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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS PEREGRINOS QUE ACUDIERON A LA CANONIZACIÓN DE:


MARÍA DE MATTIAS
y
VIRGINIA CENTURIONE BRACELLI

Lunes 19 de mayo de 2003

 

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Ayer por la mañana compartimos la alegría de la canonización de cuatro testigos luminosos de Cristo:  san José Sebastián Pelczar, santa Úrsula Ledóchowska, santa María de Mattias y santa Virginia Centurione Bracelli. Un obispo y tres religiosas; los cuatro, fundadores de institutos de vida consagrada. Hoy tenemos la oportunidad de encontrarnos nuevamente para seguir admirando en cada uno de ellos un reflejo del rostro de Cristo, y para dar juntos gracias a Dios.

Con gran alegría os acojo y saludo a vosotros, que habéis venido para honrar a santa María de Mattias y santa Virginia Centurione Bracelli. Saludo a los pastores de las diócesis en las que nacieron estas dos nuevas santas:  monseñor Tarcisio Bertone, arzobispo de Génova, y monseñor Salvatore Boccaccio, obispo de Frosinone-Véroli-Ferentino. Saludo, asimismo, a los demás obispos, a las autoridades, a los sacerdotes y a los fieles que han venido de diversas regiones de Italia, en particular a las religiosas que han heredado los carismas y la espiritualidad de estas nuevas santas.

2. La canonización de María de Mattias es una ocasión propicia para profundizar en su lección de vida y para sacar de su ejemplo orientaciones útiles para la propia existencia. Pienso, ante todo, en vosotras, queridas Religiosas Adoratrices de la Sangre de Cristo, que os alegráis al ver glorificada a vuestra fundadora, y en todos vosotros, fieles y devotos suyos, que formáis su familia espiritual.

El mensaje de la madre De Mattias es para todos los cristianos, porque señala un compromiso primario y esencial:  el de tener "fijos los ojos en Jesús" (Hb 12, 2) en todas las circunstancias de la vida, sin olvidar jamás que él nos redimió con el precio de su sangre:  "Lo dio todo -repetía-, y lo dio por todos".

Ojalá que muchos sigan el ejemplo de la nueva santa. Durante toda su vida se dedicó a difundir el mandamiento cristiano del amor, curando las heridas y sanando las situaciones difíciles y las contradicciones de la sociedad de su tiempo. Es fácil constatar la gran actualidad de ese mensaje.

3. Con viva cordialidad os saludo ahora a vosotras, amadísimas Hermanas de Nuestra Señora del Refugio del Monte Calvario e Hijas de Nuestra Señora en el Monte Calvario, y a cuantos os alegráis por la canonización de santa Virginia Centurione Bracelli.

La valiosa herencia que esta santa legó a la Iglesia y, de modo particular, a sus hijas espirituales consiste en una caridad entendida no como simple ayuda material, sino como compromiso de auténtica solidaridad orientada a la liberación plena y a la promoción humana y espiritual de los necesitados. Santa Virginia supo transformar la acción caritativa en contemplación del rostro de Dios en el hombre, uniendo la docilidad a las mociones interiores del Espíritu con la audacia prudente e iluminada al emprender iniciativas de bien siempre nuevas.

La caridad auténtica brota de una comunión constante con Dios y se alimenta en la oración. Que el ejemplo de esta nueva santa sea para todos aliento y estímulo a vivir también hoy el mandamiento evangélico del amor como adhesión plena a la voluntad divina y como servicio concreto al prójimo, especialmente al que se encuentra en mayores dificultades.

4. Amadísimos hermanos y hermanas, la Reina celestial de los santos, la Virgen María, os guíe por el camino que recorrieron estas dos santas. Os renuevo la expresión de mi gratitud por vuestra presencia, y os bendigo de corazón.

 

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