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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
LA SUPERIORA GENERAL DE LA CONGREGACIÓN DE LAS RELIGIOSAS DE SAN JUAN
BAUTISTA Y SANTA CATALINA DE SIENA
A la reverenda madre
María Floriana PASQUALETTO
Superiora general de la congregación
de las Religiosas de San Juan Bautista
y Santa Catalina de Siena
1. He sabido con gran satisfacción que la congregación de las Religiosas
de San Juan Bautista y Santa Catalina de Siena celebra, en este mes de julio, su
capítulo general, que tiene como tema: "A partir de la estructura,
una nueva vitalidad del instituto para el bien de la Iglesia y de la sociedad en
el presente y en el futuro". Este importante acontecimiento me brinda la
grata oportunidad de manifestar mi cercanía espiritual a ese instituto, y de
dirigirle unas cordiales palabras de felicitación a usted y a las hermanas
elegidas para la asamblea capitular, durante la cual se reflexionará sobre cómo
abrir la congregación a nuevas perspectivas de desarrollo espiritual y apostólico.
Para realizarlo, prosiguiendo el camino recorrido hasta ahora, tenéis la
intención de volver a los orígenes del Instituto y revisar lo que soléis
llamar su "estructura", es decir, la Regla y las Constituciones. Estáis
convencidas, con razón, de que la inspiración originaria de Medea Ghiglino
Patellani, que a fines del siglo XVI se consagró en Génova a la formación
integral de la juventud, conserva aún hoy plena actualidad. Así, de la
consideración del impulso de los inicios, queréis obtener un estímulo
interior para proyectaros hacia nuevas e intrépidas metas misioneras. A este
propósito, pienso en los proyectos relacionados con las dos provincias de
Italia y Brasil, así como en la reciente apertura de vuestra familia religiosa
a Albania y a Bolivia.
2. La joven Medea, profundamente vinculada a su ciudad, puso la incipiente
obra bajo la protección de san Juan Bautista, patrono de Génova, y de santa
Catalina de Siena: san Juan, que señala a Jesús, el Cordero de Dios, y
santa Catalina, mujer apostólica, llena de amor profético a Cristo y a la
Iglesia. Estos dos grandes santos, en los que veía plenamente realizado su
deseo de pertenecer sin reservas a Cristo, fueron siempre su punto de referencia
y acompañaron el desarrollo sucesivo del Instituto.
Bajo la experta guía del padre jesuita Bernardino Zanoni, la fundadora se
propuso traducir en la vida diaria la gran "lección" de los Ejercicios
de san Ignacio de Loyola, buscando incesantemente un sabio equilibrio entre la
experiencia espiritual personal y las exigencias de la vida común. La comunión
vivida íntegramente y la educación de las jóvenes, teniendo en cuenta la
totalidad de la persona humana, han constituido desde entonces el centro de
vuestro carisma.
Estoy seguro de que el capítulo general, también gracias a la atenta relectura
de vuestra historia, será un tiempo favorable para que toda la familia de
las Religiosas de San Juan Bautista y Santa Catalina de Siena dé un nuevo paso
adelante, adaptando la Regla originaria de vida a las exigencias de nuestro
tiempo, que han variado, sin traicionar de ningún modo su esencia.
3. Preocupaos por salvaguardar, ante todo, la "comunión",
elemento central y, al mismo tiempo, síntesis de vuestro carisma. Precisamente
al inicio de la Regla, vuestra fundadora quiso poner el compromiso de la comunión:
"Han de vivir en común, en todo" (art. 1 RP). Este "en
todo" subraya la generosa pertenencia de la persona a la comunidad
religiosa. Al mismo tiempo, significa que las actividades no deben ser jamás
fruto de opciones individuales, sino testimonio del clima de un constante
entendimiento comunitario.
Esta característica peculiar de vuestro carisma responde bien a una de las
prioridades de la nueva evangelización, que quise indicar en la carta apostólica
Novo millennio ineunte, es decir, la de "hacer de la Iglesia la casa
y la escuela de la comunión" (n. 43). Al respecto escribí: "Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una
espiritualidad de comunión, proponiéndola como principio educativo" (ib.).
En efecto, el servicio apostólico, en el que resplandece la gloria de Dios,
brota de la comunión realmente vivida.
Esta perspectiva compromete a los miembros del Instituto a actualizar las
Constituciones, con un atento discernimiento y una referencia constante a la
voluntad de la fundadora, animadas por su mismo deseo de colaborar con "la
santa obra de la mayor gloria de Dios, que consiste en el bien particular y
universal de las almas redimidas por la preciosísima sangre de Jesús".
Amar a Dios y a la Iglesia: en este ideal de Medea Ghiglino Patellani sus
hijas espirituales han de inspirarse siempre para su servicio educativo,
recordando sin cesar el principio pedagógico fundamental de la unidad de la
persona humana. Así, fieles al carisma originario y dóciles a la acción
del Espíritu Santo, sabrán responder a los desafíos del actual momento histórico
con opciones misioneras abiertas a los "signos de los tiempos".
4. Reverenda madre, al mismo tiempo que doy gracias al Señor por la
obra generosa que esa congregación realiza en la Iglesia y en la sociedad,
ruego para que el capítulo general constituya una ocasión providencial para su
vasto impulso, perseverando, aun en medio de las dificultades del tiempo
presente, en el camino emprendido con plena confianza en la divina Providencia.
María, Estrella de la nueva evangelización, la acompañe a usted, reverenda
madre, y a todas las hermanas, y obtenga de su divino Hijo para cada una las
gracias que necesita. Con estos sentimientos, a la vez que imploro la abundancia
de los dones celestiales sobre los trabajos del capítulo, le imparto de corazón
a usted, a las capitulares y a toda la congregación, la propiciadora bendición
apostólica.
Castelgandolfo, 11 de julio de 2002
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