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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS SUPERIORES Y ALUMNOS
DEL ALMO COLEGIO CAPRÁNICA


Sábado 19 de enero de 2002

 

Señor cardenal;
queridos superiores y alumnos del Almo Colegio Capránica:
 

1. Me dirijo a vosotros con afecto en esta tradicional cita anual, poco antes de la memoria litúrgica de santa Inés, vuestra patrona especial, y a todos os doy mi cordial bienvenida. Saludo ante todo al señor cardenal Camillo Ruini, presidente de la Comisión episcopal encargada de la dirección del Colegio, a quien agradezco las amables palabras con que se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos comunes. Extiendo mi saludo al rector, monseñor Michele Pennisi, a los superiores y a vosotros, amadísimos alumnos de la comunidad del Capránica. Vuestro Colegio, testigo de un vínculo secular con la Sede apostólica y con el Sucesor de Pedro, es una de las instituciones más antiguas e ilustres para la formación de los candidatos al sacerdocio, no sólo de la diócesis de Roma, sino también de otras diócesis de Italia y de otros países del mundo.

2. Amadísimos alumnos, me dirijo ahora de modo especial a vosotros. Estáis llamados a convertiros en testigos y en "modelos  de  la  grey" (1 P 5, 3) que se os confiará. Y, para serlo, es necesario que adquiráis disposiciones interiores y comportamientos específicos, que son el fundamento de la espiritualidad sacerdotal. Modelo de este significativo crecimiento espiritual e intelectual es Cristo mismo. En efecto, los presbíteros, "mediante la unción del Espíritu Santo, son marcados con un carácter especial. Así están identificados con Cristo sacerdote, de  tal  manera que pueden actuar como representantes de Cristo" (Presbyterorum ordinis, 2). Precisamente porque estáis llamados a seguir más íntimamente  al  Maestro, debéis  ser asiduos "contempladores de su rostro" (Novo millennio ineunte, 16). Por ello, conscientes de vuestra futura misión, tended a la santidad y difundid por doquier el amor de Cristo. Sed también fieles a la Iglesia y trabajad en ella siempre en comunión con vuestros obispos. En efecto, el sacerdote no es hombre de iniciativas aisladas e independientes; es el ministro del Evangelio en nombre de la Iglesia. Toda su obra apostólica parte de la Iglesia y vuelve a la Iglesia.

Si a veces esta misión puede pareceros difícil, ¡no temáis! Ya desde estos años de vuestra preparación, aprended a remar mar adentro con las velas desplegadas al viento del Espíritu Santo. Así, seréis felices por todo lo que el Señor realizará por medio de vosotros y experimentaréis, aun en medio de las pruebas y las dificultades, la grandeza y la alegría de vuestra misión.

3. Por tanto, que la comunidad de vuestro Colegio esté a la escucha permanente de la palabra de Dios. Que profundice en los vínculos de comunión que ayuden a cada uno de vosotros a proyectarse en la misión evangelizadora hacia el mundo. Vivid intensamente vuestra experiencia comunitaria. Constituirá la estructura maestra de toda vuestra existencia. En efecto, estáis llamados a vivir y estar con los demás, y a ser para los demás.

Al que quiere seguirlo, Jesús le pone condiciones claras:  "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lc 9, 23). Jesús no es el Mesías del triunfo y del poder. Como Siervo auténtico del Señor, cumplió su misión de Mesías a través de la solidaridad, el servicio y la humillación de la muerte. Caminad con valentía en pos de él y proseguid con confianza, renovando cada día la fidelidad a Cristo y abriéndoos a las necesidades de los hermanos.

Que os sostengan en este esfuerzo el ejemplo y la intercesión de los santos y los mártires, que permanecieron siempre fieles al Señor. En particular, que os protejan los santos de esta Iglesia de Roma, entre los cuales figura la joven que tanto queréis, santa Inés, quien, con su testimonio de virginidad y martirio, invita a todos a seguir al Cordero inmolado por la salvación del mundo. Que os acompañe María, la Madre de la Iglesia, y os obtenga a cada uno un año rico de frutos espirituales y culturales.

Con estos sentimientos, os imparto a vosotros, alumnos aquí presentes, a vuestros superiores y formadores, y a toda la familia del Colegio Capránica, una especial bendición apostólica.

 

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