Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra encontrarme de nuevo con vosotros esta mañana, después de la
festiva celebración de beatificación, que tuvo lugar ayer en la plaza de San
Pedro. Os saludo a todos con afecto. Saludo a los cardenales, a los obispos, a
los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los fieles que han venido
con esta ocasión. Estos ilustres hermanos nuestros en la fe, a quienes ahora
contemplamos en la gloria, participaron de modo singular en la muerte y
resurrección de Cristo. En ellos resplandecen elocuentemente los frutos del
misterio pascual, que nos disponemos a celebrar con solemnidad al final del
camino cuaresmal.
2. Queridos peregrinos que habéis venido para celebrar la beatificación
de Pedro
Bonhomme, de buen grado os acojo. Me alegra vuestra atención al
carisma de este beato vinculado a la historia de la región de Cahors. Saludo
muy especialmente a las Religiosas de Nuestra Señora del Calvario, que dan
gracias a Dios por su fundador, totalmente entregado a los pobres. Queridas
hermanas, os aliento a permanecer fieles al espíritu de servicio que os enseñó.
Sacaba la fuerza para su misión del misterio de la Eucaristía, centro de su
jornada y de su ministerio, encontrando en María, invocada particularmente en
Rocamadour, la protección y la confianza que animaron sus iniciativas. Imitando
su ejemplo, vivid plenamente vuestra consagración religiosa, para ser sus
testigos.
3. Saludo ahora con gran afecto a los pastores, a las religiosas y a los
fieles de lengua española, que han participado en la celebración de ayer. Os
sentís vinculados a tres mujeres que se entregaron con heroica generosidad a su
vocación cristiana y enriquecieron a la Iglesia con nuevas fundaciones. Me
refiero a las beatas españolas Dolores Rodríguez Sopeña y
Juana María
Condesa Lluch, y a la suiza de alma latinoamericana y universal, madre Caridad
Brader. Las tres vivieron en una misma época, alimentaron sólidamente su vida
de fe con la oración, la intimidad con la Eucaristía y la tierna devoción a
la santísima Virgen María.
4. De entre las virtudes de la beata Caridad Brader, deseo resaltar su
ardor misionero, que no se detiene ante las dificultades.
Queridas hermanas Franciscanas de María Inmaculada, imitad con gozo el ejemplo
de vuestra fundadora; seguid con abnegación su camino, infundiendo nueva
esperanza a la humanidad. Ya tenéis una historia importante; la Iglesia os
agradece vuestra misión y os alienta a continuarla con la intercesión y la
protección de la madre Caridad.
5. Las religiosas Esclavas de María Inmaculada han visto ayer proclamada
beata a su fundadora. La historia de Juana María Condesa Lluch tiene un
significado particular en nuestro tiempo.
A vosotras, Esclavas de María Inmaculada, la beata Juana Condesa os ha dejado
en herencia la gran sabiduría de saber acercarse a quienes necesitan ayuda
material y espiritual, compartiendo su camino y haciendo que este, por la fuerza
de la fraternidad, lleve a Dios y al mundo que él quiere. Junto con quienes de
un modo u otro comparten vuestras actividades en España, Italia, Panamá,
Chile o Perú, os aliento a seguir dando este tipo de testimonio evangélico.
6. Los problemas de la emigración, las tensiones sociales o la globalización
de nuestros días, el anticlericalismo manifiesto o solapado, permiten
comprender mejor la inspiración que en su día llevó a la beata Dolores Sopeña
a consagrar su vida a la evangelización de los alejados de Dios y de su
Iglesia.
Su afán apostólico le llevó a fundar tres instituciones, hoy unidas en la
"familia Sopeña", que sostienen numerosas obras en España, Italia,
Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Perú y República
Dominicana, cuyo objetivo principal sigue siendo la promoción y el anuncio de
la buena nueva a las familias del mundo del trabajo, no tan carentes de formación
como en otro tiempo, pero siempre necesitadas de Jesucristo.
7. Con afecto cordial saludo a los peregrinos que han venido a Roma con
ocasión de la beatificación de Ladislao Batthyány-Strattmann. El recuerdo de
este nuevo beato -que está unido tanto al pueblo húngaro como al austriaco- y
su testimonio subrayan una vez más cuán importante es para la paz y para la
anhelada construcción de la casa común europea, la defensa y la promoción de
los valores cristianos, de los que él vivió. Que el nuevo beato no sólo sea
para vosotros un protector al cual invocar, sino también un ejemplo que es
preciso imitar para seguir con valentía la llamada de Dios.
Queridos peregrinos de lengua húngara, como el beato Ladislao Batthyány-Strattmann,
sed también vosotros fieles a la misión recibida al servicio del Evangelio.
8. En este ambiente festivo tiene lugar la entrega al arzobispo de Valencia
del "icono de la Sagrada Familia", símbolo de los Encuentros
mundiales de las familias, aquí traído por el cardenal Alfonso López Trujillo
desde Manila. A monseñor Agustín García-Gasco, a sus colaboradores, a las
autoridades aquí presentes, a todos los fieles valencianos, les agradezco el
entusiasmo demostrado desde la designación de Valencia como sede del próximo
Encuentro, y animo y bendigo los trabajos e iniciativas que llevarán a término
para el buen éxito. Que la contemplación de esta imagen a lo largo de estos años
preparatorios os sirva de inspiración para seguir trabajando en la defensa y
promoción de la institución familiar, tan necesaria para que pueda llevar
adelante el cometido que Dios le encomendó, y sea "gaudium et
spes", gozo y esperanza de la humanidad, escuela de transmisión de los
genuinos valores que el hombre necesita, y lugar de acogida de la vida.
9. Amadísimos hermanos y hermanas, implorando la intercesión de los
nuevos beatos para que nos acompañen en el itinerario diario de la vida
cristiana, os bendigo con afecto a vosotros, a vuestros seres queridos y a las
comunidades cristianas de las que provenís.