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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 
AL PRESIDENTE DE ESLOVAQUIA*
 

Lunes 28 de octubre de 2002 

 

Señor presidente: 

1. Con alegría le doy mi cordial bienvenida, en esta visita que ha querido hacerme con ocasión del décimo aniversario de la independencia de la República Eslovaca. Recuerdo con agrado el saludo que nos intercambiamos el pasado día 18 de agosto en Cracovia, durante mi peregrinación a Polonia. El encuentro de hoy confirma los sentimientos de recíproca consideración que animan las relaciones entre su país y la Santa Sede.

Al dirigirme a usted, señor presidente, deseo enviar mi afectuoso saludo a los amadísimos habitantes de la tierra eslovaca, que desde hace siglos miran al Sucesor de Pedro con sentimientos de profunda devoción y sincera adhesión. Se trata de un vínculo estrecho y recíproco, que desde los tiempos de san Cirilo y san Metodio se ha desarrollado y fortalecido cada vez más. La fe del pueblo eslovaco es sólida y rica, entre otras causas, gracias a la obra de pastores iluminados y generosos, que han sabido estar cerca de sus fieles tanto en las circunstancias alegres como en las tristes.

Con su fuerte identidad cristiana, el pueblo eslovaco mira con confianza a Europa, a la que pertenece por situación geográfica, por historia y por cultura. Estoy seguro de que el próximo ingreso de su país en la Unión europea, además de ser benéfico para Eslovaquia, contribuirá al bienestar y a la estabilidad de todo el continente. A diez años de la independencia, es preciso destacar el largo camino recorrido y las metas alcanzadas, a pesar de los complejos problemas que en este tiempo se han ido presentando.

2. La actual circunstancia tiene también otro significado desde el punto de vista de las relaciones bilaterales. En efecto, hoy tendrá lugar el intercambio de instrumentos de ratificación del acuerdo, firmado en Bratislava el pasado 21 de agosto, sobre la asistencia religiosa a los fieles católicos en las Fuerzas armadas y en los Cuerpos armados de la República. Ese acuerdo es una de las consecuencias del Acuerdo-base que se estableció, en noviembre del año 2000, entre la Santa Sede y Eslovaquia.

La Iglesia no busca privilegios ni favores; únicamente pide poder cumplir su misión, en el respeto de las leyes que regulan la convivencia civil. Por eso, reconociendo plenamente la soberanía del Estado, desea entablar una relación de diálogo cordial y constructivo con sus diversas instituciones. La única finalidad que la impulsa es servir lo mejor posible, en su ámbito de competencia, al pueblo eslovaco. Este diálogo resulta aún más útil por el hecho de que la Iglesia católica ha tenido que atravesar, también en Eslovaquia, antes de la independencia, un duro período de persecución bajo el régimen comunista. Ahora vive y actúa en la libertad y quiere contribuir al bienestar integral del pueblo del que forma parte.

La importancia de la acción de la Iglesia resulta evidente sobre todo en las circunstancias actuales, en las que la joven democracia debe afrontar problemas relacionados con la herencia de la ideología marxista, pero también con el tumultuoso proceso de modernización, con el fenómeno del desempleo y con el consiguiente peligro, para cuantos sufren necesidad, de verse implicados en actividades ilegales.

3. Señor presidente, la reconocida fuerza de espíritu de sus compatriotas, la sólida tradición cristiana y el deseo de edificar en la libertad su presente y su futuro, hacen esperar un gran porvenir para el pueblo eslovaco.

A la vez que expreso mi viva complacencia por la atención que el Gobierno y el Parlamento de la República prestan a la misión de la Iglesia, deseo confirmar la comprensión y el apoyo de la Santa Sede y del Episcopado eslovaco a los esfuerzos que su noble nación está realizando con miras a una sociedad libre, pacífica y solidaria.

Con estos sentimientos, a la vez que le aseguro el recuerdo en la oración, le imparto de corazón mi bendición a usted, a los que lo acompañan y a todos sus compatriotas.



*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.44 p.6 (p.550).

 

© Copyright 2002 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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