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MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A LA FEDERACIÓN DE UNIVERSITARIOS
CATÓLICOS ITALIANOS

 

Amadísimos jóvenes de la FUCI: 

1. Me ha alegrado saber que vuestra Federación se dispone a celebrar su asamblea nacional, dedicada a un tema muy interesante y actual para la Iglesia y la sociedad:  Solidaridad en la red de las interdependencias. Al dirigir a los participantes y a todos los socios mi afectuoso saludo, quiero aseguraros mi cercanía espiritual y desearos pleno éxito en esta cita tan importante para la vida de vuestra asociación.

Me complace acompañar los trabajos que realizáis durante estos días con algunas reflexiones, que me interesan particularmente, y que quisiera confiar a vuestra mente y a vuestro corazón vigilantes y generosos.

Sois jóvenes católicos universitarios. Vosotros, alumnos y alumnas, personas sensibles y valientes, habéis descubierto la belleza de una vida iluminada por la fe en el Señor Jesús y vivida en comunión plena con la Iglesia. ¡No os avergoncéis jamás del Evangelio! No os dejéis vencer por el miedo de profesar con santo orgullo la alegría de vuestra pertenencia a la comunidad eclesial. No confundáis el diálogo con una acogida acrítica de las opiniones dominantes; siguiendo la exhortación del apóstol san Pablo, "examinadlo todo y quedaos con lo bueno" (1 Ts 5, 21).

En este servicio a la verdad, no debe faltar la ayuda valiosa de una formación sólida y esmerada, alimentada constantemente por la meditación de la palabra de Dios, apoyada y sostenida por los que os acompañan en el camino de fe y verificada puntualmente conforme a criterios adecuados para discernir la auténtica identidad eclesial de una asociación como la vuestra, que desea estar en plena y constante sintonía con los pastores de la Iglesia.

2. El ámbito específico de la vida y la actividad de la FUCI es la universidad. Por tanto, tenéis la misión de ser "levadura, sal y luz" del Evangelio en los ambientes de la investigación científica y de la cualificación profesional. Para hacerlo, es preciso ante todo cultivar una intensa vida espiritual, alimentada por la escucha de la palabra de Dios, por la oración asidua y por la participación en la liturgia de la Iglesia. Además del empeño en el estudio y las actividades de la asociación, no debe faltar jamás la conciencia de ser, sobre todo, contemplativos del misterio de Dios.

Que vuestro nítido y gozoso testimonio cristiano, vivido en comunión cordial con cuantos comparten el ideal evangélico también en otras asociaciones eclesiales, ayude a todos a encontrarse con la persona de Jesús. Sólo él puede dar sentido a la vida y ofrecer salvación plena y segura al corazón sediento de libertad y de verdadera felicidad. Los auténticos valores humanos únicamente pueden lograr su realización integral en una cultura inspirada cristianamente.

En cuanto al lenguaje con el que conviene anunciar la buena nueva del Señor Jesús, debe inspirarse en la sinceridad auténtica y dócil de los verdaderos testigos de la fe. Así, podrá evitar tanto los tonos de la polémica amarga como los riesgos de una especie de "complejo de inferioridad" que, por desgracia, se infiltra a veces en la conciencia de algunos católicos. Por tanto, os exhorto a hacer vuestro, con adhesión convencida y ferviente, el "proyecto cultural" de la Iglesia en Italia, dando generosamente la valiosa contribución de una mediación inteligente, fiel y creativa.

3. Sé que, con ocasión de esta asamblea nacional, os proponéis reflexionar en un tema particularmente urgente y delicado:  la progresiva intensificación de las relaciones entre los pueblos, fenómeno que hoy se suele llamar "globalización". A este respecto, deseo recordar aquí algunos principios fundamentales, que pueden ayudar a orientar este fenómeno en la justa dirección.
La creciente interdependencia entre los pueblos, a la vez que requiere el rechazo del terrorismo y de la violencia como camino para restablecer las condiciones esenciales de justicia y de libertad, exige sobre todo una fuerte solidaridad moral, cultural y económica, así como una organización política de la sociedad internacional que garantice los derechos de todos los pueblos.

La solución al problema del subdesarrollo y a las situaciones dramáticas en que viven y mueren millones de personas es fundamentalmente de índole ética, y a ella deben corresponder opciones económicas y políticas coherentes. La contribución primera y decisiva para un desarrollo verdaderamente digno del hombre ha de ser el apoyo a programas de educación cultural. Como reafirmé en la encíclica Redemptoris missio, el auténtico progreso de la sociedad deriva principalmente "de la formación de las conciencias, de la madurez de la mentalidad y de las costumbres. Es el hombre el protagonista del desarrollo, no el dinero ni la técnica" (n. 58).
Ciertamente, hay que promover también la reforma del comercio internacional y del sistema financiero mundial, pero cada uno está llamado a asumir compromisos precisos según sus propias posibilidades, modificando, si fuera necesario, su estilo de vida, para que se llegue a un desarrollo justo y solidario, cuyos beneficios se pongan a disposición de todos.

En efecto, como subrayé en otra ocasión, cooperar al desarrollo de los pueblos "es un imperativo para todos y cada uno de los hombres y mujeres, para las sociedades y las naciones" (Sollicitudo rei socialis, 32).

4. Amadísimos jóvenes, proseguid en vuestro compromiso eclesial, cultural y asociativo, imitando el ejemplo de vida y testimonio cristiano de tantos miembros de la FUCI que os han precedido en el signo de la fe y en la adhesión generosa a los valores y a los ideales de la Federación.
Os encomiendo a vosotros y los trabajos de esta asamblea a la protección materna de la Virgen María, Sede de la sabiduría, y, asegurándoos mi cercanía con la oración y con el afecto, os bendigo de corazón a vosotros, así como a vuestros consiliarios, familiares y amigos.

Vaticano, 26 de abril de 2002

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