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ALOCUCIÓN
DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS BARRENDEROS DE ROMA
Domingo 5 de enero de 2003
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. ¡Bienvenidos a la casa del Papa! Os saludo cordialmente a todos
vosotros y a vuestras familias. Dirijo un deferente saludo a las autoridades
presentes, en particular al señor alcalde y al presidente de la Empresa
municipal del ambiente (AMA), al que agradezco las amables palabras con las que
ha interpretado vuestros sentimientos comunes.
Es tradición, desde hace años, que el Papa vaya a visitar el característico
belén, conocido como el belén de los barrenderos, mejorado cada año
por su realizador, el señor Giuseppe Ianni. Esta vez no he ido personalmente a
verlo a vuestra sede de vía dei Cavalleggeri; me contento con admirarlo,
en cierto sentido, a través de la fotografía que me habéis traído,
juntamente con un pequeño belén construido con los mismos materiales.
Pero al concluir las fiestas navideñas, he querido invitaros yo para
corresponder a vuestra cortesía. Aquí, en el palacio apostólico y en otros
lugares del Vaticano se han montado varios belenes, con estatuas, personajes y
paisajes que reflejan la universalidad de la Iglesia. Podéis admirar uno muy
hermoso en esta sala. Hay otro grande en la plaza de San Pedro, y otro más en
la basílica vaticana. Los belenes acogen a los peregrinos y a los visitantes, y
les ayudan a evocar el misterio de la noche santa.
2. Queridos hermanos, ¡gracias de corazón por haber aceptado mi invitación!
Este encuentro, sencillo y familiar, me brinda la oportunidad de renovar mi
profundo aprecio al presidente, a los directivos y a todo el personal de la AMA
por el importante servicio que vuestra empresa presta día y noche a la ciudad y
a sus habitantes. Que Dios os ayude a realizarlo con empeño y dedicación.
Estamos al comienzo del nuevo año; por eso, os expreso con afecto mi deseo de
que 2003 sea un año de serenidad y paz para todos. La solemnidad de la Epifanía,
que celebraremos mañana, nos recuerda la manifestación de Jesús al mundo.
María santísima, que presentó a Jesús a los Magos para que lo adoraran, os
proteja a vosotros, a vuestros seres queridos, así como vuestras actividades y
vuestros proyectos. Con estos sentimientos, imparto de corazón a todos mi
bendición.
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