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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A UNA DELEGACIÓN ECUMÉNICA DE FINLANDIA


Sábado 19 de enero de 2002

 

Queridos amigos en Cristo: 

Una vez más tengo el agrado de dar la bienvenida a una delegación ecuménica de Finlandia con ocasión de la fiesta de san Enrique, apóstol y patrono de vuestro país. Es una feliz coincidencia que vuestra visita tenga lugar durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos.

Es de vital importancia que los cristianos rueguen incesantemente por la unidad, que llegará no como fruto del esfuerzo humano, sino como gracia otorgada en un tiempo y de un modo que no conocemos. Nuestra súplica debe ir acompañada de la decisión de predicar el Evangelio de Jesucristo con un solo corazón y una sola voz, "para que el mundo crea" (Jn 17, 21).

Esta tarea exigirá sacrificio y compromiso, tal como sucedió en la vida de san Enrique. Predicamos la cruz de Cristo, y precisamente en la fuerza de la cruz se apoya nuestra fe. Del costado del Señor crucificado brota el torrente vivificante que sanará las heridas de la división. Finlandia también tiene necesidad de Cristo. Lo más profundo del alma finlandesa puede leerse en los santos de vuestra historia y en construcciones como la catedral de Turku. Y ¿quién, sino Cristo, puede satisfacer los deseos que surgen de esas profundidades?

Ya hemos recorrido un largo trecho del camino ecuménico, y no se puede volver atrás. Ciertamente, la Iglesia católica sigue "comprometida de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica" (Ut unum sint, 3).

Nos anima en ello "la esperanza de estar guiados por la presencia de Cristo resucitado y por la fuerza inagotable de su Espíritu, capaz de sorpresas siempre nuevas" (Novo millennio ineunte, 12).

El Espíritu debe conducirnos, paso a paso, a descubrir las cosas que podemos hacer juntos para apresurar la comunión plena y visible de todos los cristianos. Él, que tiene poder para "realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar" (Ef 3, 20), nos ayude en esta tarea. Amén.

 

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