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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS SUPERIORES, FORMADORES Y ALUMNOS
DE LOS SEMINARIOS MAYORES DE SICILIA

Sábado 16 de noviembre de 2002

 

Señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
amadísimos seminaristas: 


1. Con gran alegría os acojo y os saludo cordialmente a todos. Saludo, en primer lugar, al cardenal Salvatore De Giorgi, arzobispo de Palermo, al que agradezco las amables palabras con las que se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos comunes. Saludo a los prelados de las dieciocho diócesis de vuestra isla, en las que está presente el seminario mayor. Saludo a los rectores, a los profesores y a los formadores, y especialmente a vosotros, queridos seminaristas, que representáis una gran esperanza para la comunidad eclesial en Sicilia.

Durante los últimos años la Conferencia episcopal siciliana ha hecho más intensa y directa su atención a los seminarios. A este propósito, ha sido particularmente significativo el encuentro de los obispos con los superiores de los seminarios y los decanos de la facultad teológica y de los institutos vinculados a ella, para examinar juntos los resultados de una esmerada investigación sobre la vida de los seminarios.

Esta colaboración de los obispos, los superiores y los profesores de los seminarios responde a una exigencia fundamental de la formación de los futuros ministros del altar. En efecto, "el primer responsable de la formación sacerdotal es el obispo, que debe reconocer la llamada interior del Espíritu como auténtica llamada" (Pastores dabo vobis, 65). Por eso, a semejanza del Maestro, que "llamó  a  los  que  él  quiso (...) e instituyó Doce, para que estuvieran con él" (Mc 3, 13-14), conviene que el obispo se esfuerce por conocer personalmente a sus seminaristas, los escuche y, en cierto modo, "esté con ellos", para que ellos estén con él (cf. Mc 3, 14).

2. Aunque los colaboradores directos del obispo en esta importante tarea son los superiores y los profesores del seminario, el mismo candidato al sacerdocio debe convertirse en protagonista de su propia formación. En este contexto es muy importante la organización de las asambleas anuales denominadas "Diálogo", organizadas directamente por vosotros, queridos seminaristas, con la aprobación y la guía de vuestros pastores. Además, el Centro regional de formación permanente del clero, dedicado a la "Madre del Buen Pastor", con sede en Palermo, pone de relieve y fortalece "el vínculo intrínseco" de la formación permanente de los sacerdotes con la del seminario, de la que es una significativa prolongación. Es importante que los sacerdotes participen en las iniciativas organizadas tanto en las diversas diócesis como en la región, sobre todo durante los primeros años después de la ordenación. No hay que olvidar que "aunque es comprensible una cierta sensación de saciedad que ante ulteriores momentos de estudio y de reuniones puede afectar al joven sacerdote apenas salido del seminario, ha de rechazarse como absolutamente falsa y peligrosa la idea de que la formación presbiteral concluya con su estancia en el seminario" (Pastores dabo vobis, 76).

3. Doy gracias a Dios, juntamente con vosotros, por el aumento de las vocaciones que se verifica en Sicilia. Es un estímulo a intensificar la oración al Dueño de la mies para que envíe más obreros a su mies (cf. Mt 9, 38), así como a desarrollar una eficaz, vasta e intensa pastoral de las vocaciones en las parroquias, los centros educativos y las familias. Al mismo tiempo, el aumento del número debe ir acompañado por el de la calidad, mediante la atención constante a la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral de los jóvenes aspirantes.

La formación humana es el fundamento de toda la formación sacerdotal y es importante que el seminario sea un lugar privilegiado en el que se cultiven las cualidades humanas necesarias para la construcción de personalidades equilibradas y maduras, fuertes y libres, capaces de llevar, como sacerdotes, el peso de las responsabilidades pastorales.

La formación humana se completa con la formación espiritual, cuyos elementos fundamentales, sabiamente indicados por el concilio Vaticano II en el decreto Optatam totius (cf. n. 8), analicé en la exhortación Pastores dabo vobis (cf. nn. 47-50). Es preciso cultivar una comunión íntima con Dios en la escucha dócil de su Palabra y en la oración, personal y litúrgica, especialmente en el rezo de la Liturgia de las Horas y en la participación diaria en la celebración eucarística, manantial siempre fresco de caridad pastoral. Tomando de él, el joven se forma en "el espíritu de la propia abnegación", "el sentido de la Iglesia", "la obediencia sacerdotal", "el tenor de vida pobre", para "vivir el celibato como don precioso de Dios" y "la opción de un amor más grande e indiviso a Cristo y a su Iglesia" (cf. ib. 49-50). Todo esto resulta más fácil si en el seminario se respira un clima de recogimiento, "como atmósfera espiritual indispensable para percibir la presencia de Dios y dejarse conquistar por ella" (ib., 47).

4. En el actual contexto sociocultural, marcado a menudo por una difundida indiferencia religiosa, por una desconfianza en las capacidades reales de la razón de alcanzar la verdad objetiva y universal, y por problemas e interrogantes inéditos, la formación intelectual exige un elevado nivel de empeño en el estudio, con plena fidelidad al magisterio de la Iglesia (cf. ib., 51-55). Los sacerdotes deben esforzarse por estar a la altura de la complejidad de los tiempos, para ser capaces de "afrontar, con competencia, claridad y profundidad los interrogantes vitales del hombre de hoy, a los que sólo el Evangelio de Jesús da la respuesta plena y definitiva" (ib., 56).

Por último, la formación pastoral es la meta de todo el programa formativo en el seminario, porque tiende a "formar auténticos pastores de almas, a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, maestro, sacerdote y pastor" (Optatam totius, 4). De aquí la necesidad del estudio de la teología pastoral, acompañado de la experiencia en algunos servicios pastorales, que constituyen una "verdadera iniciación en la sensibilidad del pastor" y la "asunción de manera consciente y madura de sus responsabilidades" (Pastores dabo vobis, 58).

5. Queridos seminaristas, encomendad vuestro camino vocacional y formativo a la Virgen santísima, venerada en Sicilia con el título de Odigitria. Acudid incesantemente a ella, amadla con afecto filial e invocadla con confianza ilimitada. Familiarizaos con la oración del santo Rosario, que tanto aprecio, oración eminentemente contemplativa que, a través de la meditación de los misterios de Cristo con los ojos y el corazón de María, favorece su "asimilación" en la propia vida, impulsando a una "configuración cada vez más plena con Cristo" (Rosarium Virginis Mariae, 26).

A cada uno de vosotros y a vuestras familias, así como a los responsables de vuestra formación y a las comunidades a las que pertenecéis, aseguro un constante recuerdo en la oración, a la vez que os bendigo de corazón a todos.

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