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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LA FRATERNIDAD CATÓLICA DE COMUNIDADES
CARISMÁTICAS DE LA ALIANZA

 

A la Fraternidad católica
de comunidades carismáticas
de la Alianza


"El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo" (Rm 15, 13). Os saludo con las palabras del apóstol san Pablo, con ocasión de vuestra conferencia, que se está celebrando ahora en Roma. Ciertamente, se trata de una ocasión de gozosa acción de gracias, porque celebráis el XXXV aniversario de la Renovación carismática católica en el seno de la Iglesia. Al comenzar mi XXV año de pontificado, os agradezco las oraciones con las que me habéis acompañado y vuestra fidelidad al ministerio que se me ha confiado. Vuestra contribución a la vida de la Iglesia, con vuestro testimonio fiel de la presencia y la acción del Espíritu Santo, ha ayudado a muchas personas a redescubrir en su vida la belleza de la gracia que han recibido con el bautismo, el pórtico de la vida en el Espíritu (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1213). Les ha ayudado a conocer la fuerza de la efusión plena del Espíritu Santo conferida en la confirmación (cf. ib., n. 1302). Me uno a vosotros para alabar a la santísima Trinidad por la obra del Espíritu, que sigue llevando de forma cada vez más plena a los hombres a la vida de Cristo y haciendo más perfectos sus vínculos con la Iglesia (cf. Lumen gentium, 11).

Vuestra reflexión sobre la vida familiar, la juventud y la promoción humana no puede por menos de abrir vuestro corazón y vuestra mente a las necesidades de la humanidad, que se esfuerza por encontrar una finalidad en un mundo turbado con mucha frecuencia por una "crisis de sentido" (Fides et ratio, 81). Sois plenamente conscientes de la urgencia de una nueva evangelización, una evangelización de la cultura, para que la vida se caracterice por la esperanza más que por el miedo o el escepticismo. En mi carta apostólica Novo millennio ineunte animé a todos a confiar en las palabras de Cristo a Pedro:  "Rema mar adentro" -"Duc in altum!"- (Lc 5, 4). Os exhorto a hacer que vuestras comunidades sean signos vivos de esperanza, faros de la buena nueva de Cristo para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo.

Ser testigos auténticos de la esperanza significa ser testigos auténticos de la verdad y de la visión de la vida confiada a la Iglesia y proclamada por ella. La comunión de fe y de vida, en unión cordial con los sucesores de los Apóstoles, es de por sí un fuerte testimonio del ancla de verdad que el mundo tanto necesita. Por eso, el gran desafío que afrontamos en este nuevo milenio consiste en hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión (cf. Novo millennio ineunte, 43). Y desde luego, lo que es un desafío para toda la Iglesia, lo es también para la Fraternidad católica de comunidades carismáticas de la Alianza. La fidelidad a la índole eclesial de vuestras comunidades hará que su oración y su actividad sean instrumentos del profundo misterio vivificante de la Iglesia. Precisamente esto determinará su capacidad de atraer a nuevos miembros. Así, con san Pedro, os exhorto a dar razón de la esperanza que hay en vosotros; pero hacedlo con dulzura y respeto (cf. 1 P 3, 15-16).

Encomendando los trabajos de vuestra conferencia a la protección constante de María, Madre de la Iglesia y Sede de la Sabiduría, os imparto de buen grado mi bendición apostólica a cada uno de vosotros y a las comunidades que representáis.

Vaticano, 7 de noviembre de 2002

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