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  DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CAP
ÍTULO GENERAL DE LA CONGREGACIÓN
DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚ
S (DEHONIANOS)

Martes 10 de junio de 2003

 

Queridos Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús
y miembros de la familia religiosa dehoniana:

 
1. Me alegra acogeros en esta audiencia especial, mientras los trabajos de vuestro capítulo general están a punto de entrar en su fase conclusiva. ¡Gracias por vuestra visita!

A todos os dirijo un saludo cordial, en particular al recién elegido superior general, padre José Ornelas Carvalho, a quien agradezco de corazón las amables palabras que me ha dirigido en nombre de los presentes y de todo vuestro instituto, extendido por treinta y siete naciones. A él y a los miembros del consejo general les expreso mis más fervientes deseos para un servicio de guía y animación que favorezca el auténtico progreso de la Congregación, conservando intacta su fisonomía originaria, querida por el fundador.

2. Este año se celebra el 125° aniversario de vida religiosa del venerable León Dehon. Habéis querido recordar este significativo acontecimiento con un especial Año dehoniano, que culminará el 28 de junio, día en que se conmemora la profesión de sus primeros votos religiosos, y día que él mismo reconoció como inicio de vuestra congregación. Espero que esto os estimule a volver a los orígenes, con la "fidelidad creativa" (cf. Vita consecrata, 37) que conserva inalterado vuestro carisma, caracterizado por una contemplación constante del Corazón de Cristo, por la participación consciente en su oblación reparadora y por una entrega solícita a difundir el reino del Señor en las almas y en la sociedad, porque precisamente el rechazo del amor de Dios es la causa más profunda de los males del mundo (cf. Constituciones, 4).

Esta inspiración originaria fue lo que llevó a  León  Dehon, en  la  segunda mitad del siglo XIX, a comenzar, en San Quintín (Francia), una original experiencia espiritual y misionera. El mismo entusiasmo de vuestro fundador debe guiaros, amadísimos hermanos, al discernir y reconsiderar los ámbitos de vuestra acción apostólica, implicando en el "proyecto dehoniano" también a los laicos.

3. El capítulo, que está a punto de concluir, os ha permitido "revisar" los fundamentos de vuestro carisma, con el compromiso de traducirlos a nuestro tiempo, conscientes de la valiosa actualidad de vuestra misión. Espero que atesoréis las indicaciones que han surgido de los trabajos de estos días, de modo que, a través de su actuación precisa, el camino de la Congregación prosiga con seguridad y dé frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo. Pero, para que esto suceda es necesario ante todo que Cristo siga siendo el centro de vuestra vida y de vuestras obras. El padre Dehon deseaba que sus discípulos, siguiendo fielmente al divino Maestro, fueran profetas del Amor y servidores de la reconciliación, personas totalmente orientadas a la santidad y capaces de comunicar la reconciliación y el amor que el Sagrado Corazón de Jesús, con su muerte, obtuvo para la humanidad de todos los tiempos.

4. Vosotros, amadísimos hermanos, estáis llamados en vuestro trabajo a confrontaros con los desafíos del actual momento histórico, y seguramente experimentáis que la verdadera necesidad de todo ser humano es conocer y encontrar a Dios. Pero sólo con la oración personal y comunitaria se puede obtener la energía espiritual indispensable para cumplir esta ardua misión.

Como sugiere el tema del capítulo, sed "Dehonianos en misión:  corazón abierto y solidario", dispuestos a confrontaros con las exigencias de nuestra época y a reconsiderar vuestro apostolado en los ámbitos de la espiritualidad, de la misión ad gentes, de la presencia en el campo social y de una atención singular a la cultura (cf. Constituciones, n. 31).

Es conocida también vuestra actividad en el campo de la información y de la documentación religiosa. Atentos a escrutar "los signos de los tiempos", no debe debilitarse jamás en vosotros la fidelidad a la doctrina católica y al magisterio de la Iglesia, para que prestéis, también con vuestras publicaciones, el servicio indispensable a la verdad, primera forma de caridad.

5. Queridos hermanos, la historia de vuestro instituto ha alcanzado ya la meta de los 125 años de vida y de actividad; es un camino rico en méritos y en frutos apostólicos. Proseguid con valentía y entrega.

Encomiendo a la intercesión celestial de la Virgen María, Reina del rosario, y del beato Juan María de la Cruz, protomártir de vuestra congregación, los propósitos y las opciones operativas que han surgido de los trabajos capitulares.

Pido a Dios que avancéis con renovado impulso por el camino de la santidad y del servicio al reino de Dios. Os acompaño con mi afectuoso recuerdo, a la vez que os imparto de corazón una bendición especial a vosotros aquí presentes, a vuestros hermanos y a cuantos forman parte de vuestra familia espiritual esparcida por el mundo.

       

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