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VIA CRUCIS EN EL COLISEO
PALABRAS DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II
Viernes Santo, 29 de marzo de 2002
"Adoramus te, Christe". Hoy, Viernes santo, en el
centro de toda la liturgia se encuentra: "Adoramus te, Christe".
La Iglesia no pronuncia hoy las palabras sacramentales de la
Eucaristía: "Hoc est corpus meum, quod pro vobis tradetur... Hic est
enim calix Sanguinis mei, novi et aeterni testamenti, qui pro vobis et pro
multis effundetur in remissionem peccatorum".
La Iglesia canta: "Ecce lignum crucis, in quo salus
mundi pependit. Venite, adoremus. Adoramus te, Christe".
El centro de la liturgia de hoy es este. El vía crucis en
el Coliseo nos lleva también a esto: "Per sanctam crucem tuam
redemisti mundum; redemisti mundum".
Después de la muerte en cruz, el cuerpo de Cristo fue
sepultado. Esta tumba, este sepulcro, cerca del Gólgota, se ha convertido en
lugar de un misterioso cambio.
"Mors et vita duello conflixere mirando: dux vitae
mortuus, regnat vivus".
Como Cristo había anunciado, "tertia die resurrexit".
Así nosotros caminamos en esta jornada, en este Viernes santo, cerca del Gólgota,
cerca de la tumba abierta, cerca de la tumba vacía, con gran esperanza.
Mañana, Sábado santo, es el día del silencio, de la
misteriosa atención al manifestarse del misterio de la Resurrección.
"Tertia die", el domingo por la mañana, el que fue crucificado y
sepultado saldrá de la tumba.
"Mors et vita duello conflixere mirando: dux vitae
mortuus, regnat vivus".
Y nosotros lo esperamos, "tertia die", el domingo por
la mañana, como vencedor de la muerte, como Salvador del mundo.
"Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. Quia per
sanctam crucem tuam redemisti mundum".
Que el Señor nos inspire un profundo silencio y una profunda esperanza, para
llegar a aquel momento, cuando las mujeres encuentren la tumba vacía:
"No está aquí. Ha resucitado".
Resurrexit! "No está aquí". Resurrexit!
¡Alabado sea Jesucristo!
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1. Crucem tuam adoramus, Domine!– ¡Adoramos tu Cruz, oh Señor!
Al final de esta sugestiva conmemoración de la pasión de Cristo, nuestra
mirada queda fija en la Cruz. Contemplamos en la fe el misterio de la salvación,
revelada por ella. Jesús muriendo ha quitado el velo de delante de nuestros
ojos, y ahora la Cruz brilla en el mundo con todo su esplendor. El silencio
pacificador de Aquel, que la maldad humana ha colgado en aquel Leño, comunica
paz y amor. En la Cruz muere el Hijo del hombre, haciéndose cargo de todo
sufrimiento humano e injusticia. En el Gólgota muere por nosotros Aquel que con
su muerte redimió al mundo.
2. “Mirarán al que traspasaron” (Jn 19, 37)
En el Viernes Santo se cumplen las palabras proféticas que el evangelista Juan,
testigo ocular, refiere con meditada precisión. Al Dios hecho hombre, que por
amor aceptó el suplicio más humillante, lo contemplan multitudes de toda raza
y cultura. Cuando los ojos son guiados por la intuición profunda de la fe,
descubren en el Crucificado al “testigo” supremo del Amor.
En la Cruz Jesús reúne en un solo pueblo a judíos y paganos, manifestando la
voluntad del Padre celeste de hacer de todos los hombres una única familia
reunida en su nombre.
En el dolor agudo del Siervo sufriente se vislumbra ya el grito triunfante del
Señor resucitado. Cristo en la Cruz es el Rey del nuevo pueblo rescatado del
peso del pecado y de la muerte. Aunque el curso de la historia pueda aparecer
convulso y confuso, nosotros sabemos que, caminando tras la huellas del Nazareno
crucificado, alcanzaremos la meta. Entre las contradicciones de un mundo
dominado a menudo por el egoísmo y el odio, nosotros, los creyentes, estamos
llamados a proclamar la victoria del Amor. Hoy, Viernes Santo, testimoniamos la
victoria de Cristo crucificado.
3. Crucem tuam adoramus, Domine!
Sí, te adoramos, Señor elevado en la Cruz entre la tierra y el cielo, Mediador
único de nuestra salvación. ¡Tu Cruz es el estandarte de nuestra victoria!
Te adoramos, Hijo de la Virgen Santísima, erguida al pie de tu Cruz, con
actitud valiente de compartir tu sacrificio redentor.
Por medio del Leño en el cual has sido crucificado ha venido al mundo entero la
alegría – Propter Lignum venit gaudium in universo mundo. De esto
somos hoy aún más conscientes, mientras nuestra mirada se proyecta hacia el
prodigio inefable de tu resurrección. “¡Adoramos, Señor, tu Cruz, alabamos
y glorificamos tu santa resurrección!”.
Con estos sentimientos, a todos, queridos Hermanos y Hermanas, dirijo una
cordial felicitación pascual, que acompaño complacido con mi Bendición.
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