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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
UNA PEREGRINACIÓN DE LA CIUDAD DE VARESE (ITALIA)
Sábado 31
de agosto de 2002
1. Os acojo con alegría y afecto, queridos amigos de
Varese, que conmemoráis el centenario del Oratorio juvenil San Víctor y de
la Asociación deportiva "Robur et Fides". Saludo a monseñor
Marco Ferrari, a quien agradezco sus amables palabras, y con él a monseñor
Pasquale Macchi y a monseñor Giovanni Giudici. Saludo también a vuestro
arcipreste y a los demás sacerdotes, al igual que al alcalde de la ciudad y a
las autoridades civiles, que con su presencia testimonian cuán importante es el
Oratorio para la comunidad de Varese.
En particular, me alegra acoger a las nuevas generaciones: los muchachos y
los jóvenes. Bienvenidos, queridos hermanos, y gracias también a los coros
por los hermosos cantos.
2. Es digno de elogio que se haya organizado una peregrinación tan
significativa con ocasión del centenario de un oratorio juvenil. Esto no sólo
habla de cuán vinculada está vuestra comunidad a esa institución, sino también
y más aún de cuán alta es la consideración en que la tenéis. Me alegro con
vosotros, porque lleváis adelante un proyecto educativo que tiene en el
oratorio el centro motor, el "laboratorio" de una fe que quiere
compaginarse con todos los aspectos del modo de vivir y de sentir de los jóvenes:
una fe llena de vida para una vida llena de fe.
La pastoral juvenil, junto con la familiar, constituye una
prioridad de la Iglesia en Italia. Precisamente el oratorio es el lugar en el
que convergen de modo natural estas dos atenciones pastorales:
lugar de educación y de co-educación, que secunda de manera muy oportuna la
obra educativa de los padres. En efecto, los muchachos necesitan un ambiente
donde refuercen, con otras figuras y otras dinámicas, los valores recibidos en
la familia. A esta finalidad contribuye eficazmente también la actividad
deportiva. En efecto, si está bien programada, ayuda a los jóvenes a ser
generosos y solidarios. Ojalá que vuestra Robur et
Fides se distinga siempre por su generosa apertura
a la solidaridad.
3. El oratorio es también escuela de servicio, donde se aprende a
trabajar desinteresadamente para la comunidad, para los pequeños y los pobres.
Y precisamente el servicio, animado por la oración, es el camino privilegiado
para el nacimiento y el crecimiento de auténticas vocaciones al
sacerdocio y a la vida consagrada y misionera, así como de sólidas vocaciones
laicas, conyugales y no, basadas en la entrega de sí al servicio de los demás.
Conservad siempre vivo este espíritu en vuestro oratorio y en vuestra sociedad
deportiva. Caminad siempre unidos, para ser "sal de la tierra y luz del
mundo" (Mt 5, 13-14).
Os encomiendo a la Virgen santísima y de corazón os bendigo a todos vosotros,
así como a vuestros seres queridos y vuestras actividades.
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