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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II A UNA
DELEGACIÓN DE BULGARIA CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE SAN CIRILO Y SAN METODIO
Sábado
11 de mayo de 2002
Queridos amigos búlgaros:
Una vez más tengo la alegría de dar la bienvenida a una delegación búlgara
con ocasión de la fiesta de san Cirilo y san Metodio. Vuestra visita ya se ha
convertido en una tradición. Este año tiene un significado especial, teniendo
en cuenta la visita que realizaré a Bulgaria dentro de dos semanas. Agradezco a
su excelencia el ministro de Asuntos exteriores las amables palabras que me ha
dirigido, y a su excelencia el metropolita Kalinik sus palabras fraternas y el
saludo que me ha transmitido de parte del patriarca Maxim. Aseguro a vuestra
delegación mis fervientes oraciones por el bienestar del pueblo búlgaro, tan
rico en historia y en humanidad.
Aunque mi visita a vuestro país tendrá una finalidad pastoral, es decir,
confirmar a mis hermanos y hermanas católicos en su fe, también deseo
ardientemente fortalecer los vínculos de comunión cristiana entre la Iglesia
católica y la Iglesia ortodoxa búlgara. Ciertamente, nuestro encuentro ayudará
a Bulgaria a consolidar sus bases cristianas en un momento en que ha terminado
el antiguo orden y una nueva vida está tomando forma en vuestro país. Sería
un servicio prestado por las Iglesias al continente europeo que trata de
construir una nueva unidad, tomando más abundantemente de las riquezas tanto de
Oriente como de Occidente.
Esta contribución estaría también en profunda sintonía con la visión de san
Cirilo y san Metodio, una visión que no ha perdido para nada su importancia a
lo largo de los siglos. Su visión, nacida del Evangelio de Jesucristo, fue una
visión de unidad en la diversidad, de libertad vinculada a la verdad, y de
esperanza ante toda aflicción. En Bulgaria visitaré al pueblo que nació de su
testimonio y encontraré la cultura que encarna el alma de sus enseñanzas.
Al Santo Sínodo le envío saludos de paz desde las tumbas de los apóstoles san
Pedro y san Pablo. Al Gobierno y al pueblo de Bulgaria les expreso mi alegría
porque pronto estaré en vuestro país. Encomendándoos a la protección de la
Madre del Salvador y a la intercesión de san Cirilo y san Metodio, invoco sobre
vuestra nación las abundantes bendiciones de Dios todopoderoso.
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