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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
UN GRUPO DE PEREGRINOS POLACOS
Sábado 9 de marzo de 2002
Con alegría saludo a los pastores de la Iglesia en Polonia:
a los señores cardenales, a los arzobispos, a los obispos diocesanos y a los
auxiliares. Os doy la bienvenida a cada uno de vosotros, hermanos en el
episcopado, a quienes ha sido confiada la misión de gobernar las Iglesias
particulares en la amada tierra polaca. Os doy la bienvenida y os saludo
cordialmente a vosotros, hermanos y hermanas en Cristo Señor, que acompañáis
a vuestros pastores en una peregrinación de fe a las tumbas de los Apóstoles,
para dar hoy gracias a Dios por el don de la santa Iglesia en nuestra patria y
por el décimo aniversario de la reorganización de sus estructuras
administrativas. Agradezco cordialmente las palabras de saludo y de
introducción a este encuentro, pronunciadas por el señor cardenal primado.
Saludo al arzobispo nuncio, aquí presente.
Agradezco a toda la comunidad del pueblo de Dios en Polonia el esfuerzo
realizado para la organización de la nueva estructura administrativa de la
Iglesia, instituida con la bula Totus tuus Poloniae populus, en la
solemnidad de la Anunciación del Señor, 25 de marzo de 1992. En virtud de este
documento se instituyeron trece nuevas diócesis. Se precisó su pertenencia a
las provincias eclesiásticas y se establecieron sus confines. Se realizaron
cambios esenciales en la estructura de las cinco sedes metropolitanas ya
existentes, y surgieron ocho nuevas, que han emprendido su misión con gran
entusiasmo.
Hoy, con espíritu de gratitud, hacéis el balance de vuestros esfuerzos. Traéis
como don los frutos de la colaboración del clero, de las comunidades religiosas
y de los fieles laicos. Me alegro con vosotros de que la nueva estructura
administrativa haya fructificado con la belleza de las nuevas catedrales y con
la construcción de los seminarios mayores, de las casas de ejercicios
espirituales y de los centros pastorales. Es motivo de alegría particular el
hecho de que gracias a ella ha sido posible una acción más eficaz de las
curias episcopales, una colaboración más estrecha de las diócesis con las
comunidades de vida consagrada y el desarrollo de la pastoral especializada en
los diversos campos. Es una expresión perceptible de vuestra fe, testimonio de
vuestra solicitud por el bien de la Iglesia.
Después de diez años, puede decirse que se cumplen las expectativas que acompañaban
los trabajos sobre una nueva organización administrativa: se esperaba que
la cercanía geográfica facilitara contactos más estrechos entre los obispos
en el ámbito de las sedes metropolitanas, y entre el obispo, los sacerdotes y
los fieles en las diócesis.
Espero que la nueva distribución regional de las provincias eclesiásticas
favorezca la organización de las reuniones en el ámbito de la sede
metropolitana, para poder afrontar comunitariamente y resolver las cuestiones
que no pueden ser inmediatamente objeto de discusión en las asambleas plenarias
de la Conferencia episcopal. En efecto, muchas cuestiones exigen un
discernimiento anterior al foro regional, y luego las conclusiones, las
observaciones y las sugerencias referidas por cada provincia eclesiástica
pueden afrontarse con mayor eficacia en las asambleas plenarias de la
Conferencia episcopal. Ojalá que esta forma de colaboración ayude a elaborar
un programa pastoral que responda a las exigencias de la nueva evangelización y
a los desafíos del lugar y del tiempo.
Hoy, más que nunca, es necesario dar testimonio con la propia vida, con
entusiasmo y solicitud apostólica. Es necesario un constante acercamiento de
los obispos a los fieles, y de los fieles a sus obispos. Que esta tarea se
convierta en objeto de vuestra solicitud, así como de vuestra oración y
reflexión. Preocupaos todos por estas cuestiones tan importantes.
Os exhorto encarecidamente a aprovechar todas las posibilidades creadas a este
respecto por la nueva organización administrativa de la Iglesia en Polonia.
Exhorto a los obispos de cada sede metropolitana a un compromiso total mediante
una seria reflexión pastoral en cada una de las estructuras eclesiásticas.
Hace diez años, en la Carta a la Iglesia en Polonia con ocasión de la nueva
reorganización eclesiástica, recordé que "tiene por finalidad
una plena adaptación de la misión de la Iglesia -es decir, de la evangelización,
entendida en sentido integral- a las condiciones y a las necesidades de los
tiempos en que vivimos y en los que vivirán las próximas generaciones de
nuestra tierra, de nuestra patria" (n. 2: L'Osservatore Romano,
edición en lengua española, 3 de abril de 1992, p. 5). Deseo poner de relieve,
una vez más, este objetivo y presentarlo de modo particular a mis hermanos en
el episcopado. Exige una profunda reflexión y una solicitud particular.
En la carta apostólica Novo millennio ineunte afirmé que "es
necesario pensar en el futuro. (...) Es preciso ahora aprovechar el tesoro de la
gracia recibida, traduciéndola en fervientes propósitos y en líneas de acción
concretas" (n. 3). Exhorto a la Iglesia en Polonia, en su nueva estructura
organizativa, a elaborar este programa, ante todo, basándose en el magisterio
del concilio Vaticano II, enriquecido por la Iglesia con los documentos
publicados al final del milenio pasado y al inicio de este. Profundizad los
contenidos del gran jubileo del cristianismo del año 2000. Repasad la reflexión
que hice juntamente con vosotros durante mis visitas pastorales a la patria, y
las indicaciones dadas a los obispos durante las visitas ad limina
Apostolorum de 1993 y 1998.
Pienso con gratitud en los sacerdotes que, en el ámbito de las nuevas diócesis,
a menudo lejos de su tierra de origen, emprenden con entusiasmo el ministerio
pastoral. Es necesario que encuentren apoyo y ayuda espiritual tanto en la
persona de su obispo como en los fieles confiados a ellos. Hermanos en el
episcopado, os pido que cuidéis en particular la formación intelectual y
espiritual permanente de vuestros sacerdotes. A vosotros, queridos hermanos y
hermanas, y a todos los fieles de Polonia os pido que dispenséis a vuestros
sacerdotes un amor exigente, elevando su espíritu con palabras amables, y
sosteniéndolos con una ferviente oración.
Los fieles laicos en Polonia, durante la segunda mitad del siglo pasado, dieron
numerosas pruebas de espíritu de sacrificio y de sincera adhesión a la
Iglesia. Pido a Dios que prosigan esta buena tradición y asuman con nuevo empeño
las tareas evangélicas, ocupando en la Iglesia y en la vida de la sociedad el
lugar que les corresponde en razón de su vocación específica y en virtud de
los santos sacramentos. Que el ejemplo y el aliento de los pastores estimulen el
apostolado de los laicos y reaviven la colaboración de los fieles en la formación
de un rostro nuevo de la Iglesia, al inicio del tercer milenio del cristianismo.
Con este espíritu, abrazando en la oración a los que están presentes aquí,
encomiendo a la intercesión materna de la Virgen de Jasna Góra, Reina de
Polonia, a toda la comunidad de la Iglesia en nuestra patria. Que María obtenga
para ella un desarrollo favorable y los dones necesarios en el camino de la
nueva evangelización. De corazón os bendigo a todos.
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