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VISITA PASTORAL A KAZAJSTÁN
VISITA AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE KAZAJSTÁN
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Palacio Presidencial
Astana, domingo 23 de septiembre de 2001
Agradezco al señor presidente sus palabras. De nuevo quiero
dar gracias a la Providencia por haberme permitido venir y estar aquí. En los
últimos días, algunos creían que no iba a ser posible a causa de los trágicos
acontecimientos que se produjeron en Estados Unidos. Pero, gracias a Dios, ha
sido posible.
Es la primera vez que me hallo en este punto del globo, en Asia central. Para mí
la primera fuente de información sobre Kazajstán fue el p. Bukowinski, muy
conocido aquí. Durante la segunda guerra mundial, fue deportado aquí como
sacerdote de Polonia en la Unión Soviética y aquí pasó toda su vida. Aquí
murió y aquí está enterrado, en Karaganda. Desde entonces comencé a conocer
algunas cosas de Kazajstán. Pero ahora es la primera vez que puedo verlo con
mis propios ojos. ¡Lástima que no pueda visitar Karaganda y la tumba del p.
Bukowinski!
Veo que Astana es una ciudad moderna. Todos estos encuentros, todas estas
experiencias vividas, me impulsan a rezar aún más por vuestro país, por
vuestro pueblo y por usted, señor presidente. Me alegra que mi visita coincida
con el décimo aniversario de vuestra independencia, porque estoy convencido -y
lo está también la Iglesia- de que toda nación tiene derecho a ser soberana.
Esta soberanía nacional es también expresión plena de lo que una nación es
como sujeto político. Deseo a todos y sobre todo a usted, señor presidente,
que esta soberanía sea duradera, fructuosa, y cada vez más plena, abarcando
todos los ámbitos de la vida nacional: economía, política y cultura.
Esto es muy importante.
Espero que los católicos presentes en Kazajstán contribuyan al bien común del
país. Son un grupo pequeño, una minoría, pero aun así pueden y podrán
contribuir, en la medida de sus posibilidades, al bien común de Kazajstán.
Después de las palabras del presidente, Juan Pablo II, deseando la bendición
de Dios para Kazajstán, añadió en italiano:
Esto se lo deseo a usted, señor presidente, y a todo su pueblo: ¡Que
Dios bendiga a todos!
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n. 39 p.13 (p.501).
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Editrice Vaticana
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