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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS DIRECTORES DE LAS OBRAS MISIONALES
PONTIFICIAS DE ESTADOS UNIDOS
 

Viernes 21 de febrero de 2003

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 

Me complace daros la bienvenida, directores diocesanos de las Obras misionales pontificias de Estados Unidos, con ocasión de vuestro encuentro en Roma. Con gran alegría me uno a vosotros hoy en la inauguración de un nuevo sitio web que promete abrir un nuevo capítulo en los esfuerzos de vuestras Obras por fomentar un espíritu misionero universal en todo el pueblo de Dios.

El desarrollo de internet en los últimos años ofrece una oportunidad sin precedentes para la expansión del impulso misionero de la Iglesia, puesto que se ha convertido en la fuente principal de información y comunicación para muchos de nuestros contemporáneos, especialmente para los jóvenes. Espero que el nuevo sitio web de las Obras misionales pontificias despierte en los católicos de Estados Unidos un mayor aprecio por el mandato misionero universal de la Iglesia y una mayor conciencia de la rica variedad de culturas y de pueblos en los que el evangelio de Jesucristo sigue arraigando en nuestro tiempo. Confío en que el nuevo sitio suscite en muchas personas una fe más profunda en Cristo, lleve a un aumento de las vocaciones misioneras e impulse a un mayor compromiso en favor de la proclamación del Evangelio ad gentes y de la nueva evangelización en los países tradicionalmente cristianos.

Queridos amigos, siguiendo la línea del gran jubileo, la Iglesia está llamada a contemplar de nuevo el rostro de Cristo para cumplir con más entusiasmo su mandato de hacer discípulos a todas las gentes (cf. Novo millennio ineunte, 58). Ojalá que la actividad de vuestras Obras sea una auténtica levadura de celo misionero entre los católicos de Estados Unidos, y dé abundantes frutos para la difusión del reino de Cristo en las nuevas fronteras que se están abriendo ahora ante nosotros. Encomendándoos a vosotros y vuestro importante apostolado a las oraciones de María, Madre de la Iglesia, os imparto cordialmente mi bendición apostólica como prenda de fuerza y de paz en el Señor.

 

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