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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CAPÍTULO GENERAL DE LOS SALESIANOS


Viernes 12 de abril de 2002

 

Amadísimos hermanos: 

1. Me alegra acogeros con ocasión del XXV capítulo general de vuestra congregación. A través de vosotros quisiera enviar mi cordial saludo a todos los salesianos que trabajan en diversas partes del mundo.

Saludo con afecto al nuevo rector mayor, don Pascual Chávez Villanueva, y al consejo general que colaborará con él durante los próximos años. Les deseo que guíen a vuestra familia religiosa con entusiasmo y con docilidad a la acción del Espíritu Santo, manteniendo vivo el carisma siempre actual de vuestro santo fundador.

No puedo por menos de recordar al anterior rector mayor, don Juan Vecchi, que falleció recientemente, al término de una enfermedad aceptada con resignación y abandono a la voluntad del Señor. Que su testimonio estimule a cada salesiano a hacer de su vida una ofrenda total de amor a Dios y a los hermanos.

2. En este tiempo pascual, la Iglesia, después de los días de la pasión y la crucifixión del Hijo de Dios, invita a los creyentes a contemplar el rostro resplandeciente del divino Maestro resucitado. En efecto, como recordé en la carta apostólica Novo millennio ineunte, "nuestro testimonio sería enormemente deficiente si no fuésemos nosotros los primeros contempladores de su rostro" (n. 16). Únicamente en Cristo podemos encontrar respuesta a las expectativas más íntimas de nuestro corazón. Esto supone que toda energía se oriente hacia Jesús, al que hay que "conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia" (ib., 29).

Queridos salesianos, si sois siempre fieles a este compromiso, si os esforzáis por trabajar constantemente con amor evangélico, podréis cumplir a fondo vuestra misión con alegría y eficacia. Sed santos. Como sabéis muy bien, la santidad es  vuestra tarea esencial, como lo es, por lo demás, de todos los cristianos.

La familia salesiana se dispone a vivir la alegría de la inminente beatificación de tres de sus hijos: el sacerdote Luis Variara, el coadjutor Artémides Zatti y la religiosa María Romero Meneses. La santidad constituye la mejor garantía para una evangelización eficaz, porque en ella radica el testimonio más importante que es preciso dar a los jóvenes destinatarios de vuestras diversas actividades.

3. La Virgen María, a la que veneráis con el título de María Auxiliadora, guíe vuestros pasos y os proteja por doquier. San Juan Bosco, juntamente con los numerosos santos y beatos que constituyen la multitud celestial de vuestros protectores, os acompañe en la ardua tarea de aplicar las directrices sugeridas durante los trabajos capitulares para el bien de todo el instituto.

Con este deseo os bendigo, amadísimos hermanos, asegurándoos mi oración por cada uno de vosotros y por cuantos encontráis en vuestro ministerio apostólico y misionero diario.

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