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ALOCUCIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II A
LOS MIEMBROS DE LAS SOCIEDADES BÍBLICAS
Lunes 22 de abril de
2002
Queridos amigos en Cristo:
En la paz de la Pascua, me alegra daros la bienvenida a vosotros que "habéis
sido reengendrados... por medio de la palabra de Dios viva y permanente" (1 P 1,
23). Las Sociedades bíblicas tienen como finalidad ofrecer las inagotables
riquezas de la sagrada Escritura a todos los que quieran escuchar. Es un noble
servicio cristiano, por el que doy gracias a Dios.
Durante muchos años vuestras Sociedades se han dedicado a la traducción y
distribución del texto de la Escritura, una parte esencial del anuncio de
Cristo al mundo, pues no se trata sólo de pronunciar palabras: ¡es la
Palabra de Dios mismo! Es Jesucristo, prometido en el Antiguo Testamento y
proclamado en el Nuevo, a quien debemos presentar al mundo, que tiene hambre de
él, a menudo sin saberlo. San Jerónimo declaró que "desconocer la
Escritura es desconocer a Cristo" (Comentario a Isaías, Prólogo).
Por tanto, vuestra obra es, sobre todo, un servicio a Cristo.
La urgencia de esta labor requiere que nos comprometamos en la causa de la
unidad de los cristianos, porque la división entre los discípulos de Cristo ha
perjudicado ciertamente nuestra misión. Por eso, vuestro encuentro reúne a
miembros de diferentes Iglesias y comunidades eclesiales, unidas por el amor a
la Biblia y por el deseo de que "la escucha de la Palabra se convierta en
un encuentro vital, (...) que permita encontrar en el texto bíblico la palabra
viva que interpela, orienta y modela la existencia" (Novo millennio
ineunte, 39).
Cualesquiera que sean las diferencias que persisten entre nosotros, la promoción
de la Biblia es un aspecto en el que los cristianos pueden colaborar
estrechamente para la gloria de Dios y el bien de la familia humana.
El gran jubileo del año 2000 fue una espléndida ocasión para que todos los
cristianos se alegraran celebrando la encarnación de Jesucristo, no sólo como
un acontecimiento pasado, sino también como un misterio permanente. Espero
vivamente que este impulso siga suscitando en los cristianos un amor y un
conocimiento aún más profundos de la Sagrada Biblia, estimulando la labor de
las Sociedades bíblicas. A la vez que oro a fin de que Cristo mismo "toque
vuestros oídos para recibir su palabra y vuestra boca para proclamar su fe,
para alabanza y gloria de Dios Padre" (Rito del bautismo), invoco de
buen grado sobre vosotros las abundantes bendiciones de Dios todopoderoso, cuya
palabra permanece para siempre.
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