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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A DIFERENTES GRUPOS DE PEREGRINOS
Castelgandolfo, sábado 23 de agosto de 2003
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1. Os doy la bienvenida a todos vosotros, queridos peregrinos con los que tengo
la alegría de encontrarme hoy.
Saludo, en particular, a los fieles de la parroquia de la Natividad de la
santísima Virgen, en Miane, diócesis de Vittorio Véneto. Queridos hermanos,
al pensar en vuestra hermosa tierra me viene a la memoria el recuerdo de mi
venerado predecesor Juan Pablo I, que amaba la parroquia de Miane, y también yo
estoy unido a vuestra comunidad por un profundo afecto. ¡Gracias por esta
visita!
Habéis traído con vosotros la estatua de Nuestra Señora del Carmen, con las
coronas para la Virgen y para el Niño, que bendigo de buen grado. Deseo
expresaros mi aprecio por vuestra iniciativa de rezar el rosario durante este
año dedicado a él: os animo a todos -familias, jóvenes y ancianos- a contemplar
asiduamente con María el rostro de Cristo, para ser siempre sus discípulos y
testigos fieles.
Saludo también al grupo del Movimiento juvenil salesiano del Trivéneto.
Vuestra presencia, queridos jóvenes, me brinda la ocasión de recordar, una vez
más, la actualidad del carisma y del mensaje de don Bosco, especialmente para
las nuevas generaciones. En efecto, el espíritu salesiano ayuda a los jóvenes a
comprender que el Evangelio es fuente inagotable de vida y alegría. Vivid
también vosotros esta estupenda realidad: siguiendo la enseñanza de don Bosco,
sed siempre alegres, generosos y valientes al combatir el mal con el bien,
artífices de esperanza y de paz en todos los ambientes de la vida.
Saludo con afecto al comandante y a los carabineros de la Compañía de
Castelgandolfo, que durante todo el año prestan generosamente su servicio en las
Villas pontificias.
Me complace, asimismo, saludar a la delegación de la pastoral juvenil de la
Conferencia episcopal italiana, que en estos días va en peregrinación a la Cruz
de Adamello. ¡Gracias por vuestra generosidad!
2. Saludo con afecto a monseñor Jaime Traserra, obispo de Solsona, y a los
sacerdotes y jóvenes que peregrináis desde Roma hasta Asís. Queridos
jóvenes: ¡no tengáis miedo! Dejaos guiar por el Espíritu en el camino de
discernimiento vocacional. Sé que en vuestros corazones hay un profundo deseo de
servir generosamente al Señor y a los hermanos. Que os acompañe siempre el amor
a la Virgen María y mi cordial bendición.
3. Dirijamos ahora nuestra mirada a la Virgen santísima, a la que ayer veneramos
con el hermoso título de "Reina". Que María, la "esclava del Señor", nos haga
cada vez más conscientes de que el verdadero modo de reinar es servir. Y
nos obtenga también prestar con alegría nuestro servicio a Dios y al
prójimo. Con este deseo, os agradezco nuevamente vuestra visita y os bendigo a
todos de corazón.
Saludo cordialmente a los peregrinos de Katowice, de la parroquia de la catedral
de Cristo rey.
Sé que habéis venido con ocasión del 25° aniversario de mi pontificado. Os
agradezco el recuerdo y la benevolencia. Y yo recordaré que un día en este
cuarto de siglo el Papa visitó vuestra catedral. Tengo presente aquel encuentro
con los enfermos y los inválidos del trabajo, que tuvo lugar hace veinte años.
Recuerdo también el encuentro con los habitantes de Silesia en la explanada del
aeropuerto. Juntamente con vosotros doy gracias a Dios por esos encuentros y por
todos los frutos que han producido. Y pido por Silesia, porque conozco cuántos
problemas afligen a esa región y cuántas personas sufren por falta de trabajo y
de pan. Espero que con la ayuda de Dios se logre pronto salir al encuentro de
las necesidades de los hombres que afrontan un duro trabajo.
Os bendigo de corazón a vosotros y a vuestros seres queridos. Que Dios os dé su
alegría.
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