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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL
XVII CAPÍTULO GENERAL DEL INSTITUTO HIJAS DE SAN CAMILO
Sábado
15 de junio de 2002
Amadísimas hermanas:
1. Me alegra daros mi cordial bienvenida a cada una de vosotras, religiosas
del instituto Hijas de San Camilo, que os habéis reunido en Roma para el capítulo
general. Gracias por este encuentro, con el que habéis querido testimoniar
devoción y afecto al Vicario de Cristo, confirmando vuestra fidelidad a su
magisterio de Pastor universal de la Iglesia. Saludo a vuestra nueva superiora
general, sor Laura Biondo, a la que agradezco las amables palabras que me ha
dirigido en nombre de las presentes y de toda vuestra congregación. Sobre ella
y sobre el consejo general imploro del Señor copiosos dones de luz y de gracia
para que cumplan su nueva tarea en conformidad con la voluntad de Dios.
2. Conservo aún vivo el recuerdo de las beatificaciones de vuestros
fundadores Josefina Vannini y Luis Tezza, a quienes tuve la alegría de elevar
al honor de los altares respectivamente en 1994 y en 2001. Fueron ocasiones
singulares de gracia, que siguen constituyendo una invitación constante a
crecer en el fervor espiritual y en el celo apostólico.
Enriquecidas y estimuladas por esos dones, habéis elegido orientar los trabajos
del capítulo general hacia una profundización de la herencia espiritual
recibida de los nuevos beatos, para proseguir con conciencia y entusiasmo por el
camino de la santidad. Se trata de una elección que os permite confirmar el
camino emprendido y adecuar vuestro carisma a las nuevas condiciones de los
tiempos, para ser testigos cada vez más creíbles del amor misericordioso del
buen Samaritano.
Conozco el generoso empeño que ponéis en el servicio a los pobres y a los
enfermos, así como el impulso que vuestra familia religiosa, ya presente en
cuatro continentes, ha dado recientemente a la actividad misionera en América
del sur, en Oriente y en Europa del este. Os aliento a continuar por este
camino, animadas y sostenidas por el ejemplo del beato Luis Tezza, auténtico peregrino
por la misión.
3. Esforzaos por hacer presente a Cristo misericordioso en todos vuestros
contactos con el prójimo, comenzando por los que se realizan dentro de la
Congregación. Que reine entre vosotras el espíritu de caridad fraterna, de
modo que cada religiosa se sienta comprendida y valorada en sus capacidades, y
ninguna deba quejarse por injusticias o abusos.
Estáis llamadas a ser signos concretos de la ternura de Cristo, sobre todo
donde el sufrimiento oprime al ser humano en el cuerpo y en el espíritu. En
esta tarea os favorece vuestra condición de mujeres consagradas que, mirando a
la Virgen Inmaculada, tienen una sensibilidad especial por todo lo que es
esencialmente humano, también en ambientes de dolor y marginación (cf. Mulieris
dignitatem, 30). Esta es una aportación específica que podéis dar a la
vasta acción de la nueva evangelización, en la que participa todo el pueblo de
Dios.
Siguiendo el ejemplo de san Camilo y de vuestros beatos fundadores, no dudéis
en proclamar con las palabras, pero sobre todo con las obras, la alegría de
sacrificar vuestra existencia por los hermanos necesitados. Y en esta singular
misión no tengáis miedo de tender con ardor a las cumbres de la caridad
heroica.
"Como verdaderas Hijas de San Camilo debéis sobresalir en la caridad y
estar dispuestas, por caridad, a hacer siempre cualquier sacrificio". Así
escribió el beato Luis Tezza a las primeras discípulas, ofreciendo de este
modo a todas sus hijas un valioso criterio para vivir fielmente su vocación.
4. Asimismo, además de una asistencia llena de humanidad con respecto al
enfermo, icono vivo de Cristo, se os pide, en el trabajo diario, que llevéis a
todos el mensaje salvífico del Evangelio.
A través de las instituciones socio-sanitarias y las escuelas que gestionáis
promoved auténticos crisoles de humanidad y caridad, capaces de suscitar en
cuantos están en contacto con los enfermos el deseo de transformar la curación
en solicitud y la profesión en vocación. Para lograr este
objetivo, hace falta una síntesis armoniosa de inteligencia y corazón, de técnica
y capacidad de acogida del enfermo. Al mismo tiempo, es necesario sostener la
"cultura de la vida", poniendo como fundamento de toda enseñanza la
convicción de que la persona posee un valor único y que la vida humana es
sagrada. Por eso hay que defenderla y protegerla siempre, desde su nacimiento
hasta su término natural.
5. Amadísimas hermanas, permaneced fieles a vuestra maravillosa vocación
y esforzaos por vivirla con entrega y alegría. Como os lo recuerda el
testimonio de vuestros fundadores, constituye para vosotras el camino hacia la
perfección de la caridad y hacia la conformación plena con Cristo, al que habéis
elegido servir en los enfermos y en los que sufren.
Con estos sentimientos, a la vez que os encomiendo a la intercesión celestial
de la Madre del Señor, Consuelo de los afligidos, de san Camilo de Lelis y de
los beatos Luis Tezza y Josefina Vannini, os imparto de corazón a cada una la
bendición apostólica, extendiéndola de buen grado a todas vuestras hermanas
esparcidas por el mundo.
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