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VIAJE APOSTÓLICO A BOSNIA Y HERZEGOVINA

CEREMONIA DE BIENVENIDA

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Banja Luka, domingo 22 de junio de 2003

 

Ilustres miembros de la Presidencia de Bosnia y Herzegovina;
venerados hermanos en  el episcopado;
distinguidas autoridades;
queridos hermanos y hermanas:
 


1. Con corazón agradecido por la invitación recibida, vuelvo después de seis años a Bosnia y Herzegovina, y doy gracias a Dios por haberme concedido encontrarme nuevamente con poblaciones desde siempre tan queridas para mí.

Agradezco a los señores miembros de la Presidencia de Bosnia y Herzegovina el cordial saludo que me han dirigido y cuanto han realizado, juntamente con las demás autoridades, para hacer posible mi visita.

Saludo al querido hermano monseñor Franjo Komarica, obispo de Banja Luka, a los demás miembros de este Episcopado y a todos los fieles de la Iglesia católica. Saludo también a los hermanos y hermanas de la Iglesia ortodoxa serbia y de las demás comunidades eclesiales, así como a los fieles del judaísmo y del islam.

2. Sabiendo que, mediante la radio y la televisión, puedo entrar en vuestros hogares, os saludo y abrazo a todos vosotros, queridos habitantes de las diversas partes de Bosnia y Herzegovina.
Conozco la larga prueba que habéis vivido, el peso de sufrimiento que acompaña diariamente vuestra vida, y la tentación del desaliento y de la resignación que os acecha. Me uno a vosotros para pedir a la comunidad internacional, la cual ya ha hecho mucho, que siga ayudándoos, para permitiros llegar pronto a una situación de plena seguridad, en un clima de justicia y concordia.

Sed vosotros mismos los primeros constructores de vuestro futuro. La tenacidad de vuestro carácter y las ricas tradiciones humanas, culturales y religiosas que os distinguen son vuestra verdadera riqueza. No os resignéis. Ciertamente, la recuperación no es fácil. Requiere sacrificio y constancia; exige el arte de sembrar y la paciencia de esperar. Pero, como sabéis, de todos modos, la recuperación es posible. Confiad en la ayuda de Dios y confiad también en el espíritu emprendedor del hombre.

3. Para que la sociedad asuma un rostro verdaderamente humano y todos puedan afrontar el futuro con confianza, es necesario rehacer al hombre desde dentro, curando las heridas y realizando una auténtica purificación de la memoria mediante el perdón recíproco. En lo profundo del corazón está la raíz de todo bien y, por desgracia, de todo mal (cf. Mc 7, 21-23). Allí es donde debe tener lugar el cambio, gracias al cual será posible renovar el entramado social y entablar relaciones humanas abiertas a la colaboración entre las fuerzas vivas del país.

A este respecto, tienen una grave responsabilidad los que, por voluntad de los electores, ejercen democráticamente el gobierno:  ante las dificultades del momento actual no deben desistir de una obra tan indispensable ni dejarse arrastrar por intereses partidistas.

A esta empresa común la Iglesia católica quiere aportar su contribución mediante el compromiso concreto de sus hijos, sobre todo mediante las diversas iniciativas de educación, asistencia y promoción humana que le son propias, en el libre ejercicio de su misión específica.

4. Dentro de poco, durante la celebración de la santa misa, tendré la alegría de inscribir en el catálogo de los beatos al joven Iván Merz, que nació precisamente aquí, en Banja Luka, ejemplo luminoso de vida cristiana y de compromiso apostólico.

Que con su intercesión avale el deseo del Papa para Bosnia y Herzegovina; que los problemas existentes encuentren una feliz solución; y que se acoja positivamente la aspiración del país a formar parte de la Europa unida, en un clima de prosperidad, de libertad y de paz.

 

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