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ALOCUCIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS AGENTES DE LA COMISARÍA
QUE SE HALLA JUNTO AL VATICANO


Viernes 17 de enero de 2003

Señor director;
señores funcionarios y agentes: 


1. También este año habéis querido visitarme para presentarme vuestras felicitaciones al inicio del nuevo año. Os acojo de buen grado y dirijo a cada uno un saludo cordial, que extiendo de corazón a vuestras familias. Dirijo un saludo especial al doctor Salvatore Festa, que ha asumido en estos días el cargo de director general. Deseo agradecerle las amables palabras con que se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos comunes. Al mismo tiempo, dirijo un cordial saludo a su predecesor, el doctor Roberto Scigliano.

Amadísimos funcionarios y agentes, de día y de noche veláis por el orden público en las inmediaciones del Vaticano y permitís que las actividades espirituales y eclesiales en torno a la basílica de San Pedro se realicen de modo sereno y ordenado. Asimismo, os encargáis también de acompañar al Papa durante las visitas pastorales que realiza a Roma y a otras ciudades de Italia.

El servicio que prestáis con esmero y diligencia es importante y difícil:  requiere un alto sentido de responsabilidad y una constante dedicación al propio deber. Gracias de corazón por vuestra disponibilidad y por vuestra vigilancia fiel.

2. Aprovecho esta grata ocasión para renovaros la expresión de mi estima y mi gratitud por el trabajo que realizáis de manera discreta y eficiente, sacrificando a veces también comprensibles expectativas de vuestras familias. Que Dios os recompense todo.

Queridos hermanos, permitidme que os repita hoy lo que ya os he dicho en otras circunstancias.
Vuestra actividad diaria en contacto con multitud de peregrinos y visitantes, que acuden para encontrarse con el Sucesor de Pedro, os ha de estimular a profundizar cada vez más vuestra fe.
Quiera Dios que la cercanía a las tumbas de los Apóstoles sea para vosotros una constante invitación a llevar una vida ejemplar, inspirada en la adhesión plena a Cristo. Estad seguros de que la fidelidad a las propias convicciones religiosas y morales, y la aplicación coherente de los principios evangélicos, constituyen un manantial de verdadera paz y de íntima alegría.

El Papa está cerca de vosotros y ruega para que el Señor os proteja en toda circunstancia, gracias a la intercesión celestial de María, Madre del Señor.

Con estos sentimientos, invocando la abundancia de los dones divinos, os imparto de corazón a vosotros y a vuestras familias mi bendición.

 

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