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FIRMA DE LA "DECLARACIÓN DE VENECIA"

PALABRAS DE SALUDO PRONUNCIADAS
POR EL SANTO PADRE JUAN PABLO II

 

Santidad, me alegra enviarle mi saludo cordial, que extiendo de buen grado a las personalidades religiosas y civiles, a los congresistas y a todos los que se hallan reunidos en la sala de los Escrutinios del Palacio ducal de Venecia para la sesión conclusiva del IV Simposio ecológico organizado por el Patriarcado ecuménico y dedicado al tema:  "El mar Adriático:  mar en peligro, unidad de propósitos".

Esta conexión, gracias a la cual podemos firmar conjuntamente la Declaración final del simposio, manifiesta la unidad de propósitos que evoca el tema mismo del acontecimiento.

Nuestro encuentro, aunque sea a distancia, nos permite expresar juntos la voluntad común de salvaguardar la creación, apoyar y sostener cualquier iniciativa que contribuya a embellecer, sanar y proteger esta tierra, que Dios nos ha dado para que la conservemos con sabiduría y amor.

Nuestro encuentro de hoy tiene lugar poco tiempo después del de Asís, donde, en el mes de enero, organicé una Jornada de oración por la paz en el mundo. Su Santidad respondió a la invitación y tuvo la amabilidad de participar en ella. Hoy soy yo quien tengo el placer de unirme a usted en este acto tan significativo. Considero que nuestros intercambios son auténticos dones del Señor, el cual nos indica así que el espíritu de colaboración es capaz de encontrar expresiones nuevas para lograr que el testimonio de comunión que el mundo espera de nosotros sea sólido y concreto. 


PALABRAS DEL PATRIARCA 

 

Saludo muy fraternal y cordialmente a Su Santidad Juan Pablo II, nuestro hermano mayor, y le doy las gracias por haber firmado, juntamente conmigo, el texto sobre la ética ambiental.

Estas iniciativas comunes sobre materias específicas que atañen a toda la humanidad no sólo tienen un significado práctico, sino también simbólico, pues demuestran el deseo de nuestras Iglesias y de nuestras comunidades de proseguir en el santo compromiso en favor de la paz en todo el mundo y de la unidad de todos.

Su Santidad, lo abrazo muy fraternalmente en nuestro común Señor resucitado.¡Gracias, Santidad!

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