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DISCURSO DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II A LOS PARTICIPANTES EN EL XVII CONGRESO NACIONAL DE LA
ASOCIACIÓN ITALIA DE MAESTROS CATÓLICOS Y A LOS VOLUNTARIOS
DEL SUFRIMIENTO DE LA DIÓCESIS DE BÉRGAMO
Sábado 5 de enero
de 2002
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra daros una cordial bienvenida a cada uno de vosotros, que habéis
querido visitarme con ocasión del Congreso nacional de vuestra Asociación.
Saludo, en particular, a vuestro presidente, a quien agradezco las amables
palabras que ha querido dirigirme en nombre de los presentes. A través de
vosotros, me complace enviar un saludo especial a todos los maestros católicos
de Italia, que tanto en las grandes ciudades como en la pequeñas aldeas ponen
su competencia y su deseo de educar al servicio de los alumnos y de sus
familias.
Promover los valores humanos perennes
Amadísimos hermanos y hermanas, juntamente con vosotros doy gracias a Dios por
la actividad que la Asociación italiana de maestros católicos realiza desde
hace más de cincuenta años en favor de la escuela italiana y de las nuevas
generaciones. Vuestra asociación, al ser eclesial, se considera con razón
"porción de la Iglesia", insertada en el camino de la comunidad
eclesial y deseosa de testimoniar los valores evangélicos de la gratuidad y del
servicio, no sólo en el ejercicio de la profesión sino también en las
relaciones con cuantos comparten los mismos ideales de vuestra asociación.
2. Habéis elegido para vuestro Congreso el tema "Dialogar con la
incertidumbre, elaborar la vida", a fin de subrayar las dos dimensiones que
distinguen el momento actual de vuestra asociación: la conciencia de la
complejidad de nuestra época y la voluntad de proponer vuestro proyecto
educativo en el clima de incertidumbre que se vive a diario.
Ante los procesos de reforma de la escuela, por lo demás necesarios, vuestra
asociación quiere promover los valores humanos perennes que derivan de la visión
evangélica de la vida, para realizar una escuela a medida de los alumnos y
especialmente atenta a las exigencias de los más pobres. De este modo, ayudáis
a la institución escolar a ponerse, juntamente con los demás sujetos
implicados en este proceso formativo, al servicio de la persona, convirtiéndose
cada vez más en una comunidad educativa en diálogo abierto, y al mismo tiempo
crítico, con su entorno.
Ojalá que, a la luz de la enseñanza de Cristo, cada uno de vosotros esté
dispuesto a captar en la relación y en la colaboración con los colegas
valiosas oportunidades de participación en las competencias y de comunión de
propósitos, para que la institución escolar sea un lugar privilegiado de
promoción cultural, capaz de recuperar estima y credibilidad social. Sintiéndoos
testigos privilegiados del amor de Cristo a los niños, procurad transmitir los
contenidos de la religión católica con competencia, elaborando propuestas didácticas
atentas a las exigencias formativas de los alumnos y respetuosas de la
naturaleza y las finalidades de la escuela.
3. Amadísimos hermanos y hermanas, vuestra asociación siempre ha
considerado la formación espiritual y profesional de los maestros como una de
sus finalidades principales. En efecto, a través de una formación sólida y
continua el maestro puede cumplir mejor su misión y contribuir a la construcción
de una convivencia humana pacífica y justa, fundada en el diálogo entre las
culturas y en la acogida y la valoración de las diversidades. Al mismo tiempo,
este esfuerzo favorecerá una renovada adhesión a las características propias
de la asociación, como la profesionalidad, entendida como capacidad de
interpretar las necesidades educativas y elaborar respuestas adecuadas; la índole
democrática, vista como ejercicio constante de corresponsabilidad y participación
en la construcción de una sociedad más humana; y la pertenencia a la Iglesia,
considerada como elemento fundamental de su servicio a la escuela.
Queridos hermanos, os invito a mirar a Dios, el "Educador" por
excelencia, que en el misterio de la Navidad manifiesta a los hombres su
benignidad para que, reflejándose en ella, reencuentren continuamente su
verdadera dignidad y la salvación.
Ojalá que esta extraordinaria pedagogía divina, contemplada en el estudio y en
la oración, infunda en cada uno de vosotros nuevo entusiasmo para superar la
fatiga diaria, adquiriendo energías y perspectivas siempre nuevas a fin de
cumplir mejor las responsabilidades educativas.
4. Saludo ahora al grupo de muchachos discapacitados, vinculados al Centro
de voluntarios del sufrimiento de la diócesis de Bérgamo.
Amadísimos muchachos, habéis venido a este encuentro acompañados por vuestros
padres y asistentes. Gracias por esta visita y por el afecto que habéis querido
mostrarme con ella. Que el nacimiento de Jesús, que celebramos en el tiempo de
Navidad, os proporcione a cada uno mucha alegría y os dé la fuerza para
afrontar serenamente todos los problemas y dificultades. Y que os ayude también
a sentiros testigos privilegiados del amor a la vida, sobre todo entre vuestros
coetáneos, a menudo desorientados e incapaces de apreciar este gran don del Señor.
Os dirijo también un afectuoso saludo a vosotros, queridos padres, asistentes y
miembros del Centro diocesano de voluntarios del sufrimiento, que prestáis un
servicio ejemplar y amoroso en favor de numerosas personas que se encuentran en
dificultad. Os animo a proseguir esta obra tan benemérita, e invoco sobre
vosotros la abundancia de los dones celestiales y las consolaciones prometidas
por Jesús a quien se pone con generosidad al servicio de los hermanos.
5. Dirigiéndome ahora nuevamente a todos los presentes en la sala, os
encomiendo a la protección celestial de María, a quien veneramos al comienzo
del año como Madre de Dios y Madre nuestra. Que la Virgen os acompañe con su
próvida ayuda durante todo el año recién iniciado.
Con este deseo, os imparto de corazón a cada uno una especial bendición apostólica,
que de buen grado extiendo a vuestros seres queridos.
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