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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II EN
EL 90° ANIVERSARIO DE FUNDACIÓN DEL SEMINARIO CAMPANO
Al reverendo padre
VITTORIO LIBERTI
Superior de la provincia de Italia
de la Compañía de Jesús
He sabido con profunda satisfacción que la provincia de Italia de la Compañía
de Jesús se dispone a conmemorar el 90° aniversario de la fundación del Pontificio
Seminario campano interregional de Nápoles-Posillipo. Para esta feliz
circunstancia me complace enviarle a usted, a la comunidad de formadores y
profesores, a los alumnos y a cuantos participen en las celebraciones jubilares
mi cordial saludo y mis mejores deseos.
A comienzos del siglo pasado, en un marco de grandes fermentos eclesiales y
culturales, los obispos de Campania decidieron erigir ese seminario como
respuesta al ardiente deseo de mi venerado predecesor san Pío X de proporcionar
al Instituto de estudios teológicos, promovido por él, una sede idónea. El
Pontífice mismo confió la nueva obra a los padres de la Compañía de Jesús,
para que los seminaristas se formaran en la espiritualidad propia del presbítero
diocesano a la luz de la pedagogía ignaciana. En particular, indicó una tarea
precisa al nuevo seminario: "El fin altísimo de llevar a los
sacerdotes a tal grado de piedad y doctrina, que los haga ejemplares en el
ejercicio de su ministerio" (Carta del 4 de marzo de 1910).
Noventa años después, pueden apreciarse los frutos producidos por una
institución tan providencial para las comunidades diocesanas de Campania, pues
ha desempeñado un papel significativo en la evangelización de la región,
cultivando e incrementado sus tradiciones religiosas y culturales.
Deseo manifestar mi profunda gratitud a esa provincia de la Compañía de Jesús
por el esfuerzo que ha realizado en los decenios pasados para formar a los
futuros pastores del pueblo de Dios. Se trata de un valioso servicio prestado a
la Iglesia, siguiendo una larga y apreciada tradición.
En esta feliz circunstancia expreso el deseo de una generosa renovación
espiritual de toda la comunidad del seminario. "¡Rema mar adentro!":
que este sea el compromiso de todos, y dé nuevo impulso a las iniciativas de
formación del seminario mismo, en sintonía con las expectativas de la Iglesia
universal, proyectada en el tercer milenio. Que crezca en cada uno la adhesión
a Cristo, fuente de renovada vitalidad apostólica, para estar a la altura de
las expectativas del pueblo de Dios en nuestro tiempo. Hoy, como en el pasado,
el sacerdote, para poder realizar su vocación, debe cultivar ante todo una íntima
y constante familiaridad con el Maestro divino. Sólo así su ministerio podrá
estar animado por un celo ardiente por el Evangelio y por la salvación del
mundo.
La Virgen María extienda su protección materna sobre el Seminario campano
interregional, asista a la provincia italiana de la Compañía de Jesús y la
ayude a caminar manteniéndose siempre fiel al carisma ignaciano.
A los superiores y alumnos les aseguro un especial recuerdo en la oración, y a
todos imparto de corazón una afectuosa bendición apostólica, extendiéndola
de buen grado a cuantos comparten la alegría de esta feliz celebración
jubilar.
Vaticano, 8 de marzo de 2002
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