez" (n. 1). Y, a petición de fray Antonio de Padua, no duda en
responder: "Me agrada que enseñes la sagrada teología a los
frailes, con tal de que en esta ocupación no extingas el espíritu de la santa
oración y devoción, como está escrito en la
Regla" (Carta a fray Antonio, 2).
La "pura y santa sencillez", amada y cantada por san Francisco, no
pertenece a quien rechaza o se desinteresa de la "verdadera Sabiduría del
Padre", que es el Verbo encarnado (cf. san Francisco, Carta a todos los
fieles, X), sino a quien investiga con corazón orante los senderos de la
sabiduría revelada y se esfuerza por traducirla en la vida, rechazando la
sabiduría del mundo, que "quiere y procura hablar mucho, pero hace
poco" (san Francisco, Regla no bulada XVII, 11-12).
3. El estudio de la teología y de las otras disciplinas, como afirma
vuestra reciente Ratio studiorum, constituye "el itinerario y camino
para ser iluminados por Dios en la mente y el corazón, y poder ser así
testigos, heraldos y servidores de la Verdad y del Bien" (n. 13).
La reciente erección en Facultad de ciencias bíblicas y de arqueología de
vuestro Estudio bíblico de Jerusalén, ¿no representa una significativa
invitación a renovar con san Francisco el compromiso de observar y después
comunicar a todos "las fragantes palabras del Señor Jesucristo", que
son "espíritu y vida"? (san Francisco, Carta a todos los fieles,
XI).
Como lema epigráfico de vuestro congreso habéis elegido: Francisco,
ve y repara mi casa. Sólo de la escucha de la Palabra convertida realmente
en vida brotan la alabanza agradecida a Dios y el testimonio evangélico
concreto, a los cuales los creyentes deben tender diariamente. En el gran depósito
de la teología y de la sabiduría franciscana también se pueden hallar
respuestas adecuadas a los dramáticos interrogantes de la humanidad, en este
inicio del tercer milenio cristiano.
Francisco alaba una creación divina y fraterna, donde todas las criaturas
hermanas "cantan la gloria de Dios" y se sirven recíprocamente,
siguiendo un designio que el hombre está llamado a descubrir, respetar y
promover, venciendo la tentación antigua de "ser como Dios". También
proclama el valor de la pobreza en un mundo donde el pecado de la codicia humana
sigue excluyendo a los pobres de la mesa preparada por "nuestra hermana
madre tierra" para todos los hijos de Dios. Recuerda que el Verbo del
Padre "quiso elegir, juntamente con la Madre santísima, la pobreza" (Carta
a todos los fieles, I), y, viviendo pobremente de la ayuda de los demás,
nos ha enseñado que "la limosna es la herencia y el justo derecho debido a
los pobres; nos lo adquirió nuestro Señor Jesucristo" (Regla no bulada,
IX, 10). Los pobres tienen derecho a participar en la mesa que "el gran
Limosnero" quiere que se abra "a todos, dignos e indignos" (cf.
Celano, Vida segunda, 77).
4. Queridos Frailes Menores, ojalá que este importante congreso sea para
vosotros una ocasión propicia para recordar el pasado y mirar con clarividencia
al futuro. Sacad del gran patrimonio espiritual de la "escuela
franciscana" líneas operativas concretas sobre la formación intelectual y
la promoción de los estudios en la Orden, a fin de responder a las exigencias
de vuestra vocación en nuestro tiempo. Vuestras universidades y centros de
investigación tienen la misión de realizar un encuentro fecundo entre el
Evangelio y las diversas expresiones culturales de nuestro tiempo, para
dirigirse al hombre de hoy, sediento de respuestas arraigadas en los valores
evangélicos. Siguiendo el ejemplo de san Francisco y la gran tradición
cultural de la Orden franciscana, preocupaos por poner el Evangelio en el corazón
de la cultura y de la historia contemporánea.
Que en este itinerario, a la vez cultural y espiritual, os sostenga "María,
Señora santa, Reina santísima, Madre de Dios" (san Francisco, Saludo a
la Virgen, 1), y os asistan los santos y las santas de la familia
franciscana. Os acompaño con la oración, al mismo tiempo que os imparto a
vosotros y a todos los que son objeto de vuestra solicitud pastoral, una
especial bendición apostólica.
Castelgandolfo, 19 de septiembre de 2001
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