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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL
CARDENAL LUBOMYR HUSAR, M.S.U., ARZOBISPO MAYOR DE LVOV DE LOS UCRANIOS
Al venerado hermano
Cardenal Lubomyr HUSAR
Arzobispo mayor de
Lvov de los ucranios
1. Con ocasión de la importante asamblea de esa Iglesia greco-católica
ucraniana, que se celebrará en Lvov del 30 de junio al 6 de julio, un año
después de mi inolvidable visita pastoral a ese país, deseo dirigirle mi
cordial saludo a usted, a los hermanos en el episcopado y a todos los
participantes.
Cobra singular significado y gran relieve el tema elegido para el encuentro:
"Cristo, fuente del renacimiento del pueblo ucraniano". Con afecto
fraterno me uno a esa amada comunidad eclesial al invocar al Espíritu Santo
para que se le conceda profundizar el conocimiento de Cristo y los trabajos de
la asamblea sirvan para infundir en los fieles renovada valentía al testimoniar
el mensaje de la salvación.
Ya en mi primera encíclica, Redemptor hominis, subrayé que Cristo debe
ocupar el lugar central en la vida de la Iglesia y de todo cristiano. En efecto,
él es el Redentor del hombre, el Redentor del mundo. En Cristo y por Cristo
"Dios se ha revelado plenamente a la humanidad y se ha acercado
definitivamente a ella y, al mismo tiempo, en Cristo y por Cristo, el hombre ha
conseguido plena conciencia de su elevación, del valor trascendental de la
propia humanidad, del sentido de su existencia" (n. 11). Por tanto, la misión
de la Iglesia consiste en anunciar a todos, bajo la acción constante del Espíritu
Santo, el misterio de Cristo, para hacer que llegue a ser efectivo y eficaz para
todo hombre.
2. "En tu palabra, echaré las redes" (Lc 5, 5). La
comunidad cristiana crece y se renueva, en primer lugar, mediante la escucha de
la palabra de Cristo. Los largos años de ateísmo, durante los cuales se intentó
ofuscar los valores cristianos que han caracterizado la historia del pueblo
ucraniano, han dejado huellas en el corazón y en el comportamiento de la gente.
A esto se añade hoy la acción erosiva que realiza el proceso de secularización,
con su predominante visión materialista de la vida, unida a la búsqueda
desenfrenada de un bienestar a menudo efímero y pasajero. Precisamente estas
insidias, que caracterizan con frecuencia a las sociedades occidentales,
dificultan el esfuerzo diario encaminado a testimoniar con coherencia la
"buena nueva" de la fe.
En este marco, vuestra Iglesia greco-católica ucraniana quiere intensificar
oportunamente la obra de la nueva evangelización, emprendida durante estos años.
En la carta apostólica Novo millennio ineunte dirigí a los creyentes la
invitación a alimentarse de la Palabra para ser "servidores de la
Palabra" en el compromiso de la evangelización, y recordé que esta es sin
duda una prioridad de la Iglesia al inicio del nuevo milenio (cf. n. 40). La
invitación de Cristo, "Duc in altum", se dirige también
a cada uno de los miembros de esa Iglesia para que, fortalecido por la presencia
del Señor, esté dispuesto a transmitir con claridad en su entorno el mensaje
perenne del Evangelio, la buena nueva de que en Jesús, "camino, verdad y
vida" (Jn 14, 6), es posible encontrar el amor acogedor y
misericordioso del Padre. Para llevar a cabo esta obra, será necesario promover
una sólida formación del clero, una catequesis orgánica para los jóvenes y
los adultos, y una participación cada vez más consciente de los fieles en la
liturgia, fuente y cumbre de la vida de la Iglesia (cf. Sacrosanctum
Concilium, 10).
Resplandece ante vosotros el ejemplo inolvidable de los mártires y los
confesores de la fe, que no dudaron en pagar con el precio de la vida su
fidelidad a Cristo y a su Iglesia. Constituyen para todos una enseñanza
constante. Sí, la tierra de Ucrania, regada con la sangre de los mártires, ha
dado al mundo el ejemplo de una inquebrantable fidelidad al Evangelio.
3. Podéis recurrir a este patrimonio espiritual para proseguir el impulso
apostólico y misionero, conservando vivo ante vosotros el icono de Jesús que
se inclina para lavar los pies de los Apóstoles. Con esta actitud de humilde
servicio, vuestra Iglesia debe esforzarse por transmitir a toda persona el
evangelio de la caridad y de la alegría.
En la sociedad actual, en la que a menudo parece prevalecer la búsqueda del
poder, del éxito a toda costa y de la posesión egoísta que hace a las
personas insensibles a las necesidades del prójimo, toda comunidad eclesial está
llamada a proclamar y testimoniar el respeto de la dignidad de todo ser humano,
creado a imagen y semejanza de Dios, y el ejercicio del poder, no como dominio,
sino como servicio, en la lógica evangélica del Maestro divino, que no vino a
ser servido, sino a servir (cf. Mt 10, 45). Consciente de ello, vuestra
asamblea prestará sin duda atención a la familia, teniendo en cuenta las
dificultades que, por desgracia, encuentra también en Ucrania, donde aumenta el
número de divorcios y se extiende la plaga del aborto.
Además de la familia, es preciso privilegiar la pastoral de los jóvenes, que
son la esperanza y el futuro de la Iglesia, y ayudarles a redescubrir las raíces
religiosas de la cultura a la que pertenecen. Mostradles que sólo en Cristo
pueden encontrar la respuesta auténtica a los interrogantes de su corazón;
ayudadles a sentirse protagonistas en la reconstrucción espiritual y material
del país, manteniéndose fieles al Evangelio y a los valores espirituales que
derivan de él.
Vuestra Iglesia debe invertir con generosidad energías y medios en la formación
de las nuevas generaciones. Ha de ser valiente al proponerles a Cristo y el
Evangelio sin glosa. Sólo así el mundo juvenil podrá vencer la tentación
de fiarse de espejismos y modelos falaces, dictados por el materialismo y el
hedonismo.
4. Es vasto el campo apostólico al que el Señor llama a vuestra Iglesia
para trabajar activamente. Venerado hermano, al mismo tiempo que aseguro mi
cercanía espiritual a los fieles greco-católicos de Ucrania, le invito a usted
y a toda la asamblea a escuchar de nuevo las palabras de Cristo: "Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en
nosotros" (Jn 17, 21). Esta oración, que Jesús dirige al Padre en
los últimos momentos de su vida terrena, es "imperativo que nos obliga,
fuerza que nos sostiene y saludable reproche por nuestra desidia y estrechez de
corazón" (Novo millennio ineunte, 48).
Muchas incomprensiones y divisiones han marcado la historia de la Iglesia en
Ucrania. Ahora es necesario intensificar los esfuerzos de comprensión y comunión,
ante todo entre los católicos de los dos ritos. Además, será importante
acrecentar el compromiso de acercamiento y reconciliación con los demás
cristianos, en particular con los hermanos ortodoxos. Que la identidad oriental
de vuestra Iglesia y la comunión plena con el Sucesor de Pedro os ayuden a
encontrar caminos siempre nuevos de diálogo, de solidaridad y de colaboración
con las Iglesias ortodoxas. Estoy seguro de que el camino personal y comunitario
de conversión a Cristo y a su Evangelio, al que el concilio ecuménico Vaticano
II invita a todos (cf. Unitatis redintegratio, 7), apresurará el
tiempo de la unidad plena que Cristo quiere para sus discípulos.
5. Iglesia greco-católica ucraniana, ante ti hay un futuro rico en
esperanza. No faltarán las dificultades y las amarguras, pero ¡no tengas
miedo! El Señor está contigo. Te acompaña la santísima Madre de Dios, partícipe
en los sufrimientos y en la muerte de su Hijo en la cruz, pero también gozosa
testigo de su gloriosa resurrección. Que su ayuda materna haga fructificar los
trabajos de la asamblea en beneficio de todo el pueblo de Dios.
Con estos sentimientos, y con intenso afecto, le envío de buen grado una
especial bendición a usted, venerado hermano, a los participantes en la
asamblea de la Iglesia greco-católica ucraniana y a todos los demás fieles de
ese país, tan querido para mí.
Vaticano, 25 de junio de 2002
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