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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A
UN GRUPO DE LA FEDERACIÓN NACIONAL ITALIANA DE LOS CABALLEROS DEL TRABAJO
Sábado
22 de febrero de 2003
Ilustres señores y gentiles señoras:
1. Me alegra acogeros en esta audiencia especial, que me brinda la grata
oportunidad de encontrarme con algunos representantes cualificados del mundo del
trabajo y del empresariado en Italia. Os saludo cordialmente a todos, y en
especial al presidente de la Federación nacional de los Caballeros del trabajo,
ingeniero Mario Federici, a quien agradezco las amables palabras que me ha
dirigido en nombre de los presentes. Saludo, asimismo, al doctor Biagio Agnes,
presidente de la Comisión de comunicación e imagen.
La Orden del mérito en el trabajo es reconocida, por lo general, como una de
las más prestigiosas. Confiere el título de Caballero del trabajo a personas
que, como vosotros, se han distinguido por su capacidad empresarial y, sobre
todo, por su rigor moral en los diversos campos de las actividades productivas.
2. No sólo representáis a un grupo selecto del empresariado italiano,
sino también a los promotores de un crecimiento solidario y equilibrado de la
economía nacional.
A este propósito, permitidme que os dirija la invitación a prestar en vuestra
actividad una atención cada vez más prioritaria a los principios éticos y
morales.
En la encíclica Sollicitudo rei socialis recordé que "la cooperación
al desarrollo de todo el hombre y de cada hombre es un deber de todos para con
todos" (n. 32). Precisamente en vuestra calidad de "Caballeros del
trabajo", sed los paladines y los primeros testigos de este
"deber" universal. Se trata de una tarea más urgente aún a la luz de
la actual evolución de la sociedad, marcada por el proceso de globalización,
dentro del cual hay que salvaguardar el valor de la solidaridad, la garantía de
acceso a los recursos y la distribución equitativa de la riqueza producida.
3. En la sociedad contemporánea la familia, a menudo, parece penalizada
por las reglas que imponen la producción y el mercado. Por tanto, entre
vuestros esfuerzos debe estar el de sostenerla eficazmente, para que se la
respete cada vez más como sujeto activo también del sector de la producción y
de la economía.
Además, vuestra federación desde hace años se interesa por la formación de
los jóvenes. A este propósito, pienso en la residencia universitaria
Lamaro-Pozzani, destinada a los que frecuentan los cursos de doctorado en Roma.
Seguid invirtiendo en los jóvenes, ayudándoles a superar la brecha existente
entre la formación escolar y las exigencias reales de las empresas de producción.
Así permitiréis que las nuevas generaciones, también gracias a un sólido
arraigo en el patrimonio de los valores humanos y cristianos, contribuyan a
hacer que el mundo del trabajo sea cada vez más a la medida del hombre.
Renovando mi cordial agradecimiento por esta visita, os deseo a cada uno éxito
en los diversos campos profesionales. Invoco sobre vosotros, sobre vuestras
familias y sobre vuestros seres queridos la intercesión de san Benito de
Nursia, patrono de los Caballeros del trabajo, y de corazón os bendigo a todos.
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