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DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II A UN GRUPO DE ESTUDIANTES DE LAS IGLESIAS
ORIENTALES EN ROMA
Lunes 12 de mayo de 2003
Beatitud; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos
alumnos:
1. Me alegra daros a cada uno mi cordial bienvenida. Con mucha alegría me
encuentro hoy con superiores y alumnos de los colegios pontificios y de las
comunidades de formación de las Iglesias católicas orientales en Roma.
Saludo, ante todo, al prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales,
cardenal Ignace Moussa I Daoud, a quien agradezco las cordiales palabras con que
se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos comunes. Mi saludo se extiende
al secretario, al subsecretario, a los oficiales y al personal del dicasterio,
así como a los superiores de los seminarios y colegios, y a todos los
presentes.
2. Esta feliz ocasión me trae a la memoria las visitas apostólicas que
durante estos años he realizado a las comunidades eclesiales a las que pertenecéis.
Llevo en mi corazón el recuerdo fraterno de vuestros patriarcas, de los
obispos, de los sacerdotes y de todo el pueblo de Dios, con los que he podido
encontrarme. Tengo muy presentes también los complejos problemas y los desafíos
que las Iglesias católicas de Oriente están llamadas a afrontar en nuestro
tiempo.
Al dirigir también la mirada a muchos de vuestros países, me viene espontáneamente
reafirmar con fuerza el deseo de que se consolide cada vez más la paz en
aquellas regiones; que soluciones equitativas y pacíficas devuelvan la
concordia y buenas condiciones de vida a esas poblaciones ya tan probadas por
tensiones y opresiones injustas. Que el Señor ilumine a los responsables de las
naciones para que actúen valientemente, en el respeto del derecho, por el bien
de todos y por la libertad de cada comunidad religiosa.
3. Expreso mi gratitud a la Congregación para las Iglesias orientales, que
cuida de la formación de los seminaristas y de los sacerdotes, colabora y
sostiene a los institutos religiosos al cualificar a sus miembros, y ayuda a
preparar a laicos y laicas competentes para el apostolado. Esta meritoria
actividad se articula en varias iniciativas que abarcan el campo de los estudios
orientales, el de la liturgia propia de cada tradición ritual, la formación
permanente en todos los niveles y una constante actualización de las
experiencias pastorales.
Forma parte del compromiso del dicasterio la institución, ya desde este año
académico, del Colegio San Efrén, en vía Boccea, donde se ofrece a sacerdotes
de ritos diferentes, pero de lengua árabe, un lugar apto para la oración, para
los estudios eclesiásticos y para una provechosa actividad apostólica.
A vosotros, queridos superiores de los seminarios, os pido que prosigáis con
empeño la valiosa obra que ya estáis realizando con los alumnos que os han
sido confiados. Les aseguráis acompañamiento espiritual, educación humana y
discernimiento vocacional, perfeccionamiento en los estudios teológicos y
eclesiásticos, profundización cultural y de defensa de la identidad ritual, y
maduración eclesial y pastoral.
Y vosotros, queridos alumnos, seminaristas y sacerdotes, religiosos y
religiosas, queridos laicos y laicas, aprovechad las diversas oportunidades que
se os ofrecen en Roma, para servir mejor en el futuro a vuestras comunidades.
4. En la carta apostólica Orientale lumen afirmé que es
indispensable favorecer el conocimiento mutuo para aumentar la comprensión recíproca
y la unidad. Y di además algunas indicaciones, que recojo aquí, para que
constituyan también para vosotros una referencia programática y pedagógica
constante. Quiero referirme, en particular, al conocimiento de la liturgia de
las Iglesias de Oriente y de las tradiciones espirituales de los Padres y de los
Doctores del Oriente cristiano.
Es preciso seguir el ejemplo de las Iglesias de Oriente para la inculturación
del mensaje del Evangelio: evitar las tensiones entre latinos y
orientales, y estimular el diálogo entre católicos y ortodoxos. Es útil, además,
formar en instituciones especializadas en el Oriente cristiano a teólogos,
liturgistas, historiadores y canonistas que puedan difundir, a su vez, el
conocimiento de las Iglesias de Oriente, así como impartir en los seminarios y
en las facultades teológicas una enseñanza adecuada de esas materias, sobre
todo para los futuros sacerdotes (cf. n. 24).
5. Confío estas sugerencias a vuestra consideración, a la vez que invoco
sobre cada uno de vosotros y sobre vuestras comunidades la protección materna
de María, "Reina del santo rosario".
Estoy cerca de vosotros con afecto y, asegurándoos mi oración, os imparto de
corazón a todos una especial bendición apostólica, que extiendo de buen grado
a vuestros seres queridos, a los colaboradores de los colegios, a las
comunidades a las que pertenecéis y a cuantos con su caridad sostienen vuestra
obra educativa tan importante para la misión de la Iglesia en Oriente.
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