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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS FORMADORES Y ALUMNOS
DEL COLEGIO GERMÁNICO-HUNGÁRICO


Lunes 28 de octubre de 2002 

 

Eminencias;
estimados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
reverendo padre rector;
queridos seminaristas y huéspedes: 


1. En el marco de las celebraciones con ocasión del 450° aniversario del Collegium Germanicum et Hungaricum, os doy la bienvenida con gran alegría aquí, en el palacio apostólico. Este jubileo nos estimula a considerar con gratitud la ilustre historia del Colegio y a seguir el espíritu de su fundación, para comprender su misión tanto en la actualidad como en el futuro.

2. Desde hace siglos el Germanicum une a los seminaristas procedentes de los territorios del que fue el Sacro Imperio Romano de la nación alemana. Sin duda, la convivencia bajo el mismo techo de una única fe católica es un gran enriquecimiento para todos. Además, desde el comienzo, en el Colegio ha estado presente la idea de internacionalización. En este clima espiritual, el lema de san Ignacio de Loyola se ha realizado brillantemente durante la larga historia del "Collegium Germanicum":  Omnia ad maiorem Dei gloriam!

3. Queridos candidatos al sacerdocio, aquí, en Roma, podéis vivir la admirable experiencia de la eclesialidad universal. Utilizad este tiempo para aprender bien la "romanitas" auténtica:  un amor y una lealtad profundos al Sucesor de Pedro, así como una obediencia interior y exterior a la enseñanza y a la disciplina de la Iglesia os hacen artífices de la necesaria renovación de la vida eclesial en vuestros países de origen. No pocos diplomados de vuestro colegio han contribuido con su actividad a la creación de un vínculo más estrecho entre la Santa Sede y las Iglesias particulares de vuestra patria. También a vosotros os corresponde este cometido, un compromiso que deriva del hecho de haber estudiado en Roma.

4. Queridos amigos, vuestro objetivo común es el sacerdocio de Jesucristo. Sed sacerdotes santos. Haced de la santa misa vuestro centro espiritual diario y orad mucho.

Tened el rosario en la mano, para "contemplar con María el rostro de Cristo" (Rosarium Virginis Mariae, 3). Cristo, Señor y Redentor, desea ser vuestra vida y vuestra pasión total.
Imparto de corazón a los presentes y a los alumnos del Colegio, así como a vuestros huéspedes y familiares, la bendición apostólica.

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