 |
ALOCUCIÓN
DEL PAPA JUAN PABLO II A CUATRO NUEVOS EMBAJADORES ANTE LA SANTA SEDE*
Viernes 12 de diciembre de 2003
Excelencias:
1. Me alegra acogeros para la presentación de las cartas que os acreditan como
embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de vuestros países respectivos:
Dinamarca, Singapur, Qatar y Estonia.
A la vez que os agradezco las corteses palabras de vuestros jefes de Estado que
me habéis transmitido, os ruego que les expreséis mis mejores deseos para sus
personas y para su elevada misión al servicio de sus pueblos. A través de
vosotros, saludo a las autoridades civiles y religiosas de vuestros países, y a
todos vuestros compatriotas; así mismo, os pido que les transmitáis mis deseos
más cordiales y fervientes.
2. El fin del año civil es un tiempo propicio para analizar la situación del
mundo y los acontecimientos de los que somos testigos. Como todos los
diplomáticos, os dedicáis a establecer vínculos entre las personas y entre los
países, favoreciendo la paz, la amistad y la solidaridad entre los pueblos. Lo
hacéis en nombre de vuestros gobiernos, que se interesan por una globalización
de la fraternidad y de la solidaridad, con la certeza de que lo que une a los
hombres es más importante que lo que los separa. El futuro de los pueblos y la
esperanza del mundo dependen del respeto de esos valores humanos fundamentales.
3. Para un desarrollo duradero, como para la estabilidad internacional y la
credibilidad misma de las instancias de gobierno, nacionales e internacionales,
conviene que todos los protagonistas de la vida pública, especialmente en los
campos de la política y la economía, tengan un sentido moral cada vez más
intenso en la gestión de los asuntos públicos, y persigan como objetivo
primordial el bien común, que es más que la suma de los bienes individuales.
Exhorto a todas las personas de buena voluntad, llamadas a servir a su país, a
esforzarse siempre por poner su competencia al servicio de sus compatriotas y,
más en general, de la comunidad internacional.
4. En este tiempo, en el que los hombres de todo el mundo van a intercambiarse
deseos de paz y felicidad, expreso desde ahora estos mismos deseos a vosotros, a
vuestros gobiernos y a todos los habitantes de vuestros países, así como a toda
la humanidad. Ahora que comenzáis vuestra noble misión ante la Santa Sede, os
formulo mis votos más fervientes, invocando la abundancia de las bendiciones
divinas sobre vosotros, sobre vuestras familias, sobre vuestros colaboradores y
sobre las naciones que representáis.
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española
n. 51, 19.12.2003 p. 8.
© Copyright 2003 - Libreria Editrice Vaticana
|