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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL QUINTO GRUPO DE OBISPOS DE BRASIL
EN VISITA "AD LIMINA"


Sábado 28 de septiembre de 2002

 

Queridos hermanos en el episcopado: 

1. Con alegría os recibo hoy, pastores de la Iglesia de Dios en Brasil, que habéis venido de las sedes metropolitanas de Olinda y Recife, Paraíba, Maceió y Natal, y de las diócesis sufragáneas. Son Iglesias que tienen una rica tradición espiritual y misionera -una de ellas santificada por el martirio de sacerdotes, religiosos y laicos-, y han sido enriquecidas con las sólidas virtudes de numerosas familias cristianas que han consolidado la fe de vuestro suelo patrio. Venís a Roma para realizar esta visita ad limina, venerable institución que ha contribuido a mantener vivos los profundos vínculos de comunión que unen a cada obispo con el Sucesor de Pedro. Vuestra presencia aquí me hace sentir también cercanos a los sacerdotes, religiosos y fieles de las Iglesias particulares que presidís.

Agradezco al señor obispo Fernando Antônio Saburido, presidente de la región Nordeste-2, las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos, renovando expresiones de afecto y estima y haciéndome partícipe de vuestras preocupaciones y proyectos pastorales. Esta ocasión me es propicia para recordar a mons. Antônio Soares Costa, su predecesor al frente de esta Región, quien, por un misterioso designio de la Providencia, falleció a mediados de este año; que Dios lo tenga en su gloria. Pido al Señor lleno de misericordia que, en vuestras diócesis y en todo Brasil, progresen siempre la misma fe, la esperanza, la caridad y el valiente testimonio de todos los cristianos, en conformidad con la herencia recibida por la Iglesia desde los tiempos de los Apóstoles.

2. En primer lugar, deseo hacer constar mi profunda gratitud por el celo con el que desempeñáis la misión que se os ha confiado, frecuentemente en circunstancias difíciles para apacentar vuestra grey. Muchas veces el pastor debe tomar decisiones, "graviter onerata conscientia", sobre asuntos que no sólo conciernen a una persona, sino también a una comunidad o a instituciones de su diócesis. "Dios, a quien venero en mi espíritu predicando el Evangelio de su Hijo, me es testigo de cuán incesantemente me acuerdo de vosotros" (Rm 1, 9). A él le pido fervientemente que os mantengáis firmes en la fe y seáis valientes en la esperanza que se os ha dado, "pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, (...) ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades ni la altura, ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 8, 38-39).

Conozco la dinámica de vuestras asambleas y vuestro esfuerzo por definir los diversos planes pastorales, que dan prioridad a la formación del clero y de los agentes de pastoral. Algunos de entre vosotros han fomentado movimientos de evangelización para facilitar el agrupamiento de los fieles en una misma línea de acción. En estos últimos años he querido nombrar nuevos pastores en algunas diócesis, como las de Floresta, Guarabira y Palmares, por citar sólo algunas, permitiendo proseguir así la obra de evangelización en aquellas regiones. El Sucesor de Pedro cuenta con vosotros para que vuestra preparación se apoye siempre en la espiritualidad de comunión y de fidelidad a la Sede de Pedro, a fin de garantizar que la acción del Espíritu no sea vana. En efecto, la integridad de la fe, junto con la disciplina eclesial, es y seguirá siendo siempre un tema que exigirá atención y desvelo por parte de todos vosotros, especialmente cuando se trata de ponderar que existe "una sola fe y un solo bautismo".

3. Como sabéis, entre los diversos documentos que se ocupan de la unidad de los cristianos, está el Directorio para el ecumenismo, publicado por el Consejo pontificio para la unidad de los cristianos. Varios párrafos de este documento describen la "formación de los que se dedican al ministerio pastoral" (nn. 70-86), la "formación especializada" de los agentes ecuménicos (nn. 87-90) y la "formación permanente" de los presbíteros y diáconos y otros agentes de pastoral "en una actualización continua, teniendo en cuenta que el movimiento ecuménico está en evolución" (n. 91).

Estas normas podrían dar una sana orientación al estudio teológico. El fundamento, el centro y el objetivo final de la fe es Cristo, y la misión de la Iglesia consiste en anunciarlo como nuestro único Salvador. La acción de la Iglesia se realiza, en particular, mediante el ministerio de los sacerdotes. Por eso, deseo renovar, una vez más, mi exhortación a considerar como el aspecto más importante de vuestra solicitud pastoral el promover las vocaciones sacerdotales. Para servir a la numerosa población de fieles católicos, hacen falta sacerdotes dotados de una formación adecuada, que les permita asumir la gravosa tarea de representar a la persona de Cristo ante las comunidades locales.
Por otro lado, una adecuada formación de los agentes de pastoral, como apoyo a la evangelización promovida por los obispos y presbíteros, será de gran utilidad para estimular la convivencia y el testimonio de fe en los ambientes más difíciles.

4. "Para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros" (Jn 17, 21).

Lo que fue al mismo tiempo una exhortación y una oración, "nos revela la unidad de Cristo con el Padre como el lugar de donde brota la unidad de la Iglesia y como don perenne que, en él, recibirá misteriosamente hasta el fin de los tiempos" (Novo millennio ineunte, 48). Estas consideraciones, hechas inmediatamente después del inicio del nuevo milenio, nos recuerdan la importancia de acoger y fomentar decididamente el espíritu ecuménico con las demás Iglesias y comunidades eclesiales.

En el umbral del año 2000 tuve la oportunidad de dar inicio a la Campaña de fraternidad, invitando a dialogar con los hermanos en la fe, siendo corresponsables con la Iglesia en su misión pastoral y salvadora. El acercamiento entre todos los cristianos en el camino ecuménico promovido por el Consejo nacional de las Iglesias cristianas de Brasil, para que todos los hombres crean en Cristo, ha contribuido a un mayor entendimiento, en una búsqueda común de la unidad querida por el Señor.

Pero se trata de ver concretada esa unidad en el espíritu y en la vida, no sólo en vuestras regiones, sino en todo el país. Ciertamente, Brasil sigue siendo una nación principalmente católica, en la que conviven, sin embargo, muchas otras Iglesias y comunidades eclesiales, con las cuales es importante cultivar buenas relaciones con vistas a una acción evangelizadora más incisiva.

5. La perspectiva ecuménica de la teología apela al asentimiento de la fe contenida o explicitada en las sagradas Escrituras y en la Tradición, y enseñada por el magisterio de la Iglesia. Conozco el esfuerzo de vuestras diócesis encaminado a establecer las bases de un sano ecumenismo. Pero, si bien el mismo Directorio antes citado afirmaba que "la diversidad es una dimensión de la catolicidad" (n. 16), eso no debe inducir a un cierto indiferentismo que nivele, en un falso irenismo, toda las opiniones.

Expreso mis mejores deseos de que el esfuerzo de las comunidades cristianas por alcanzar la tan anhelada unidad, se base siempre en la verdad de que "Dios manifestó ya la Iglesia en su realidad escatológica", puesto que "los elementos de esta Iglesia ya dada existen, juntos en su plenitud, en la Iglesia católica y, sin esta plenitud, en las otras comunidades" (Ut unum sint, 14).

Por tanto, no existe incompatibilidad entre la afirmación de una adhesión incondicional a la verdad de Jesucristo y el respeto a las conciencias. Si la religión no es sólo una cuestión de conciencia, sino también de libre adhesión a la verdad, que puede ser acogida o no, no se debe transigir en su contenido; por eso, es preciso ilustrarla, sin dejar pasar los elementos contenidos en los datos revelados. Tal es la importancia de vuestro empeño en constituir formadores aptos para garantizar la máxima fidelidad en la enseñanza teológica. Formar las conciencias, en plena fidelidad al plan de salvación revelado por el Redentor de los hombres, es tarea de gran responsabilidad de los pastores y de sus presbíteros.

La catequesis es, sin duda, otro campo que merece particular atención, puesto que la existencia de escuelas, colegios y universidades católicas o no constituye la base cultural y educativa del pueblo de esa gran nación. Brasil ha sido siempre la cuna de una convivencia serena entre las diversas concepciones del pensamiento, y no podrá dejar de serlo. Además de la actitud típica de acogida y de convivencia, capaz de abrir los brazos a personas procedentes de diferentes lugares, el alma de vuestro pueblo ha sabido cultivar siempre los valores de la libertad y del respeto mutuo, como algo inherente a su cultura y a su formación. ¿No tendrá este aspecto mucha importancia para la educación en el verdadero ecumenismo?

6. Así pues, amados hermanos en el episcopado, no dudéis que prestáis el mejor servicio a la causa del ecumenismo cuando, en la catequesis para adultos o jóvenes, proporcionáis una profunda educación a la libertad, porque "donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad" (2 Co 3, 17). El cristiano, cuando vive de modo íntegro su fe, es polo de atracción, inspira confianza y respeto; jamás impone sus convicciones religiosas, sino que sabe transmitir la verdad sin defraudar la confianza depositada en él. Transige con las personas, pero no transige jamás con el error. Por esa razón, el Catecismo de la Iglesia católica afirma:  "Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la  fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina" (n. 1740).

Quiera Dios que este espíritu se refleje en las diversas iniciativas pastorales que emprendáis a partir de nuestro encuentro romano. Enseñar la verdadera dignidad de la persona en el trabajo y en el hogar, en el campo y en la ciudad. Habituarse a respetar y a convivir con quien piensa de otro modo; transmitir paz a los corazones divididos; y rezar por todos, para que la gracia de Dios ablande los corazones endurecidos tal vez por el mal ejemplo de conducta.
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7. Para testimoniar la caridad que nos une, propuse al inicio de este siglo "hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión:  es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo" (Novo millennio ineunte, 43).

El cristiano, insertado en ella e impregnado de este espíritu, sabrá aprovechar toda ocasión para unirse a sus anhelos y esperanzas:  así pues, sean también vuestras las alegrías y los dolores de la Iglesia; procurad fomentar la solidaridad con los cristianos perseguidos a causa de su fe en muchos países. Al mismo tiempo, tratad de fomentar la oración constante, para que el Señor se digne apresurar la tan anhelada unidad de la fe a la que todos aspiramos.

Queridos hermanos, os aseguro una vez más mi profunda comunión en la oración, con una firme esperanza en el futuro de vuestras diócesis, en las que se refleja un país siempre joven, dispuesto a afrontar los nuevos desafíos del inicio de este siglo. El Señor os conceda la alegría de servirlo, guiando en su nombre las Iglesias particulares que se os han confiado. La Virgen santísima y los santos patronos de cada lugar os acompañen y protejan siempre.

A vosotros, amados hermanos en el episcopado, y a vuestros fieles diocesanos, otorgo de corazón la bendición apostólica.

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