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DISCURSO
DEL PAPA JUAN PABLO II A UN GRUPO DE NUEVOS EMBAJADORES ANTE LA SANTA
SEDE*
Jueves 15 de mayo de 2003
Excelencias:
1. Os doy la bienvenida en esta ocasión en que presentáis las cartas que
os acreditan como embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de vuestros países
respectivos: Australia, Zimbabue, Siria, Trinidad y Tobago, Etiopía,
Letonia, Islas Fiji, Burundi, Georgia, Vanuatu, Moldavia y Pakistán. Os
agradezco las palabras corteses que me habéis transmitido de parte de vuestros
jefes de Estado; yo, por mi parte, os ruego que les expreséis mis mejores
deseos para sus personas y para su importante misión al servicio de sus países.
Vuestra presencia me brinda también la ocasión de saludar cordialmente a las
autoridades civiles y religiosas de vuestros países, así como a todos vuestros
compatriotas, transmitiéndoles mis votos más fervientes.
2. Nuestro mundo vive un período difícil, marcado por numerosos
conflictos, de los que vosotros sois testigos atentos; esto preocupa a muchos
hombres e invita a los responsables de las naciones a comprometerse cada vez más
en favor de la paz. Desde esta perspectiva, es importante que la diplomacia
recupere su nobleza. En efecto, la atención a las personas y a los pueblos, así
como el interés por el diálogo, la fraternidad y la solidaridad son la base de
la actividad diplomática y de las instituciones internacionales encargadas de
promover ante todo la paz, que es uno de los bienes más valiosos para las
personas, para las poblaciones e incluso para los Estados, cuyo desarrollo
duradero sólo puede sostenerse en la seguridad y en la concordia.
3. En el año en que festejamos el cuadragésimo aniversario de la encíclica
Pacem in terris del beato Juan XXIII, que fue también un diplomático al
servicio de la Santa Sede en los años turbulentos de la segunda guerra mundial,
es particularmente oportuno escuchar de nuevo su invitación a hacer que la vida
social se apoye en "cuatro pilares": la verdad, la justicia, el
amor y la libertad. La paz no se puede realizar sin respetar a las personas y a
los pueblos; se construye cuando todos llegan a ser interlocutores y
protagonistas de la edificación de la sociedad nacional.
4. Desde el tiempo de los grandes conflictos mundiales, la comunidad
internacional se dotó de organismos y legislaciones específicas, para que no
volviera a estallar nunca la guerra, que mata a personas civiles inocentes,
devastando regiones y dejando heridas difíciles de cicatrizar. Las Naciones
Unidas están llamadas a ser, hoy más que nunca, el lugar central de las
decisiones que conciernen a la reconstrucción de los países, y los organismos
humanitarios están invitados a comprometerse de modo nuevo. Esto ayudará a los
pueblos afectados a hacerse rápidamente cargo de su destino, permitiéndoles
pasar del miedo a la esperanza y del desconcierto al compromiso en la construcción
de su futuro. Es también una condición indispensable para devolver la
confianza a un país.
Por último, exhorto a todas las personas que profesan una religión, para que
el sentido espiritual y religioso sea una fuente de unidad y de paz, y que jamás
ponga a los hombres unos contra otros. No puedo menos de recordar a los niños y
a los jóvenes, que frecuentemente son los más afectados por las situaciones de
conflicto. Al resultarles muy difícil olvidar lo que han vivido, pueden
sentirse tentados por la espiral de la violencia. Tenemos el deber de
prepararles un futuro de paz y una tierra de solidaridad fraterna.
Estas son algunas preocupaciones de la Iglesia católica que quería compartir
con vosotros esta mañana; sabéis cuán comprometida está en la vida
internacional, en las relaciones entre los pueblos y en la ayuda humanitaria,
que son expresiones de su misión primordial: manifestar la cercanía de
Dios a todo hombre.
5. Durante vuestra noble misión ante la Santa Sede tendréis la
posibilidad de descubrir más concretamente su acción. Os expreso hoy mis
mejores deseos para vuestra misión. Invoco la abundancia de las bendiciones
divinas sobre vosotros, sobre vuestras familias, sobre vuestros colaboradores y
sobre las naciones que representáis.
*L'Osservatore Romano. Edición Semanal en lengua
española n. 21 p.8 .
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