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DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II A UNA
DELEGACIÓN DEL MOVIMIENTO ITALIANO POR LA VIDA
Jueves 22 de mayo de 2003
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Os agradezco vuestra visita y os saludo con afecto. Saludo a los
miembros del consejo directivo del Movimiento por la vida y, de modo especial,
al presidente, honorable Carlo Casini. Le agradezco las palabras que me ha
dirigido en nombre de los presentes. Os saludo a cada uno y, a través de
vosotros, a los voluntarios y a todos los que forman parte de vuestro
Movimiento, que ha creado en cada región de Italia numerosos centros de ayuda a
la vida y casas de acogida.
Desde hace 25 años, es decir, desde el 22 de mayo de 1978, cuando se legalizó
el aborto en Italia, vuestra asociación jamás ha dejado de trabajar por la
defensa de la vida humana, uno de los valores fundamentales de la civilización
del amor.
2. No es la primera vez que tengo la oportunidad de encontrarme con
vosotros. En efecto, en estos años he tenido diversos contactos con vuestro
Movimiento. En particular, recuerdo la visita que hice en Florencia, en 1986, al
primer centro de ayuda a la vida constituido en Italia. Además, en muchas
circunstancias he manifestado mi aprecio por las actividades que lleváis a
cabo, animándoos a hacer lo posible para que se reconozca efectivamente a todos
el derecho a la vida. Renuevo estos sentimientos ahora que está a punto de
terminar el mandato del consejo directivo de vuestro Movimiento y en vísperas
de la asamblea de inicios de junio, que delineará las estrategias del
trabajo futuro.
Quiera Dios que, manteniéndoos muy unidos, sigáis siendo una fuerza de
renovación y de esperanza en nuestra sociedad. El Señor os ayude a trabajar
incesantemente para que todos, creyentes y no creyentes, comprendan que la
defensa de la vida humana desde la concepción es condición necesaria para
construir un futuro digno del hombre.
3. La venerable madre Teresa de Calcuta, a la que consideráis presidenta
espiritual de los Movimientos por la vida en el mundo, al recibir el premio
Nobel de la paz, tuvo la valentía de afirmar ante los responsables de las
comunidades políticas: "Si aceptamos que una madre suprima el fruto
de su seno, ¿qué nos queda? El aborto es el principio que pone en peligro la
paz en el mundo".
¡Es verdad! No puede haber auténtica paz sin respeto de la vida, especialmente
de la inocente e indefensa como la de los niños por nacer. Una coherencia
elemental exige que quien busca la paz defienda la vida. Ninguna acción en
favor de la paz puede ser eficaz si no se opone con la misma fuerza a los
ataques contra la vida en todas sus fases, desde su nacimiento hasta su ocaso
natural. Por tanto, vuestra asociación no es sólo un Movimiento por la vida,
sino también un auténtico Movimiento por la paz, precisamente porque se
esfuerza por defender siempre la vida.
4. Insidias recurrentes amenazan la vida naciente. El laudable deseo de
tener un hijo impulsa a veces a superar fronteras que no se deberían traspasar.
Embriones engendrados en número excesivo, seleccionados y congelados, son
sometidos a experimentación destructiva y destinados a la muerte con decisión
premeditada.
Conscientes de la necesidad de una ley que defienda los derechos de los hijos
concebidos, como Movimiento os habéis comprometido a obtener del Parlamento
italiano una norma que respete de la forma más concreta posible los derechos
del niño por nacer, aunque sea concebido con métodos artificiales de suyo
moralmente inaceptables. Aprovecho esta ocasión para expresar mi deseo de que
se concluya rápidamente el proceso legislativo en curso y se tenga en cuenta el
principio de que, entre los deseos de los adultos y los derechos de los niños,
toda decisión debe tomarse según el interés de los últimos.
5. Amadísimos hermanos y hermanas, no os desaniméis ni os canséis de
proclamar y testimoniar el evangelio de la vida; ayudad a las familias y a las
madres en dificultad. Especialmente a vosotras, mujeres, os renuevo la invitación
a defender la alianza entre la mujer y la vida, y de haceros "promotoras de
un "nuevo feminismo" que, sin caer en la tentación de seguir modelos
"machistas", sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino
en todas las manifestaciones de la convivencia civil, trabajando por la superación
de toda forma de discriminación, de violencia y de explotación" (Evangelium
vitae, 99).
Si recurrís con intensa e incesante oración a Dios, os concederá la ayuda
necesaria para llevar a cabo vuestras múltiples actividades. También yo os
aseguro mi cercanía espiritual y, a la vez que invoco la protección materna de
María, os imparto a vosotros, a vuestras familias y a vuestro Movimiento una
especial bendición.
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