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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LA LIGA ITALIANA PARA LA LUCHA CONTRA LOS TUMORES
Lunes 25
de febrero de 2002
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra acogeros con ocasión del 80° aniversario de la fundación de
vuestra benemérita asociación. Dirijo un cordial saludo al presidente
nacional, profesor Francesco Schittulli, al que agradezco las amables palabras
que me ha dirigido en nombre de todos. Extiendo mi saludo al consejo directivo,
así como a vosotros, aquí presentes en representación de las secciones
provinciales de la Liga italiana para la lucha contra los tumores.
Durante estos decenios de fecunda e intensa actividad, vuestra asociación se ha
distinguido por la puesta en marcha de iniciativas especiales en los sectores de
la información, la educación sanitaria, la prevención, la asistencia y la
investigación. También gracias a vuestra generosa contribución, no pocas
personas enfermas de tumor pueden mirar con esperanza al futuro. El espíritu
que os anima se inserta ciertamente en el gran proceso de humanización que
podemos definir camino de la "civilización del amor" (cf. Salvifici
doloris, 30).
2. Frente a los tumores que amenazan la salud del hombre, se siente a veces
la tentación de asumir una actitud de desaliento y fatalismo, actitud que
deprime al enfermo y hace más difícil la curación misma. Por tanto, vuestra
asociación se esfuerza oportunamente para que se vea sin dramatismo la señal
de la enfermedad y se afronte con realismo, confiando en los recursos del
organismo humano y en la investigación médica.
Damos gracias al Señor porque la ciencia está realizando muchos progresos en
la prevención y en la lucha contra el cáncer. Pero en este ámbito, así como
en cualquier experimentación que afecte a la persona, todos deben tratar de
lograr que los experimentos se lleven a cabo con pleno respeto de la dignidad
humana. Entonces la investigación científica será un don inestimable para
numerosas familias y para la humanidad entera.
Además de estudiar el origen de los tumores, estáis estudiando también la
terapia del dolor. Se trata de un campo de investigación muy actual porque, al
mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por esta enfermedad, se les
da la posibilidad de ser aliviados y sostenidos eficazmente.
3. Es vasto y complejo el mundo del sufrimiento y del dolor. Pero puede
representar para el hombre una ocasión de crecimiento espiritual, abriendo
horizontes más amplios que aquellos a los que obligan la limitación y la
precariedad del ser físico. Cuando se le sostiene oportunamente, el enfermo,
aun constatando su fragilidad corporal, se siente animado muchas veces a
descubrir una dimensión que supera su corporeidad.
Por eso en el compromiso médico y asistencial en favor de los que sufren, así
como en el de la investigación, es importante que se tenga siempre presente la
centralidad de la persona, independientemente de la raza o la religión a la que
pertenezca. Debemos atender con amorosa solicitud a cada enfermo, siguiendo el
ejemplo evangélico del buen samaritano.
Nunca se ha de perder de vista la finalidad del verdadero bien del hombre; nunca
se ha de caer en la tentación de una medicina o un progreso científico sin
reglas ni valores, que podría convertirse en una peligrosa forma de
"control tecnológico" de la vida.
4. Amadísimos hermanos y hermanas, en un campo tan importante no sería
admisible que los creyentes y las personas de buena voluntad no elevaran su voz.
En efecto, es necesario que la sociedad, y los que de diferentes modos son
responsables de ella, comprendan la urgencia de destinar los fondos de la
investigación a causas benéficas como la lucha contra el cáncer, y sostengan
concretamente las iniciativas que mejoran la salud de la gente.
Vosotros, queridos miembros de la Liga italiana para la lucha contra los
tumores, proseguid vuestra actividad con dedicación constante. Puede contribuir
a suscitar en la opinión pública un mayor sentido de solidaridad con quien
sufre y a favorecer la búsqueda de un oportuno equilibrio entre salud, economía
y sociedad.
Os encomiendo de buen grado a la Inmaculada Madre de Dios, Sede de la Sabiduría,
y le encomiendo también vuestros proyectos. Asegurando un recuerdo en la oración
por los enfermos y por sus familias, os imparto de corazón a vosotros, a
vuestros seres queridos, a los numerosos socios voluntarios y a cuantos encontráis
en vuestro compromiso diario, una especial bendición apostólica.
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