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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN EL 160 ANIVERSARIO DE LA OBRA PONTIFICIA
DE LA INFANCIA MISIONERA

Sábado 14 de junio de 2003

 

Amadísimos niños y muchachos:
 
1. Os saludo con gran afecto a todos vosotros, así como a los sacerdotes y a los animadores que os han acompañado. Gracias por vuestra presencia tan numerosa en este encuentro, con ocasión del 160° aniversario de la Obra pontificia de la Infancia Misionera.

Saludo al cardenal Crescenzio Sepe, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, a quien agradezco las palabras que me ha dirigido también en nombre vuestro. Mi agradecimiento se extiende asimismo a los responsables de la Obra pontificia de la Santa Infancia que han preparado esta manifestación, a los directores de las Oficinas misioneras diocesanas y a las representaciones de las Obras misionales pontificias.

Me alegra estar hoy con vosotros, también porque hace diez años -en el 150° aniversario de vuestra asociación- no me fue posible encontrarme con vosotros.

2. Hoy renováis vuestro compromiso al servicio de las misiones, reflexionando en las palabras del profeta Isaías:  "Heme aquí, envíame" (Is 6, 8). En vuestro corazón y en vuestros labios Dios pone tan sólo dos palabras, que en la Biblia son muy importantes:  "Heme aquí". Las pronunció el Hijo de Dios cuando vino al mundo, y toda su vida consistió en responder prontamente "Heme aquí" al Padre celestial.

"Heme aquí" fue la respuesta de la Virgen María al ángel que le llevó el anuncio de Dios. Con esas palabras, la Virgen aceptó dócilmente la misión de convertirse en Madre de Jesús y, por tanto, en Madre de la Iglesia.

También vosotros, queridos pequeños misioneros, debéis aprender a responder "Heme aquí", invocando la ayuda de Jesús y de María. Si vuestra adhesión a la voluntad divina es generosa, podréis experimentar la alegría que sintieron numerosos santos y santas misioneros, que a lo largo de los siglos gastaron su vida por el Evangelio.

Es hermoso considerar la Obra pontificia de la Infancia Misionera como un inmenso coro, formado por niños de todo el mundo, que cantan juntos su "Heme aquí" a Dios con su oración, con su entusiasmo y con su compromiso concreto. Y esto desde hace 160 años, desde que el Espíritu Santo suscitó vuestra Obra, sugiriendo a monseñor Charles de Forbin-Janson, obispo de Nancy, en Francia, que se dirigiera precisamente a los muchachos para pedirles que ayudaran a los niños de China.

3. Desde entonces el lema de la Infancia Misionera sigue siendo:  "Los niños ayudan a los niños". Pero ¿cómo? Ante todo, con la oración. Como recordé en el Mensaje que os dirigí el pasado 6 de enero, todo pequeño misionero se compromete a rezar un avemaría al día por sus coetáneos lejanos.

El segundo compromiso consiste en tratar de ayudarles concretamente con vuestros ahorros. De una semillita, la Obra pontificia de la Santa Infancia se ha convertido ya en un árbol majestuoso.

Ciertamente, se han producido grandes y profundas transformaciones en la humanidad desde la mitad del siglo XIX hasta hoy. En el así llamado "norte" del mundo las condiciones de vida de la infancia han mejorado, pero el desarrollo económico y social no siempre ha ido acompañado por el desarrollo humano en sentido pleno. Se ha producido una pérdida de valores, y quienes pagan el precio más alto son precisamente los más pequeños, por no decir que incluso en las naciones desarrolladas siguen existiendo áreas de gran pobreza.

En el "sur" del planeta, el grito de millones de niños, condenados a morir de hambre y de enfermedades relacionadas con la pobreza, es cada vez más desgarrador e interpela a todos.

4. Queridos niños de la Infancia Misionera, sois los primeros en responder a este llamamiento. Formáis una cadena de solidaridad en los cinco continentes y ofrecéis también a los más pobres la posibilidad de "dar", y a los más ricos, la de "recibir" dando. Seguid siendo los protagonistas de este "intercambio de dones", que contribuye a construir un futuro mejor para todos.

Sed testigos y profetas de Cristo, como sugiere el tema del 160° aniversario de la Infancia Misionera:  "Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo". Que la Virgen os ayude a decir a Dios:  "Heme aquí, envíame". Dirigíos a ella con confianza, en este año dedicado al rosario, con esta oración popular, que ciertamente conocéis bien y ya rezáis. Muchos niños en el mundo rezan el rosario, como hacían los beatos niños Francisco y Jacinta de Fátima, y el Papa se une de buen grado a ellos todos los días.

Amadísimos niños y muchachos, al volver a casa, llevad mi saludo a vuestros familiares y amigos, así como mi bendición, que extiendo de buen grado a toda la Obra pontificia de la Infancia Misionera.

 

Carissimi bambini e ragazzi!

1. Vi saluto tutti con grande affetto, insieme con i sacerdoti e gli animatori che vi hanno accompagnato. Grazie per la vostra presenza così numerosa a questo incontro, in occasione del centosessantesimo anniversario della Pontificia Opera dell'Infanzia Missionaria.

Saluto il Cardinale Crescenzio Sepe, Prefetto della Congregazione per l'Evangelizzazione dei Popoli, e gli sono grato per le parole che mi ha rivolto anche a nome vostro. Il mio ringraziamento si estende poi ai Responsabili della Pontificia Opera della Santa Infanzia che hanno preparato l'odierna manifestazione, ai Direttori degli Uffici Missionari Diocesani ed alle rappresentanze delle Pontificie Opere Missionarie.

Sono lieto di essere quest'oggi con voi, anche perché dieci anni or sono - per il centocinquantesimo anniversario della vostra Associazione - non mi fu possibile incontrarvi.

2. Voi oggi rinnovate il vostro impegno al servizio delle Missioni, riflettendo sulle parole del profeta Isaia: "Eccomi, manda me!" (Is 6,8). Nei vostri cuori e sulle vostre labbra Dio pone una piccola parola, che nella Bibbia è tanto importante: "eccomi". La pronunciò il Figlio di Dio quando venne nel mondo e la sua vita fu tutto un rispondere prontamente "eccomi" al Padre celeste.

"Eccomi" fu la risposta della Vergine Maria all'Angelo che le recava l'annuncio di Dio. Con essa la Madonna accettò docilmente la missione di diventare Madre di Gesù e, quindi, Madre della Chiesa.

"Eccomi" dovete imparare a rispondere pure voi, cari piccoli missionari, invocando l'aiuto di Gesù e di Maria. Se sarà generosa la vostra adesione alla volontà divina, potrete sperimentare la gioia che hanno provato numerosi Santi e Sante missionari, che nel corso dei secoli hanno speso la loro vita per il Vangelo.

Bello è considerare la Pontificia Opera dell'Infanzia Missionaria come un immenso coro, formato da bambini di tutto il mondo, che cantano insieme il loro "eccomi" a Dio con la preghiera, con il loro entusiasmo e con l'impegno concreto! E questo da ben cento sessant'anni, da quanto lo Spirito Santo suscitò la vostra Opera, suggerendo a Mons. Charles de Forbin-Janson, Vescovo di Nancy, in Francia, di rivolgersi proprio ai ragazzi per chiedere loro di aiutare i bambini della Cina.

3. Da allora il motto dell'Infanzia Missionaria continua a essere: "I bambini aiutano i bambini". Ma come? Anzitutto con la preghiera. Come ho ricordato nel Messaggio che vi ho indirizzato il 6 gennaio scorso, ogni piccolo missionario si impegna a recitare un’"Ave Maria" al giorno per i suoi coetanei lontani.

Il secondo impegno è cercare di venire loro incontro concretamente con i propri risparmi. Da piccolo seme, la Pontificia Opera della Santa Infanzia è diventata ormai un albero maestoso.

Certo, sono sopravvenuti grandi e profondi mutamenti nell'umanità dalla metà del secolo XIX ad oggi. Nel cosiddetto "nord" del mondo le condizioni di vita dell'infanzia sono migliorate, ma lo sviluppo economico e sociale non è stato sempre accompagnato da quello umano in senso pieno. Si è registrata una perdita di valori e a pagarne il prezzo più alto sono spesso proprio i più piccoli, senza dire poi che pure nelle nazioni sviluppate permangono aree di grande povertà.

Nel "sud" del Pianeta, il grido di milioni di bambini, condannati a morire per fame e per malattie connesse alla povertà, si è fatto più straziante e interpella tutti.

4. Cari bambini dell'Infanzia Missionaria! Voi siete i primi a rispondere a questo appello. Voi formate una catena di solidarietà attraverso i cinque Continenti e offrite la possibilità anche ai più poveri di ‘dare’, e ai più ricchi di ‘ricevere’ donando. Continuate a essere i protagonisti di questo "scambio di doni", che contribuisce a costruire un futuro migliore per tutti.

Siate testimoni e profeti di Cristo, come suggerisce il tema del centosessantesimo anniversario dell'Infanzia Missionaria: "... e tu, bambino, sarai chiamato profeta dell'Altissimo". La Madonna vi aiuti a dire a Dio: "Eccomi, manda me!". A Lei rivolgetevi fiduciosi, in questo anno dedicato al Rosario, con questa preghiera popolare, che certamente conoscete bene e già recitate. Molti bambini nel mondo pregano il Rosario, come facevano i beati fanciulli Francesco e Giacinta di Fatima, e il Papa si unisce a loro volentieri ogni giorno.

Carissimi bambini e ragazzi, tornando a casa, portate il mio saluto ai vostri familiari e amici, insieme con la mia Benedizione, che estendo volentieri all'intera Pontificia Opera dell'Infanzia Missionaria.

    

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