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MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN LA "MARCHA DE PENITENCIA"
ORGANIZADA POR LA ORDEN DE LOS MÍNIMOS 

 

Al reverendísimo padre
Giuseppe FIORINI MOROSINI
Superior general de la Orden de los Mínimos


1. Me ha alegrado saber que el próximo 2 de abril tendrá lugar en la ciudad de Paula, con la aprobación del arzobispo diocesano, monseñor Giuseppe Agostino, la primera "Marcha de penitencia", organizada por el consejo de pastoral juvenil de esa Orden, y a la que están invitados de modo particular los jóvenes. Me alegra dirigirle mi más cordial saludo, con mis mejores deseos, a usted, querido padre, a los organizadores, a sus hermanos y a cuantos participen en esa valiosa iniciativa, que se repetirá todos los años con ocasión del aniversario de la muerte de san Francisco de Paula.

2. La oportuna manifestación se realiza este año en un período marcado por no pocas preocupaciones y sufrimientos, también a causa de la guerra actual. Por tanto, constituye una ocasión muy oportuna para invitar a reflexionar y a implorar para la humanidad el don fundamental de la paz. Es, en cierto modo, una continuación ideal de la "Jornada de oración y ayuno", con la que comenzó la Cuaresma. Estos fuertes momentos espirituales ayudan a tomar cada vez mayor conciencia de la urgente necesidad de construir la paz incluso a costa de sacrificios personales. Es preciso estar dispuestos a renunciar también a algo legítimo, con vistas a un bien superior. Es necesario, sobre todo, ser conscientes de que todo se puede obtener de Dios con la oración. Al mismo tiempo, la Marcha puede convertirse en una escuela de vida, porque permite hacer referencia a los ejemplos y enseñanzas luminosos del santo de Paula, que no dudó en poner su opción de penitencia evangélica al servicio de la Iglesia y de la sociedad.

3. Habiendo vivido en una época no exenta de dificultades y problemas a causa de varios conflictos persistentes, se comprometió a trabajar en favor de la paz, haciendo penitencia y mediando entre las partes implicadas. En 1494, mientras sobre Italia se cernían densos nubarrones, afirmó:  "No me canso de rezar por la paz". Definía la paz como "el mayor tesoro que los pueblos pueden tener", y "una santa mercancía que vale la pena adquirir aunque sea a un precio elevado".
Reverendísimo padre, lo animo a usted, a sus hermanos y a los jóvenes participantes en la Marcha a acoger dócilmente, siguiendo el ejemplo del santo de Paula, la "dulce pedagogía" de la penitencia evangélica, para aprender el verdadero secreto de la paz. Como enseña este santo, para obtener la paz en todos los ámbitos hacen falta la conversión del corazón y un cambio real de vida.

Deseo de corazón que la "Marcha de la penitencia" contribuya a que madure en las conciencias de las nuevas generaciones un sincero propósito de paz, que es preciso alimentar a través de un itinerario de abnegación personal con espíritu de penitencia.

Con estos sentimientos, a la vez que invoco la intercesión celestial de la Virgen María, Reina de la paz, y de san Francisco de Paula, imparto con afecto al pastor de la archidiócesis, a usted, reverendísimo padre, a toda la Orden de los Mínimos, a los organizadores, a los jóvenes y a todos los participantes en la marcha penitencial, una especial bendición apostólica.

Vaticano, 29 de marzo de 2003

 

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