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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio; Os dirijo a cada uno mi saludo cordial. Saludo, en particular, al arzobispo monseñor Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo pontificio para la pastoral de la salud, a quien agradezco las amables palabras con que se ha hecho intérprete de los sentimientos de todos y ha explicado las finalidades de la Conferencia. Me alegra que vuestro dicasterio lleve a cabo esta iniciativa anual, que constituye un importante momento de profundización y confrontación, así como de diálogo entre el ámbito eclesial y el civil, con una finalidad prioritaria como es la salud. El tema de esta Conferencia -"La identidad de las instituciones sanitarias
católicas"-, es de gran importancia para la vida y la misión de la
Iglesia. En efecto, al realizar la obra de evangelización, ha unido siempre, a
lo largo de los siglos, la asistencia y el cuidado de los enfermos con la
predicación de la buena nueva (cf. Dolentium hominum, 1). Desde esta perspectiva, os agradezco los esfuerzos que estáis realizando para
dar nuevo impulso a la Confederatio internationalis catholicorum hospitalium,
organismo idóneo para responder cada vez mejor a las numerosas cuestiones que
interpelan a cuantos trabajan en los diferentes sectores del mundo de la salud.
Por tanto, aliento al Consejo pontificio para la pastoral de la salud a sostener
los esfuerzos que está realizando la Confederación, para que el
servicio de caridad prestado por los hospitales católicos se inspire
constantemente en el Evangelio. Por tanto, es necesario volver a considerar desde este punto de vista "la
función de los hospitales, de las clínicas y de las casas de salud: su
verdadera identidad no es sólo la de instituciones en las que se atiende a los
enfermos y moribundos, sino ante todo la de ambientes en los que el sufrimiento,
el dolor y la muerte son considerados e interpretados en su significado humano y
específicamente cristiano. De modo especial esta identidad debe ser clara y
eficaz en los institutos regidos por religiosos o relacionados de alguna manera
con la Iglesia" (Evangelium vitae, 88). Queridos hermanos, con estos deseos, os encomiendo a todos a la protección maternal de la santísima Virgen, Salus infirmorum, a la vez que, expresándoos mis mejores deseos para vuestro servicio eclesial y para vuestra actividad profesional, os imparto de corazón a vosotros, así como a vuestros familiares y a vuestros seres queridos, una especial bendición apostólica.
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