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MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II AL
CAPÍTULO GENERAL DE LA SOCIEDAD SALESIANA DE SAN JUAN BOSCO
Amadísimos hijos de don Bosco:
1. Con gran afecto me dirijo a vosotros, que habéis venido de los
cinco continentes para la celebración del XXV capítulo general de vuestro
instituto. Es el primero del tercer milenio, y os ofrece la oportunidad de
reflexionar en los desafíos de la educación y la evangelización de los jóvenes,
desafíos a los que los salesianos quieren responder siguiendo las huellas de su
fundador, san Juan Bosco. Os deseo que el capítulo sea para vosotros un tiempo
de comunión y de trabajo provechoso, durante el cual podáis compartir el celo
que os une en la misión entre los muchachos, así como el amor a la Iglesia y
el deseo de abriros a nuevas fronteras apostólicas.
El pensamiento, en este momento, va espontáneamente al recordado rector mayor,
don Juan Vecchi, que falleció recientemente tras una larga enfermedad, ofrecida
a Dios por toda la Congregación y, especialmente, por esta asamblea capitular.
A la vez que doy gracias al Señor por el servicio que prestó a vuestra familia
religiosa y a la Iglesia, así como por el testimonio de fidelidad evangélica
que siempre lo distinguió, aseguro una especial oración de sufragio por su
alma. A vosotros os corresponde ahora proseguir la obra que realizó felizmente,
siguiendo las huellas de sus predecesores.
Vosotros, que sois educadores atentos y directores espirituales competentes,
sabréis ir al encuentro de los jóvenes que anhelan "ver a Jesús".
Sabréis guiarlos con dulce firmeza hacia metas arduas de fidelidad cristiana.
"Duc in altum!". Que este sea también el lema programático de
vuestra congregación, que con la actual asamblea capitular estimula a todos sus
miembros a impulsar con audacia su acción evangelizadora.
2. Habéis elegido como tema del capítulo: "La comunidad
salesiana hoy". Sois plenamente conscientes de que debéis renovar métodos
y modalidades de trabajo para que se manifieste con claridad vuestra identidad
"salesiana" en las nuevas situaciones sociales, que exigen también,
entre otras cosas, la apertura a la aportación de colaboradores laicos,
compartiendo con ellos el espíritu y el carisma legados por don Bosco. La
experiencia de los últimos años ha mostrado las grandes oportunidades de esa
colaboración, que permite a los diversos componentes y grupos de vuestra
familia salesiana crecer en la comunión y desarrollar un dinamismo apostólico
y misionero común. Y para abriros a la cooperación con los laicos es
importante para vosotros definir bien la identidad peculiar de vuestras
comunidades: han de ser, como quería don Bosco, comunidades congregadas
en torno a la Eucaristía y animadas por un profundo amor a María santísima,
dispuestas a trabajar juntas, compartiendo un único proyecto educativo y
pastoral. Comunidades capaces de animar y comprometer a los demás sobre todo
con el ejemplo.
3. De este modo, don Bosco sigue estando presente entre vosotros. Vive a
través de vuestra fidelidad a la herencia espiritual que os dejó. Él imprimió
a su obra un estilo singular de santidad. ¡Y santidad es lo que, ante todo,
necesita hoy el mundo! Por tanto, oportunamente, el capítulo general quiere
volver a proponer con valentía "la aspiración a la santidad" como
respuesta principal a los desafíos del mundo contemporáneo. En definitiva, no
se trata tanto de emprender nuevas actividades e iniciativas, cuanto de vivir y
testimoniar el Evangelio sin componendas, para estimular a la santidad a los jóvenes
que encontréis. Salesianos del tercer milenio, sed maestros y guías
apasionados, santos y formadores de santos, como lo fue san Juan Bosco.
Procurad ser educadores de la juventud en la santidad, poniendo en práctica la
pedagogía típica de santidad alegre y serena que os distingue. Sed acogedores
y paternos, capaces de interpelar en cualquier ocasión a los jóvenes con
vuestra vida: "¿Quieres ser santo?". Y no dudéis en
proponerles el "alto grado" de la vida cristiana, acompañándolos a
lo largo del camino de una adhesión radical a Cristo, el cual en el sermón de
la montaña proclama: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre
celestial" (Mt 5, 48).
Vuestra historia es rica en santos, muchos de los cuales jóvenes. En la
"Colina de las bienaventuranzas juveniles", como hoy llamáis a la
Colina don Bosco, donde nació el santo, durante mi visita del 3 de septiembre
de 1988 tuve la alegría de proclamar beata a Laura Vicuña, la joven salesiana
chilena que conocéis bien. Otros salesianos están en camino hacia esa meta:
se trata de vuestros hermanos, Artémides Zatti y Luis Variara, y de una Hija de
María Auxiliadora, sor María Romero. En Artémides Zatti destacan el valor y
la actualidad del papel del salesiano coadjutor; en don Luis Variara, sacerdote
y fundador, se manifiesta una realización ulterior de vuestro carisma
misionero.
4. Al numeroso grupo de santos y beatos salesianos estáis llamados a
uniros también vosotros, comprometidos a seguir las huellas de Cristo, fuente
de santidad para todo creyente. Haced que toda vuestra congregación
resplandezca por la santidad y la comunión fraterna.
Al inicio de este milenio, como recordé en la carta apostólica Novo
millennio ineunte, el gran desafío de la Iglesia consiste en "hacer de
la Iglesia la casa y la escuela de la comunión" (n. 43). Para que el
apostolado dé frutos de bien, es indispensable que las comunidades vivan un espíritu
de fraternidad mutua y real. Para realizar un único proyecto educativo y
pastoral, es necesario que todas las comunidades estén unidas por un firme espíritu
de familia. Que cada comunidad sea verdadera escuela de fe y de oración abierta
a los jóvenes, donde sea posible compartir sus expectativas y dificultades, y
responder a los desafíos que deben afrontar los adolescentes y los jóvenes.
Pero ¿dónde se halla el secreto de la unión de los corazones y de la acción
apostólica sino en la fidelidad al carisma? Por tanto, tened los ojos siempre
fijos en don Bosco. Vivía totalmente en Dios y recomendaba la unidad de las
comunidades en torno a la Eucaristía. Sólo del Tabernáculo puede nacer el espíritu
de comunión que se transforma en fuente de esperanza y compromiso para todo
creyente.
Que el afecto por vuestro padre siga inspirándoos y sosteniéndoos. Su enseñanza
os invita a la confianza mutua, al perdón diario, a la corrección fraterna y a
la alegría de compartir. Ese es el camino que él recorrió, y por el que podéis
atraer a los fieles laicos, especialmente a los jóvenes, para compartir la
propuesta evangélica y vocacional que os une.
5. Como veis, aparece a menudo, también en este Mensaje, la referencia a
los jóvenes. No sorprende este vínculo que une a los salesianos con la
juventud. Podríamos decir que los jóvenes y los salesianos caminan juntos. En
efecto, queridos hermanos, vuestra vida transcurre en medio de los muchachos,
tal como quería don Bosco. Sois felices entre ellos, y ellos disfrutan de
vuestra presencia amistosa. En vuestras "casas" se encuentran bien. ¿No
es este el apostolado que os distingue en todas las partes del mundo? Seguid
abriendo vuestras instituciones especialmente a los muchachos pobres, para que
se sientan como "en su casa", disfrutando de vuestra caridad activa y
del testimonio de vuestra pobreza. Acompañadlos en su inserción en el mundo
del trabajo, de la cultura y de la comunicación social, promoviendo un clima de
optimismo cristiano en el ámbito de una clara y fuerte conciencia de los
valores morales. Ayudadles a ser, a su vez, apóstoles de sus amigos y coetáneos.
Esta comprometedora acción pastoral os pone en relación con las numerosas
realidades que actúan en el campo de la educación de las nuevas generaciones.
Estad dispuestos a dar generosamente vuestra aportación en los diversos
niveles, cooperando con cuantos elaboran políticas educativas en los países
donde os encontráis. Defended y promoved los valores humanos y evangélicos:
desde el respeto a la persona hasta el amor al prójimo, especialmente a los
pobres y a los marginados. Trabajad para que la realidad multicultural y
multirreligiosa de la sociedad actual se oriente hacia una integración cada vez
más armoniosa y pacífica.
6. Amadísimos hijos de don Bosco, a vosotros se os confía la tarea de ser
educadores y evangelizadores de los jóvenes del tercer milenio, llamados a ser
"centinelas del futuro", como les dije en Tor Vergata, con ocasión de
la Jornada mundial de la juventud del año 2000. Caminad juntamente con ellos,
sosteniéndolos con vuestra experiencia y vuestro testimonio personal y
comunitario. Os acompañe la Virgen santísima, a la que invocáis con el
hermoso título de María Auxiliadora. Siguiendo a don Bosco, confiad siempre en
ella y proponed su devoción a cuantos encontréis. Con su ayuda se puede hacer
mucho; más aún, como solía repetir don Bosco, es ella la que lo ha hecho todo
en vuestra congregación.
El Papa os expresa su complacencia por vuestro compromiso apostólico y
educativo y ora por vosotros, para que sigáis caminando con plena fidelidad a
la Iglesia y en estrecha colaboración entre vosotros. Os acompañen
don Bosco y la multitud de santos y beatos salesianos.
Confirmo estos deseos con una especial bendición apostólica, que os envío a
vosotros, miembros del capítulo general, a vuestros hermanos esparcidos por
todo el mundo y a la entera familia salesiana.
Vaticano, 22 de febrero de 2002, fiesta de la Cátedra de San Pedro
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