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VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO
II
A AZERBAIYÁN Y BULGARIA
ENCUENTRO CON REPRESENTANTES DEL MUNDO
DE LA CULTURA
DISCURSO DEL SANTO PADRE
Sofía,
viernes 24 de mayo de 2002
Ilustres señores; amables señoras:
1. Me alegra encontrarme con vosotros, exponentes de las diversas
expresiones de la cultura y del arte. Con vuestras competencias respectivas, hacéis
presente aquí, de alguna manera, a todo el amado pueblo búlgaro. Me dirijo a
vosotros con respeto y admiración, consciente de cuán delicada e importante
es la contribución que dais a la noble empresa de la construcción de una
sociedad en la que pueda realizarse "la mutua comprensión y la prontitud
en la cooperación mediante un generoso intercambio de los bienes culturales y
espirituales" (Slavorum
apostoli, 27).
Doy sinceramente las gracias a los que han interpretado con nobles palabras los
sentimientos de los presentes, así como a todos los que, de diversos modos, han
contribuido a la preparación de mi visita a vuestro hermoso país. También
saludo cordialmente a los promotores de la iniciativa "campanas por la
paz" y les entrego gustoso esta "campana del Papa", esperando que
sus tañidos recuerden a los niños y a los jóvenes de Bulgaria el deber y el
compromiso de desarrollar la amistad y la comprensión entre las diferentes
naciones de la tierra.
2. Este encuentro tiene lugar en un día muy significativo: en
efecto, Bulgaria celebra hoy la fiesta de los santos hermanos Cirilo y Metodio,
heraldos intrépidos del Evangelio de Cristo y fundadores de la lengua y de la
cultura de los pueblos eslavos. Su memoria litúrgica reviste un carácter
particular, pues es al mismo tiempo la "fiesta de las letras búlgaras".
Esta fiesta, que no sólo celebran los creyentes ortodoxos y católicos, lleva a
todos a reflexionar en ese patrimonio cultural, cuyo inicio se debió a la acción
de los dos santos hermanos de Tesalónica.
El kan protobúlgaro Omurtag escribió sobre la columna que se conserva en
Veliko Tarnovo, en la iglesia de los Santos Cuarenta Mártires: "El
hombre, aunque viva bien, muere, y otro nace. El que nazca más tarde, cuando
vea esta inscripción, recuerde al que la compuso" (AA.VV., Las fuentes
de la historia búlgara, ed. Otechestwo, Sofía 1994, p. 24). Así
pues, quisiera que este encuentro asumiera la característica de un solemne acto
común de veneración y gratitud hacia los santos Cirilo y Metodio, a los que en
1980 proclamé patronos de Europa juntamente con san Benito de Nursia, y
que aún hoy tienen tanto que enseñarnos a todos nosotros, en Oriente y en
Occidente.
3. Esos santos hermanos, al introducir el Evangelio en la peculiar cultura
de los pueblos que evangelizaban, con la creación genial y original de un
alfabeto, adquirieron méritos especiales. Para responder a las necesidades de
su servicio apostólico, tradujeron a la lengua local los libros sagrados
con fines litúrgicos y catequéticos, poniendo así las bases de la literatura
en las lenguas de aquellos pueblos. Por eso, con razón se les considera no sólo
los apóstoles de los eslavos, sino también los padres de su cultura.
La cultura es la expresión, encarnada en la historia, de la identidad de un
pueblo; forja el alma de una nación, que se reconoce en determinados
valores, se manifiesta en símbolos precisos, y se comunica a través de sus
propios signos.
Por medio de sus discípulos, la misión de san Cirilo y san Metodio se consolidó
admirablemente en Bulgaria. Aquí, gracias a san Clemente de Ocrida, surgieron centros
dinámicos de vida monástica, y aquí se desarrolló de manera especial el
alfabeto cirílico. Desde aquí también el cristianismo pasó a otros
territorios, hasta llegar, a través de la vecina Rumanía, a la antigua
Rus' de Kiev; luego se extendió hacia Moscú y otras regiones orientales.
La obra de san Cirilo y san Metodio constituye una contribución eminente a
la formación de las raíces cristianas comunes de Europa, las raíces que
por su profundidad y vitalidad configuran uno de los puntos de referencia
cultural más sólidos. Cualquier intento serio de restablecer de modo nuevo y
actual la unidad del continente no puede prescindir de esas raíces.
4. El criterio inspirador de la ingente obra llevada a cabo por san
Cirilo y san Metodio fue la fe cristiana. En efecto, la cultura y la fe
no sólo no se oponen, sino que mantienen entre sí relaciones semejantes a las
que existen entre el fruto y el árbol. Es un hecho histórico innegable que las
Iglesias cristianas, tanto de Oriente como de Occidente, favorecieron y
propagaron entre los pueblos, a lo largo de los siglos, el amor a la propia
cultura y el respeto a la de los demás. Así fue como se edificaron
magníficas iglesias y lugares de culto llenos de riquezas arquitectónicas y de
imágenes sagradas, como los iconos, fruto de oración y penitencia, así como
de gusto y refinada técnica artística. Precisamente por este motivo se
redactaron tantos documentos y escritos de índole religiosa y cultural, en los
que se expresó y se afinó el genio de pueblos en crecimiento hacia una
identidad nacional cada vez más madura.
El patrimonio cultural que los santos hermanos de Tesalónica dejaron a los
pueblos eslavos era el fruto del árbol de su fe, profundamente arraigada en sus
almas. Sucesivamente, se desarrollaron en aquel árbol nuevas ramas, las cuales
produjeron nuevos frutos, enriqueciendo aún más el extraordinario patrimonio
de pensamiento y arte que el mundo reconoce a las naciones eslavas.
5. La experiencia histórica demuestra que el anuncio de la fe cristiana no
sólo no mortificó, sino que, al contrario, integró y exaltó
los auténticos valores humanos y culturales típicos del genio de los países
evangelizados, y también contribuyó a su apertura recíproca, ayudándoles
a superar los antagonismos y a crear un patrimonio espiritual y cultural común,
presupuesto de relaciones de paz estables y constructivas.
Quien quiera trabajar eficazmente en la edificación de una auténtica unidad
europea no puede prescindir de estos datos históricos, que tienen una
elocuencia indiscutible. Como ya afirmé en otra ocasión, "la marginación
de las religiones, que han contribuido y siguen contribuyendo a la cultura y al
humanismo de los que Europa se siente legítimamente orgullosa, me parece que es
al mismo tiempo una injusticia y un error de perspectiva" (Discurso al
Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, 10 de enero de 2002, n.
2: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 11 de enero
de 2002, p. 3). En efecto, el Evangelio no lleva al empobrecimiento o
desaparición de todo lo auténtico que cada hombre, pueblo y nación reconocen
y realizan como bien, verdad y belleza (cf. Slavorum
apostoli, 18).
6. Volviendo la mirada atrás, debemos reconocer que, al lado de una
Europa de la cultura con los grandes movimientos filosóficos, artísticos y
religiosos que la distinguen, y al lado de una Europa del trabajo con las
conquistas tecnológicas e informáticas del siglo que acaba de concluir, existe
por desgracia una Europa de los regímenes dictatoriales y de las guerras,
una Europa de la sangre, de las lágrimas y de las crueldades más espantosas.
Tal vez también por estas amargas experiencias del pasado, en la Europa de hoy
parece aún más fuerte la tentación del escepticismo y de la indiferencia
ante el derrumbe de valores morales fundamentales de la vida personal y social.
Es preciso reaccionar. En el preocupante contexto contemporáneo urge
afirmar que Europa, para recobrar su identidad profunda, no puede por menos de
volver a sus raíces cristianas, y en particular a la obra de hombres como san
Benito, san Cirilo y san Metodio, cuyo testimonio constituye una contribución
de importancia fundamental para la renovación espiritual y moral del
continente.
Así pues, el mensaje de los patronos de Europa y de todos los místicos y
santos cristianos que han testimoniado el Evangelio entre las poblaciones
europeas es este: el sentido último de la vida y de la historia humana
nos lo ofreció el Verbo de Dios, que se encarnó para redimir al hombre del
mal del pecado y del abismo de la angustia.
7. Desde esta perspectiva, me complace mucho la iniciativa de los obispos
católicos de promover la traducción a la lengua búlgara del Catecismo de
la Iglesia católica, el cual "tiene por fin presentar una exposición
orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la
doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del concilio
Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia. Sus fuentes
principales son la sagrada Escritura, los santos Padres, la Liturgia y el
Magisterio de la Iglesia" (Prólogo, 11).
Quisiera entregarlo simbólicamente también a aquellos de entre vosotros que,
aun sin ser católicos, comparten con nosotros el único bautismo, para que
puedan conocer de cerca lo que la Iglesia católica cree y anuncia.
8. El monje Paisij, del monasterio de Chilandar, afirmaba con razón que
una nación con un pasado glorioso tiene derecho a un futuro espléndido (cf. Istoria
slavianobolgarskaia, 1722-1773).
Ilustres señores y amables señoras, el Papa de Roma os mira con confianza y
repite ante vosotros su convicción sobre la gran tarea encomendada a los
hombres y mujeres de cultura de conservar y transmitir la ciencia y la
sabiduría que han inspirado en los diversos tiempos la vida de sus respectivos
pueblos.
Deseo a Bulgaria, el hermoso país de las rosas, un "futuro espléndido"
para que, siendo como hasta ahora tierra de encuentro entre Oriente y Occidente,
con la bendición del Dios Altísimo prospere en la libertad, en el progreso y
en la paz.
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