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ALOCUCIÓN DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A LOS ARZOBISPOS QUE RECIBIERON
EL PALIO EN LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO


Lunes 30 de junio de 2003

 

Venerados arzobispos;
amadísimos hermanos y hermanas:
 

1. Después de la solemne celebración de ayer, durante la cual tuve la alegría de imponeros el sagrado palio a vosotros, queridos arzobispos metropolitanos nombrados a lo largo del último año, me alegra poder reunirme nuevamente con vosotros, al igual que con vuestros familiares y amigos. A todos renuevo mi cordial saludo, y expreso un agradecimiento especial a cuantos han venido de lejos. Vuestra presencia contribuye a hacer aún más visible el valor peculiar de este acontecimiento, que es la entrega del palio, expresión de unidad y, al mismo tiempo, de universalidad eclesial.

2. Con afecto fraterno saludo a los arzobispos de Génova, Catanzaro-Squillace y Cágliari, y a cuantos han querido unirse a su peregrinación ad Petri sedem. Exhorto a cada uno a ser siempre, en la Iglesia y en la sociedad, testigo y promotor de auténtica comunión.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua francesa que han venido a acompañar a los arzobispos para la recepción del palio, en particular a los fieles de las diócesis de Fianarantsoa en Madagascar, Quebec en Canadá y Corfú en Grecia, así como de las diócesis francesas de Marsella, Clermont, Dijon, Montpellier y Poitiers. Que el signo impuesto a los arzobispos fortalezca en vosotros el deseo de comunión con toda la Iglesia.

Doy una cordial bienvenida a los metropolitanos de lengua inglesa y a los peregrinos que los acompañan, procedentes de Milwaukee, Gandhinagar, Madurai, Conakry, Kuala Lumpur, Kuching, Rangún y Mandalay. Que esta peregrinación a la tumba de san Pedro en compañía de vuestros arzobispos refuerce vuestro amor a la Iglesia y confirme a todas vuestras Iglesias locales en la comunión con el Sucesor de Pedro. Sobre todos vosotros invoco cordialmente la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo.

Con gran alegría doy la bienvenida a los nuevos metropolitanos de Alemania y Austria, que en compañía de algunos fieles de sus archidiócesis de Salzburgo, Bamberg y Hamburgo han venido en peregrinación a Roma. A todos os imparto cordialmente mi bendición. Por intercesión de María, Madre de la Iglesia, así como de los apóstoles san Pedro y san Pablo, Dios misericordioso os proteja a todos.

Con mucho afecto saludo ahora a los arzobispos de San José de Costa Rica, de Cali e Ibagué en Colombia; de Valladolid, Toledo y Granada en España; de Monterrey y Durango en México; de Santa Fe de la Vera Cruz, Bahía Blanca y Paraná en Argentina; de Quito y Guayaquil en Ecuador, acompañados de sacerdotes, fieles y familiares. Vuestra presencia aquí refleja la universalidad de la Iglesia. Revestidos con el palio, que simboliza el estrecho vínculo que os une con la Sede de Pedro, promoved el espíritu de comunión de vuestras Iglesias particulares, anunciando y dando testimonio de Jesucristo resucitado mediante una acción eclesial que infunda esperanza y anime la caridad.

Saludo con afecto también a los nuevos arzobispos de Brasil y de Mozambique, respectivamente de las archidiócesis de Maceió, Maringá y Maputo. Que el ornamento del palio, expresión del vínculo particular que os une a esta Sede apostólica, refuerce la unidad y la comunión con ella y estimule una generosa entrega pastoral para el crecimiento de la Iglesia y la salvación de las almas.

Dirijo un saludo cordial al arzobispo de Esztergom-Budapest, primado de Hungría. Que el palio, como signo de la unión con la Sede de San Pedro, le ayude en la realización de su trabajo apostólico.

Me alegra acoger a los peregrinos que han venido de Kazajstán, en particular de Astana, para acompañar a su nuevo arzobispo. Llevad a vuestra patria el saludo y la bendición del Obispo de Roma.

3. Amadísimos arzobispos metropolitanos, al nombrar vuestras sedes, hemos tocado numerosas y diversas regiones del mundo. Es el mundo que Dios amó tanto, que envió a su Hijo para salvarlo. A este mundo, en virtud de ese mismo amor, es enviada la Iglesia, de la que sois pastores. Revestidos del palio, signo de comunión con la Sede apostólica, id. Duc in altum! Los apóstoles san Pedro y san Pablo velen siempre sobre vuestro ministerio, y os proteja María santísima, Reina de los Apóstoles. Por mi parte, os aseguro mi recuerdo en la oración y os bendigo de corazón, juntamente con todos los presentes y con las comunidades que os han sido encomendadas.

 

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