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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 AL DOCTOR GEORGE CAREY, ARZOBISPO DE CANTERBURY


Viernes 21 de junio de 2002 

Su Gracia;
queridos amigos:
 

Es para motivo de gran alegría darle la bienvenida en la "gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo" (Flm 1, 3). Le estoy muy agradecido por haber querido realizar una visita de despedida aquí, antes de su próximo retiro. Su visita es un signo vivo de las estrechas relaciones que se han seguido desarrollando a lo largo de los años entre la Comunión anglicana y la Iglesia católica.

Al repasar los últimos once años, durante los cuales usted ha sido arzobispo de Canterbury, pienso especialmente en la Declaración común que firmamos en 1996. Aun reconociendo los obstáculos que nos impiden la comunión plena, decidimos "seguirnos consultando sobre los progresos en las relaciones entre la Comunión anglicana y la Iglesia católica". En los últimos meses hemos comenzado a ver los frutos de este espíritu de perseverancia con la creación de la nueva Comisión internacional anglicano-católica para la unidad y la misión, que apoyará el trabajo permanente de la Comisión mixta internacional anglicano-católica.

Me complace repetir lo que escribí en mi encíclica Ut unum sint, es decir, que "verdaderamente el Señor nos lleva de la mano y nos guía" (n. 25). Con la esperanza que nace del Espíritu, confiamos en que las iniciativas y los instrumentos de reconciliación que hemos promovido e impulsado sean guiados siempre por el Espíritu Santo, que siempre puede derramar abundantes bendiciones.

Cuando reflexionamos en los peligros y los desafíos que afronta el mundo en la actualidad, no podemos por menos de sentir la urgente necesidad de colaborar en la promoción de la paz y de la justicia. Sé que Su Gracia se ha esforzado con empeño por sostener el diálogo en Tierra Santa, reuniendo a los líderes cristianos, judíos y musulmanes para buscar una solución duradera. Quiera Dios que esta y todas sus iniciativas en favor de una paz justa encuentren apoyo y den esperanza en medio del conflicto y del dolor.

Su Gracia, oro para que la próxima etapa de su vida le ofrezca nuevos modos de compartir sus dones a lo largo del camino de la reconciliación que hemos emprendido. Sepa que usted y la señora Carey, juntamente con toda la Comunión anglicana, están presentes en mis oraciones. Que el Señor lo bendiga abundantemente.

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